LeccTestos

Leccionario

Lecturas del Antiguo Testamento

1

Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie.

Lectura del libro del Génesis

1,11-12

En el principio dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Palabra de Dios.

2

Que haya lumbreras que señalen las estaciones, los días y los años.

Lectura del libro del Génesis

14-18

En el principio, dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.

Palabra de Dios.

3

Hombre y mujer los creó.

Lectura del libro del Génesis

1, 26-28. 31

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.

Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.

Palabra de Dios.

4

Llenen la tierra y sométanla.

Lectura del libro del Génesis

1, 26-2, 3

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multipliqúense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.

Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.

Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque ese día cesó de trabajar en la creación del universo.

Palabra de Dios.

5

El Señor Dios puso al hombre en el jardín del Edén para que lo cultivara.

Lectura del libro del Génesis

2,4-9. 15

Cuando el Señor Dios hizo el cielo y la tierra, no había ningún arbusto en el campo, ni había brotado ninguna hierba silvestre, pues el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra y no había hombres que labraran el suelo y abrieran canales para que corriera el agua y se regaran los campos.

Un día, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en las narices un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo germinar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara.

Palabra de Dios.

6

Serán los dos una sola cosa.

Lectura del libro del Génesis

2,18-24

En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campoy todos los pájaros del cielo y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.

Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo.

Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó:

“Esta sí es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Esta será llamada mujer,
porque ha sido formada del hombre”.

Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa.

Palabra de Dios.

7

Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya.

Lectura del libro del Génesis

3, 9-15. 20

Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: “¿Dónde estás?” Este le respondió: “Oí tus pasos en el jardín; y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí”. Entonces le dijo Dios: “¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?”

Respondió Adán: “La mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto del árbol y comí”. El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Por qué has hecho esto?” Repuso la mujer: “La serpiente me engañó y comí”.

Entonces dijo el Señor Dios a la serpiente:

“Porque has hecho esto,
serás maldita entre todos los animales
y entre todas las bestias salvajes.
Te arrastrarás sobre tu vientre
y comerás polvo todos los días de tu vida.
Pondré enemistad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya;
y su descendencia te aplastará la cabeza,
mientras tú tratarás de morder su talón”.

El hombre le puso a su mujer el nombre de “Eva”, porque ella fue la madre de todos los vivientes.

Palabra de Dios.

8

Caín se lanzó contra su hermano Abel y lo mató.

Lectura del libro del Génesis

4, 3-10

Sucedió en una ocasión, que Caín presentó como ofrendas al Señor los productos de la tierra. También Abel le hizo una ofrenda: sacrificó las primeras crías de sus ovejas y quemó su grasa. Al Señor le agradaron las ofrendas de Abel, pero no le agradaron las de Caín; por lo cual, Caín se enfureció y andaba resentido. El Señor le dijo entonces a Caín: “¿Por qué te enfureces tanto y andas resentido? Si hicieras el bien te sentirías feliz; pero si haces el mal, el pecado estará a tu puerta, acechándote como fiera; pero tú debes dominarlo”.

Un día Caín le dijo a su hermano Abel: “Vamos al campo”. Y cuando estaban en el campo, Caín se lanzó contra su hermano y lo mató. Entonces el Señor le preguntón Caín: ¿Dónde está Abel, tu hermano?” Caín le respondió: “No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” El Señor le dijo: “¿Qué es lo que has hecho? ¿No oyes cómo la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra?”

Palabra de Dios.

9

Deja tu país y a tu parentela

Lectura del libro del Génesis

12,1-4

En aquellos días, dijo el Señor a Abram: “Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra”.

Abram partió, como se lo había ordenado el Señor.

Palabra de Dios.

10

Como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.

Lectura del libro del Génesis

12, l-7

En aquellos días, dijo el Señor a Abram: “Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra”.

Abram partió, como se lo había ordenado el Señor, y con él partió también Lot. Tenía Abram setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abram llevó consigo a Saray, su esposa, y a Lot, su sobrino, con todos los bienes que habían acumulado y los esclavos que habían adquirido en Jarán, y salieron en dirección a Canaán.

Llegaron a Canaán y Abram atravesó el país hasta la región de Siquem y llegó a la encina de Moré. Por entonces habitaban ahí los cananeos. El Señor se le apareció a Abram y le dijo: “A tu descendencia le voy a dar esta tierra”. Entonces Abram edificó ahí un altar al Señor, que se le había aparecido.

Palabra de Dios.

11

Melquisedec presentó pan y vino.

Lectura del libro del Génesis

14,18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo, y bendijo a Abram, diciendo: “Bendito sea Abram de parte del Dios altísimo, creador de cielos y tierra; y bendito sea el Dios altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos”.

Y Abram le dio el diezmo de todo lo que había rescatado.

Palabra de Dios.

12

Así serán tus descendientes. A tus descendientes les voy a dar esta tierra.

Lectura del libro del Génesis

15,1-6. 18

En aquel tiempo, el Señor se le apareció a Abram y le dijo: “No temas, Abram. Yo soy tu protector, y tu recompensa será muy grande”. Abram le respondió: “Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero”.

Pero el Señor le dijo: “Ese no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas”. Y haciéndolo salir de la casa, le dijo: “Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes”. Luego añadió: “Así será tu descendencia”. Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo.

De esta manera hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abram, diciendo:

“A tus descendientes doy esta tierra”.

Palabra de Dios.

13

Contigo y con tus descendientes, de generación en generación, establezco un pacto perpetuo.

Lectura del libro del Génesis

17, f-8

Cuando Abram tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: “Yo soy el Dios todopoderoso. Camina en mi presencia y séme fiel. Voy a establecer mi alianza entre nosotros dos y haré que te multipliques en forma asombrosa”.

Abram se postró con el rostro en el suelo y Dios le dijo: “Aquí estoy. Este es el pacto que hago contigo: serás padre de una multitud de pueblos. Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque te he constituido como padre de muchas naciones. Te haré fecundo sobremanera; de ti surgirán naciones y de ti nacerán reyes. Contigo y con tus descendientes, de generación en generación, establezco un pacto perpetuo, para ser el Dios tuyo y de tus descendientes. A ti y a tus descendientes les daré en posesión perpetua toda la tierra de Canaán, en la que ahora vives como extranjero; y yo seré el Dios de ustedes”.

Palabra de Dios.

14

Con el amor de Rebeca, Isaac se consoló de la muerte de su madre.

Lectura del libro del Génesis

24,48-51. 58-67

En aquellos días, Eliezer, el siervo de Abraham, le dijo a Labán, hermano de Rebeca, y a Betuel, el padre de ella: “Bendigo al Señor, Dios de mi amo Abraham, que me ha traído por buen camino para tomar a la hija de su hermano y llevársela al hijo de mi amo. Díganme, pues, si por amor y lealtad a mi amo, aceptan o no, para que yo pueda actuar en consecuencia”.

Labán y Betuel le contestaron: “Todo esto lo ha dispuesto el Señor; nosotros no podemos oponernos. Ahí está Rebeca: tómala y vete, para que sea la mujer del hijo de tu amo, como lo ha dispuesto el Señor”. Llamaron, entonces, a Rebeca y le preguntaron si quería irse con ese hombre, y ella respondió que sí.

Así pues, despidieron a Rebeca y a su nodriza, al criado de Abraham y a sus compañeros. Y bendijeron a Rebeca con estas palabras: “Hermana nuestra, que tus descendientes se cuenten por millares y que conquisten las ciudades enemigas”. Rebeca y sus compañeras montaron en los camellos y se fueron con el criado de Abraham, encargado de llevar a Rebeca.

Isaac acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía en las tierras del sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo, y al levantar la vista, vio venir unos camellos. Cuando Rebeca lo vio, se bajó del camello y le preguntó al criado: “¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?” El criado le respondió: “Es mi señor”. Entonces ella tomó su velo y se cubrió el rostro.

El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Palabra de Dios.

15

Jacob colocó la piedra como memorial y derramó aceite sobre ella

Lectura del libro del Génesis

28, 11-18

En aquel tiempo, al llegar Jacob a cierto lugar, se dispuso a pasar ahí la noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó entonces una piedra, se la puso de almohada y se acostó en aquel sitio.

Y tuvo un sueño: Soñó una escalera que se apoyaba en tierra y con la punta tocaba el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Vio que el Señor estaba en lo alto de la escalera y oyó que le decía: “Yo soy el Señor, el Dios de tu padre, Abraham, y el Dios de Isaac. Te voy a dar a ti y a tus descendientes la tierra en que estás acostado. Tus descendientes van a ser tan numerosos como el polvo de la tierra y te extenderás hacia el oriente y el poniente, hacia el norte y hacia el sur; por ti y por tus descendientes serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Yo estoy contigo, te cuidaré por dondequiera que vayas, te haré regresar a esta tierra y no te abandonaré ni dejaré de cumplir lo que te he prometido”.

Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: “Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía”. Y exclamó asustado: “¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cíelo”.

Jacob se levantó de madrugada, y tomando la piedra que se había puesto de almohada, la colocó como un memorial y derramó aceite sobre ella.

Palabra de Dios.

16

Desháganse de los ídolos que tengan.

Lectura del libro del Génesis

35, 1-4. 6-7

En aquellos días, el Señor le dijo a Jacob: “Anda, sube al pueblo de Betel y hazle ahí un altar al Dios que se te apareció, cuando huías de tu hermano Esaú”. Entonces Jacob le dijo a toda su familia y a los que lo acompañaban: “Desháganse de los ídolos que tengan, purifiqúense y cámbiense de ropa. Vamos a subir a Betel, donde haré un altar al Dios que me escuchó en el peligro y me acompañó en mi viaje”.

Ellos le entregaron a Jacob los ídolos que tenían y los amuletos que llevaban como aretes. Jacob los enterró bajo la encina que hay junto a Siquem.

Jacob, con toda su gente, llegó al pueblo llamado entonces Luz, y ahora Betel, en territorio de Canaán. Allí levantó un altar y llamó al lugar “casa de Dios”, porque ahí se le había aparecido Dios, cuando iba huyendo de su hermano Esaú.

Palabra de Dios.

17

Yo estaré contigo.

Lectura del libro del Exodo

3, 1-6. 9-12

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro, Je- tró, sacerdote de Madián. En cierta ocasión llevó el rebaño más allá del desierto, hasta el Horeb, el monte de Dios, y el Señor se le apareció en una llama que salía de un zarzal. Moisés observó con gran asombro que la zarza ardía sin consumirse y se dijo: “Voy a ver de cerca esa cosa tan extraña, por qué la zarza no se quema”.

Viendo el Señor que Moisés se había desviado para mirar, lo llamó desde la zarza: “¡Moisés, Moisés!” El respondió: “Aquí estoy”. Le dijo Dios: “¡No te acerques! Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es tierra sagrada”. Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.

Entonces Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Pero el Señor le dijo: “El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto cómo los oprimen los egipcios. Ahora, ve a ver al faraón, porque yo te envío pará que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel”.

Moisés le dijo entonces a Dios: “¿Quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?” El Señor respondió: “Yo estaré contigo y ésta será la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, ustedes darán culto a Dios en este monte”.

Palabra de Dios.

18

“Yo soy el-que-es”. Este es mi nombre para siempre.

Lectura del libro del Exodo

3, 11-15

En aquellos días, después de escuchar la voz de Dios desde la zarza, Moisés le dijo: “¿Quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?” El Señor respondió: “Yo estaré contigo y ésta será la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, ustedes darán culto a Dios en este monte”.

Entonces Moisés le contestó a Dios: “Está bien. Me presentaré a los hijos de Israel y les diré: ‘El Dios de sus padres me envía a ustedes’; pero cuando me pregunten cuál es su nombre, ¿qué les voy a responder?”

Dios le contestó a Moisés: “Mi nombre es Yo-soy”; y añadió: “Esto les dirás a los israelitas: ‘Yo-soy me envía a ustedes’. También les dirás: ‘El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envía a ustedes. Este es mi nombre para siempre. Con este nombre me han de recordar de generación en generación”.

Palabra de Dios.

19

Prescripciones sobre la cena pascual.

Lectura del libro del Exodo

12,1-8. 11-14

En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principal del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: ‘El día diez de esté mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte cqn los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Y comerán así: Con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.

Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga extermi-nadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.

Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua’

Palabra de Dios.

20

Cuando el Señor vea la sangre en el marco de la puerta, pasará de largo.

Lectura del libro del Exodo

12, 21-27

En aquellos días, Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les dijo: “Que cada familia tome un cordero o un cabrito y lo sacrifique para celebrar la Pascua. Que tome un manojo de hisopo, que lo moje en la sangre de la víctima y que unte de sangre el marco de la puerta. Que ninguno salga de casa hasta la mañana siguiente.

Pues el Señor va a pasar para castigar a los egipcios, pero cuando vea la sangre en el marco de la puerta, pasará de largo y no permitirá que el ángel exterminador entre en las casas de ustedes y los mate.

Cumplan este mandato del Señor: es una ley perpetua para ustedes y sus hijos. Y cuando entren en la tierra que el Señor les va a dar, según se lo ha prometido, celebrarán también este rito.

Y cuando sus hijos les pregunten qué significa ese rito, les responderán: ‘Es el sacrificio de la Pascua en honor del Señor, que pasó de largo por las casas de los israelitas, cuando mató a los egipcios’ ”.

Entonces todo el pueblo se postró para adorar al Señor.

Palabra de Dios.

21

yoy a hacer que llueva pan del cielo.

Lectura del libro del Exodo

16,24. 12-15

En aquellos días, toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: “Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”.

Entonces dijo el Señor a Moisés: “Voy a hacer que llueva pan del meló. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: ‘Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios’ ”.

Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campa-amento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío ^ que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: “Qué es esto?”, pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Este es el pan que el Señor les da por alimento”*.

Palabra de Dios.

22

Tenemos sed: danos agua para beber.

Lectura del libro del Exodo

17,-3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?” Moisés clamó al Señor y le dijo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen”. Respondió el Señor a Moisés: “Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.

Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”

Palabra de Dios.

23

Voy a enviar a un ángel que vaya delante de ti.

Lectura del libro del Exodo

23, 20-23.

Esto dice el Señor: “Voy a enviar a un ángel que vaya delante de ti, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que te he preparado. Respétalo y obedécelo. No te rebeles, porque lleva mi nombre, y no perdonará tu rebeldía. Si lo obedeces fielmente y haces lo que yo te diga, tus enemigos serán mis enemigos, y tus adversarios, mis adversarios. Mi ángel irá delante de ti”.

Palabra de Dios.

24

Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes.

Lectura del libro del Exodo

24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó del monte Sinaí y refirió al pueblo todo lo que el Señor le había dicho y los mandamientos que le había dado. Y el pueblo contestó a una voz: “Haremos todo lo que dice el Señor”.

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano, construyó un altar al pie del monte y puso al lado del altar doce piedras conmemorativas, en representación de las doce tribus de Israel.

Después mandó a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor. Tomó la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó sobre el altar la otra mitad.

Entonces tomó el libro de la alianza y lo leyó al pueblo, y el pueblo respondió: “Obedeceremos. Haremos todo lo que manda él Señor”.

Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oído”.

Palabra de Dios.

25

El Señor pensaba acabar con ellos, si no hubiera sido por Moisés, su elegido, quien intercedió para que aplacara su ira.

Lectura del libro del Exodo

32, 7-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Anda, baja del monte porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido. No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho: ‘Este es tu Dios, Israel; es el que te sacó de Egipto’ ”.

El Señor le dijo también a Moisés: “Veo que éste es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo”.

Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole: “¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? ¿Vas a dejar que digan los egipcios: ‘Los sacó con malas intenciones, para hacerlos morir en las montañas y borrarlos de la superficie de la tierra’? Apaga el ardor de tu ira, renuncia al mal con que has amenazado a tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: ‘Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua toda la tierra que les he prometido’

Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo.

Palabra de Dios.

26

Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente.

Lectura del libro del Exodo

34, 4-6. 8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor. El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.

Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: “Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”.

Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo: “Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya”.

Palabra de Dios.

27

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Lectura del libro del Levítico

19,1-2.17-18

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: Sean santos, porque yo, el Señor, soy santo.

No odies a tu hermano ni en lo secreto de tu corazón. Trata de corregirlo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengues ni guardes rencor a los hijos de tu pueblo; ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”.

Palabra de Dios.

28

Pon a la tribu de Leví a la disposición del sacerdote Aarón.

Lectura del libro de los Números

3, 5-9

En aquellos días, el Señor le dijo a Moisés: “Convoca a la tribu de Leví y ponía a la disposición del sacerdote Aarón; estarán a su servicio y al de toda la comunidad en lo referente al culto, en la tienda de la reunión, y cuidarán de todos los objetos de la misma. Aparta a los levitas y asígnalos al servicio de Aarón y de sus descendientes”.

Palabra de Dios.

29

Invocarán mi nombre y yo los bendeciré.

Lectura del libro de los Números

6, 22-27

En aquel tiempo, el Señor habló a Moisés y le dijo:
“Di a Aarón y a sus hijos:
‘De esta manera bendecirán a los israelitas:
El Señor te bendiga y te proteja,
haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor.
Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz’.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas
y yo los bendeciré”.

Palabra de Dios.

30

Voy a darles una parte de tu espíritu para que compartan contigo toda la carga del pueblo.

Lectura del libro de los Números

11, 11-12. 14-17. 24-25

En aquellos días, Moisés le dijo al Señor: “¿Por qué tengo que cargar con todo este pueblo? ¿Acaso yo lo he concebido o lo he dado a luz, para que me digas: ‘Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la creatura, y llévalo a la tierra que yo juré darles a sus padres’? Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si me vas a tratar así, mejor quítame la vida y no tendré que pasar tantas penas”.

Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Reúne setenta ancianos que te conste que son sabios y prudentes y maestros del pueblo; condúcelos a la puerta de la tienda de la reunión, y deténlos ahí contigo: yo voya bajar y a hablarte, y tomaré una parte de tu espíritu para entregárselo a ellos, a ñn de que compartan contigo toda la carga del pueblo y no tengas que llevarla tú solo”.

Fue, pues, Moisés, y comunicó al pueblo las palabras del Señor, y congregó a setenta ancianos de Israel, y los colocó cerca de la tienda de la reunión.

Entonces el Señor bajó en la nube y le habló a Moisés: tomó del espíritu que había en Moisés y se lo entregó a los setenta ancianos. Y cuando el espíritu se posó sobre ellos, se pusieron a profetizar. Palabra de Dios.

31

Si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.

Lectura del libro de los Números

21,4-9

En aquellos días, el pueblo se impacientó y murmuró contra Dios y contra Moisés, diciendo: “¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para que muriéramos en el desierto? No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida”.

Entonces envió Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían y murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes”. Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “Haz una serpiente como ésas y levántala en un palo. El que haya sido mordido por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.

Palabra de Dios.

32

Elijan algunos hombres prudentes y yo los nombraré jefes de ustedes.

Lectura del libro del Deuteronomio

1, 9-14

En aquellos días, Moisés le dijo al pueblo de Israel: “Les había dicho ya que yo solo no me basto para atenderlos a todos ustedes, porque el Señor, su Dios, los ha multiplicado y hoy ustedes son tan numerosos como las estrellas del cielo. Que el Señor, Dios de sus padres, los haga crecer mil veces más y los bendiga, como les ha prometido.

¿Pero cómo voy a soportar yo solo la carga de ustedes y a resolver sus asuntos y discusiones? Elijan de cada tribu algunos hombres sabios, prudentes y experimentados, y yo los nombraré jefes de ustedes.

Ustedes me contestaron que les parecía bien. Entonces yo escogí a algunos hombres sabios y experimentados y los nombré jefes de ustedes”.

Palabra de Dios.

33

Escucha, Israel: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón.

Lectura del libro del Deuteronomio

6, 1-7

En aquellos días, dijo Moisés al pueblo de Israel: “Estos son los mandamientos, los preceptos y las normas, que el Señor, su Dios, ne ha mandado enseñarles para que los pongan en práctica en la |erra que van a poseer.

pme al Señor, tu Dios, y guarda todos sus preceptos y mandatos que o te transmito hoy, a ti, a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Cúm-lelos siempre y así prolongarás tu vida.

Escucha, pues, Israel, los mandamientos del Señor y cúmplelos, para que te vaya bien y llegues a ser un pueblo numeroso, conforme a lo que te ha prometido el Señor, Dios de tus padres, quien te dará una tierra que mana leche y miel.

Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.

Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he transmitido. Incúlcaselos a tus hijos y háblales de ellos cuando estés en tu casa ó cuando vayas de camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”.

Palabra de Dios.

34

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón.

•Lectura del libro del Deuteronomio

6,3-9

En aquellos días, Moisés le dijo al pueblo: “Escucha, Israel, los mandamientos del Señor y cúmplelos, para que te vaya bien y llegues a ser un pueblo numeroso, conforme a lo que te ha prometido el Señor, Dios de tus padres, quien te dará una tierra que mana leche y miel.

Escucha, Israel: el Señor, nuestío Dios, es solamente uno. Amarás al-Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.

Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he transmitido. Incúlcaselos a tus hijos y háblales de ellos cuando estés en tu casa o cuando vayas de camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Atalos a tu muñeca como una señal, y serán una señal en tu frente. Escríbelos sobre la puerta de tu casa”.

Palabra de Dios.

35

El Señor te ha elegido por el amor que te tiene.

Lectura del libro del Deuteronomio

7, 6-11

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas pueblo suyo entre todos los pueblos de la tierra.

El Señor se ha comprometido contigo y te ha elegido, no por ser tú el más numeroso de todos los pueblos, ya que al contrario, eres el menos numeroso; más bien te ha elegido por el amor que te tiene y para cumplir el juramento hecho a tus padres. Por eso, el Señor, con mano firme, te sacó de la esclavitud y del poder del faraón, rey de Egipto.

Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero y fiel. El guarda su alianza y su misericordia hasta mil generaciones para los que lo aman y cumplen sus mandamientos; pero castiga a quienes lo odian, y los hace perecer sin demora.

Guarda, pues, los madamientos, preceptos y leyes que yo te mando hoy poner en práctica”.

Palabra de Dios.

36

Te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían.

Lectura del libro del Deuteronomio

8, 2-3. 14-16

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no.

El te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres”.

Palabra de Dios.

37

Acuérdate del Señor, tu Dios, que es quien te da la fuerza.

Lectura del libro del Deuteronomio

8,7-18

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, de fuentes y manantiales que brotan en el monte y la llanura, tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, de olivos y de miel, en donde no te racionarán el pan ni carecerás de nada, tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el cobre, entonces comerás hasta saciarte y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado.

No vayas a olvidar jamás al Señor, tu Dios, ni vayas a dejar de cumplir los preceptos, mandatos y decretos que yo te mando hoy. No sea que, cuando comas hasta hartarte, cuando edifiques casas hermosas y las habites, cuando se multipliquen tus ganados, tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes, te llenes de soberbia y te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres. No digas en tu corazón: ‘Con mis propias fuerzas me he ganado estas riquezas’. Acuérdate del Señor, tu Dios, que es quien te da la fuerza para ganar esas riquezas, y así cumple hoy la promesa que hizo a tus padres”.

Palabra de Dios.

38

El Señor es su herencia.

Lectura del libro del Deuteronómio

10, 8-9

Moisés le dijo al pueblo: “El Señor escogió a la tribu de Leví para que llevara el arca de la alianza del Señor, para que estuviera a disposición del Señor y le sirviera y para que bendijera en su nombre (todo lo cual hacen hasta el día de hoy). Por esta razón él levita no recibe la misma herencia que sus hermanos, porque el Señor es su herencia, como se lo prometió el Señor, tu Dios”.

Palabra de Dios.

39

El Señor amó a sus padres y a ustedes, sus descendientes.

Lectura del libro del Deuteronomio

10, 12-22

En aquellos días, Moisés le dijo al pueblo estas palabras: “Ahora, Israel, advierte bien lo que el Señor te pide: Que temas al Señor, tu Dios; que cumplas su voluntad y lo ames; que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y toda el alma; que cumplas los preceptos del Señor, y los mandamientos que hoy te impongo para tu bien.

Es cierto que el cielo y toda su inmensidad, la tierra y cuanto hay en ella son del Señor, tu Dios; sin embargo, sólo con tus padres se unió el Señor con alianza de amor, y sólo a ustedes, sus descendientes, los eligió de entre todos los pueblos, como pueden comprobarlo todavía.

No cierren, pues, su corazón ni endurezcan su cabeza, porque el Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta sobornos, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero y le da pan y vestido. Amen, pues, al forastero, porque también ustedes lo fueron en Egipto.

Teme al Señor, tu Dios; sírvelo; vive unido a él y jura en su nombre. El será tu gloria, él será tu Dios, pues él hizo por ti las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando fueron a Egipto, y ahora, Israel, el Señor, tu Dios, te ha hecho un pueblo numeroso como las estrellas del cielo”.

Palabra de Dios.

40

Dios ama al forastero y le da pan y vestido.

Lectura del libro del Deuteronomio

10, 17-19 ¡

EPn aquellos días, Moisés le dijo al pueblo: “El Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta sobornos, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero y le da pan y vestido. Amen, pues, al forastero, porque también ustedes lo fueron en Egipto”.

Palabra de Dios.

41

Deja la gavilla olvidada al forastero, al huérfano y a la viuda

Lectura del libro del Deuteronomio

24, 17-22

En aquellos días, Moisés le dijo al pueblo: “No violes el derecho del forastero y del huérfano, ni tomes en prenda el vestido de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de ahí te rescató el Señor, tu Dios. Por eso yo te mando hoy que cumplas esto.

Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al forastero, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todo lo que hagas.

Cuando recojas los frutos de tus olivos, no des una segunda pasada a las ramas; déjale las aceitunas que queden al forastero, al huérfano y a la viuda.

Cuando recojas las uvas de tu viña, no busques por segunda vez los racimos que han quedado; déjaselos al forastero, al huérfano y a la viuda.

Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto. Por eso yo te mando hoy que cumplas esta ley”.

Palabra de Dios.

42

El Señor te sacará de todos los pueblos por donde te dispersó y te volverá a congregar.

Lectura del libro del Deuteronomio

30,1-4

En aquellos días, Moisés le dijo al pueblo: “Cuando se cumplan en ti todas estas cosas: las bendiciones y las maldiciones que te he propuesto, y las medites mientras vivas entre los pueblos a donde te va a expulsar el Señor, tu Dios, y cuando tú y tus hijos se conviertan al Señor, su Dios, y obedezcan con todo el corazón y con toda el alma, los mandamientos del Señor, que hoy les he impuesto; entonces el Señor, tu Dios, compadecido de ti, cambiará tu suerte. Volverá y te sacará de todos los pueblos por donde te dispersó y te volverá a congregar. Aunque tus hijos se hayan dispersado por los últimos rincones de la tierra, el Señor, tu Dios, te reunirá otra vez”.

Palabra de Dios.

43

Los mandamientos están muy a tu alcance para que puedas cumplirlos.

Lectura del libro del Deuteronomio

30,10-14

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Escucha la voz del Señor, tu Dios, que te manda guardar sus mandamientos y disposiciones escritos en el libro de esta ley. Y conviértete al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.

Estos mandamientos que te doy, no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, de modo que pudieras decir: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo para que nos los traiga, los escuchemos y podamos cumplirlos?’ Ni tampoco están al otro lado del mar, de modo que pudieras objetar: ‘¿Quién cruzará el mar por nosotros para que nos los traiga, los escuchemos y podamos cumplirlos?’ Por el contrario, todos mis mandamientos están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos”.

Palabra de Dios.

44

Elige la vida, y vivirás, tú y tu descendencia.

Lectura del libro del Deuteronomio

30,15-20

Esto dice el Señor: “Mira: Hoy pongo delante de ti la vida y el bien o la muerte y el mal. Si cumples lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás. El Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero si tu corazón se resiste y no obedeces, si te dejas arrastrar y te postras para dar culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que perecerás sin remedio y que, pasado el Jordán para entrar a poseer la tierra, no vivirás muchos años en ella.

Hoy tomo por testigos al cielo y a la tierra de que les he propuesto la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Elige la vida y vivirás, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él; pues en eso está tu vida y el que habites largos años en la tierra que el Señor prometió dar a tus padres, Abra-ham, Isaac y Jacob”.

Palabra de Dios.

45

Josué le construyó un altar al Señor.

Lectura del libro de Josué

8, 30-35

En aquellos días, Josué le construyó un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal, tal como lo había mandado Moisés, siervo del Señor, a los israelitas y como está escrito en el libro de la ley de Moisés; Era un altar de piedras sin labrar y sobre él ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Josué grabó sobre las piedras una copia de la ley que Moisés había escrito para los israelitas.

Después, todo el pueblo, sus ancianos, sus escribas y sus jueces se colocaron de pie a ambos lados del arca, frente a los sacerdotes y levitas encargados de llevar el arca de la alianza del Señor. Todos, tanto israelitas como forasteros se colocaron, la mitad de ellos del lado del monte Garizim, y la otra mitad, del lado del monte Ebal, como lo había mandado Moisés, siervo del Señor, cuando bendijo por primera vez al pueblo de Israel.

Josué leyó todo el texto de la ley, con las bendiciones y las maldiciones, tal como está escrito en el libro de la ley. De todo lo que Moisés prescribió, no hubo una sola palabra que Josué no leyera ante el pueblo de Israel, incluidós los niños, las mujeres y los extranjeros que iban con ellos.

Palabra de Dios.

46

Serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Lectura del libro de Josué

24, 1-2. 15-17. 18-25

En aquellos días, Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel y reunió a los ancianos, a los jueces, a los jefes y a los escribas. Cuando todos estuvieron en presencia del Señor, Josué le dijo al pueblo: “Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir: ¿a los dioses a los que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en |cuyo país ustedes habitan? En cuanto a mí toca, mi familia y yo seriaremos al Señor”.

El pueblo respondió: “Lejos de nosotros abandonar al Señor para ser-i vir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios; él fue quien nos sacó de la esclavitud de Egipto, el que hizo ante nosotros grandes ' prodigios, nos protegió por todo el camino que recorrimos y en los pueblos por donde pasamos. Así pues, también nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios”.

| Entonces Josué le dijo al pueblo: “No creo que ustedes puedan servir al Señor, porque es un Dios santo y celoso, que no perdonará sus re-¿ beldías y pecados. Si después de todo el bien que el Señor les ha hecho, lo abandonan para servir a dioses extranjeros, él los castigará y acabará con ustedes”.

El pueblo le respondió a Josué: “No nos sucederá lo que tú dices, porque ciertamente serviremos al Señor”. Josué le dijo al pueblo: “Ustedes son testigos de que han elegido servir al Señor”. Respondieron ellos: “Somos testigos”. Josué les dijo entonces: “Apártense, pues, de los dioses extranjeros que tienen y vuelvan su corazón al Señor, Dios de Israel”. El pueblo respondió a Josué: “Serviremos al Señor, nuestro Dios, y obedeceremos sus mandamientos”.

Aquel día Josué renovó la alianza del Señor con el pueblo y le impuso a éste mandamientos y normas en Siquem.

Palabra de Dios.

47

Habla, Señor, que tu siervo te escucha.

Lectura del primer libro de Samuel

3, 1-10

En los tiempos en que el joven Samuel servía al Señor a las órdenes de Eli, la palabra de Dios se dejaba oír raras veces y no eran frecuentes las visiones.

Los ojos de Eli se habían debilitado y ya casi no podía ver. Una noche, cuando aún no se había apagado la lámpara del Señor, estando Eli acostado en su habitación y Samuel en la suya, dentro del santuario donde se encontraba el arca de Dios, el Señor llamó a Samuel y éste respondió: “Aquí estoy”. Fue corriendo a donde estaba Eli y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?” Respondió Eli: “Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte”. Samuel se fue a acostar. Volvió el Señor a llamarlo y él se levantó, fue a donde estaba Eli y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?” Respondió Eli: “No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte”.

Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Eli y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?”

Entonces comprendió Eli que era el Señor quien llamaba al joven y dijo a Samuel: “Ve a acostarte, y si te llama alguien, responde: ‘Habla, Señor; tu siervo te escucha’ ”. Y Samuel se fue a acostar.

De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: “Samuel, Sa muel”. Este respondió: “Habla, Señor; tu siervo te escucha”.

Palabra de Dios.

48

Levántate y unge al muchacho: él es.

Lectura del primer libro de Samuel

16,16-13

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “¿ Hasta cuándo vas a estar triste por Saúl? Yo ya lo rechacé y él no reinará más sobre Israel. Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey”.

Guando se presentaron ante Samuel, al ver a Eliab, el hijo mayor de Jesé, Samuel pensó: “Este es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

Entonces, Jesé llamó a su hijo Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel, el cual le dijo: “Tampoco a éste lo ha escogido el Señor”. Jesé hizo pasar a Samá, pero Samuel le dijo: “A éste tampoco lo ha elegido él Señor”. Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido del Señor”. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos tus hijos?” El respondió: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo mandó llamar.

El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David. Samuel se despidió y regresó a Ramá.

Palabra de Dios.

49

El Señor te puso en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.

Lectura del primer libro de Samuel

26, 2. 7-9, 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl se puso en camino con tres mil soldados israelitas, bajó al desierto de Zif en persecución de David y acampó en Jakilá.

David y Abisay fueron de noche al campamento enemigo y encontraron a Saúl durmiendo entre los carros; su lanza estaba clavada en tierra, junto a su cabecera, y en torno a él dormían Abner y su ejército. Abisay dijo entonces a David: “Dios te está poniendo al enemigo al alcance de tu mano. Deja que lo clave ahora en tierra con un solo golpe de su misma lanza. No hará falta repetirlo”. Pero David replicó: “No lo mates. ¿Quién puede atentar contra el ungido del Señor y quedar sin pecado?”

Entonces cogió David la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl y se marchó con Abisay. Nadie los vio, nadie se enteró y nadie despertó; todos siguieron durmiendo, porque el Señor les había enviado un sueño profundo.

David cruzó de nuevo el valle y se detuvo en lo alto del monte, a gran distancia del campamento de Saúl. Desde ahí gritó: “Rey Saúl, aquí está tu lanza, manda a alguno de tus criados a recogerla. El Señor le dará a cada uno según su justicia y su lealtad, pues él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor”.

Palabra de Dios.

50

El Señor le dará el trono de David, su padre.

Lectura del segundo libro de Samuel

7,1-5. 8-11. 16

Tan pronto como el rey David se instaló en su palacio y el Señor le concedió descansar de todos los enemigos que lo rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: “¿Te has dado cuenta de que yo vivo en una mansión de cedro, mientras el arca de Dios sigue alojada en una tienda de campaña?” Natán le respondió: “Anda y haz todo lo que te dicte el corazón, porque el Señor está contigo”.

Aquella misma noche habló el Señor a Natán y le dijo: “Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa para que yo habite en ella? Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo he estado contigo en todas tus empresas, he aniquilado a todos tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.

Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para que habite en su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de todos tus enemigos. Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente.

Palabra de Dios.

51

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

Lectura del segundo libro de Samuel

7, 4-5.12-14. 16

En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo: “Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘Cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino.

El me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente’ ”.

Palabra de Dios.

52

Te voy a conceder un corazón sabio y prudente.

Lectura del primer libro de los Reyes

1, 10-14

En aquellos días, al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo:

“Por haberme pedido esto y no una larga vida ni riquezas ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes de ti ni lo habrá después de ti.

Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo.

Y si vas por mi camino y cumples todos mis preceptos y mandamientos, como lo hizo tu padre, David, te daré una larga vida”.

Palabra de Dios.

53

Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo.

Lectura del primer libro de los Reyes

8,22-23. 27-30

E l día de la dedicación del templo, Salomón, de pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, levantó los brazos al cielo y dijo esta oración:

“Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni aquí abajo en la tierra. Tú eres fiel a la alianza que hiciste con tus siervos, y les muestras tu misericordia, cuando cumplen de todo corazón tu voluntad.

Si ni %1 cielo infinito te puede contener, ¿cómo va a ser posible, Señor, que vivas en medio de los hombres y habites en esta casa que yo te he construido? Pero ciertamente atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, Señor, Dios mío, y oirás el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti: Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo, sobre este lugar, del cual has dicho: ‘Yo estaré ahí’. Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio.

Oye, pues, Señor, la súplica de este siervo tuyo y de tu pueblo, Israel. Cuando oren en este lugar, escúchalos desde el cielo, en donde tienes tu morada. Escúchanos y perdónanos”.

Palabra de Dios.

54

¡Bendito sea el Señor, que ha concedido la paz a su pueblo!

Lectura del primer libro de los Reyes

8, 55-61

En aquellos días, el rey Salomón se puso de pie y en voz alta bendijo a toda la asamblea israelita con estas palabras:

“¡Bendito sea el Señor, que ha concedido la paz a su pueblo, Israel, conforme a sus promesas! No ha dejado de cumplir ninguna de las promesas que nos hizo por medio de su siervo, Moisés.

Que el Señor, nuestro Dios, esté con nosotros, como estuvo con nuestros padres. Que no nos abandone ni nos rechace. Que incline hacia él nuestro corazón, para que sigamos todos sus caminos y cumplamos los preceptos, mandamientos y decretos que dio a nuestros padres.

Y que esta súplica, hecha al Señor, permanezca día y noche junto al Señor, nuestro Dios, diariamente, para que haga justicia a su siervo y a su pueblo, Israel. Así sabrán todas las naciones del mundo que el Señor es el Dios verdadero y que no hay otro. Así, también, nuestro corazón será totalmente del Señor, nuestro Dios, y cumpliremos sus preceptos y mandamientos, como hoy lo hacemos”.

Palabra de Dios.

55

Elias, cansado del camino, es confortado por el Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes

19,1-8.

En aquellos tiempos, Ajab contó a Jezabel lo que había hecho Elias: cómo había pasado a cuchillo a los profetas. Entonces Jezabel mandó a Elias este recado: “Que los dioses me castiguen, si mañana a estas horas no hago contigo lo mismo que has hecho tú con cualquiera de ellos”.

Elias tuvo miedo y huyó para salvar su vida. Caminó Elias por el desierto un día entero y finalmente se sentó bajo un árbol de retama, sintió deseos de morir y dijo: “Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres”. Después se recostó y se quedó dormido.

Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo: “Levántate y come”. Elias abrió los ojos y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y un jarro de agua. Después de comer y beber, se volvió a recostar y se durmió.

Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó y le dijo: “Levántate y come, porque aún te queda un largo camino”. Se levantó Elias. Comió y bebió. Y con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios.

56

Con la fuerza de aquel alimento, Elias caminó hasta el monte de Dios.

Lectura del primer libro de los Reyes

19, 4-8

En aquellos tiempos, caminó Ellas por el desierto un día entero y finalmente se sentó bajo un árbol de retama, sintió deseos de morir y dijo: “Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres”. Después se recostó y se quedó dormido.

Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo: “Levántate y come”. Elias abrió los ojos y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y un jarro de agua. Después de comer y beber, se volvió a recostar y se durmió.

Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó y le dijo: “Levántate y come, porque aún te queda un largo camino”. Se levantó Elias. Comió y bebió. Y con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios.

57

Quédate en el monte delante del Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes

19, 4-9.11-15

En aquellos tiempos, caminó Elias por el desierto un día entero y finalmente se sentó bajo un árbol de retama, sintió deseos de morir y dijo: “Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres”. Después se recostó y se quedó dormido.

Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo: “Levántate y come”. Elias abrió los ojos y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y un jarro de agua. Después de comer y beber, se volvió a recostar y se durmió.

Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó y le dijo: “Levántate y come, porque aún te queda un largo camino”. Se levantó Elias. Comió y bebió. Y con la fuerza de aquel alimento, caminó durante cuarenta días y Cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Cuando llegó al monte, Elias entró en una cueva y permaneció ahí.

El Señor le dijo: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”. Así lo hizo Elias, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se escuchó el murmullo de una brisa suave.

Al oírlo, Elias se cubrió “el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: “¿Qué haces aquí, Elias?” El respondió: “Me consume el celo por tu honra, Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo y me andan buscando para matarme”. El Señor le dijo: “Desanda tu camino hacia el desierto de Damasco”.

Palabra de Dios.

58

Elíseo se levantó y siguió a Elias.

Lectura del primer libro de los Reyes

19, 16. 19-21

En aquellos días, el Señor le dijo a Elias: “Unge a Elíseo, el hijo de Safat, originario de Abel-Mejolá, para que sea profeta en lugar tuyo”.

Elias partió luego y encontró a Elíseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él trabajaban doce yuntas de bueyes y él trabajaba con la última. Elias pasó junto a él y le echó encima su manto. Entonces Elíseo abandonó sus bueyes, corrió detrás de Ellas y le dijo: “Déjame dar a mis padres el beso de despedida y te seguiré”. Elias le contestó: “Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo”.

Se fue Elíseo, se llevó los dos bueyes de la yunta, los sacrificó, asó la carne en la hoguera que hizo con la madera del arado y la repartió a su gente, para que se la comieran. Luego se levantó, siguió a Elias y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.

59

Naamán bajó, se bañó siete veces en el Jordán, y quedó curado.

Lectura del segundo libro de los Reyes

5,9:15

En aquellos días, llegó Naamán, general del ejército sirio, con sus caballos y su carroza, y se detuvo a la puerta de la casa de Elíseo. Este le mandó decir con un mensajero: “Ve y báñate siete veces en el río Jordán, y tu carne quedará limpia”. Naamán se alejó enojado, diciendo: “Yo había pensado que saldría en persona a mi encuentro y que, invocando el nombre del Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, como el Abaná y el Farfar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podría bañarme en ellos y quedar limpio?” Dio media vuelta y ya se marchaba, furioso, cuando sus criados se acercaron a él y le dijeron: “Padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa muy difícil, ciertamente la habrías hecho; cuanto más, si sólo te dijo que te bañaras y quedarías sano”.

Entonces Naamán bajó, se bañó siete veces en el Jordán, como le había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y se le presentó, diciendo: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel”.

Palabra de Dios.

60

He visto tus lágrimas y voy a curarte.

Lectura del segundo libro de los Reyes

20, 1-6

En aquellos días, el rey Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amos, fue a visitarlo y le dijo: “Esto te manda decir el Señor: ‘Haz tu testamento, porque ciertamente vas a morir’ i

Entonces Ezequías volvió la cara hacia la pared y oró al Señor, diciendo: “Señor, recuerda que te he servido fiel y sinceramente, haciendo lo que te agrada”. Y se puso a llorar copiosamente.

Y antes de que Isaías saliera del patio central, recibió esta orden del Señor: “Regresa y dile a Ezequías, jefe de mi pueblo: ‘Esto te manda decir el Señor, Dios de tu padre, David: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días podrás subir al templo. Te voy a conceder quince años más de vida. Voy a librarte de las manos del rey de Asiria, a ti y a Jerusalén, en atención a mí y a mi siervo David’ ”.

Palabra de Dios.

61

Introdujeron el arca de la alianza y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado.

Lectura del primer libro de las Crónicas

15, 3-4. 15-16; 16, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca de la alianza al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de la alianza, tal como lo había mandado Moisés, por orden del Señor.

David ordenó a los jefes de los levitas que entre los de su tribu nombraran cantores para que entonaran cantos festivos, acompañados de arpas, cítaras y platillos.

Introdujeron, pues, el arca de la alianza y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron a Dios holocaustos y sacrificios de comunión, y cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

62

Te he construido una casa, en donde vivas para siempre.

Lectura del segundo libro de las Crónicas

5, 6-10. 13-6, 2

En aquellos días, el rey Salomón, acompañado por todo el pueblo de Israel, que se había reunido ante el arca de la alianza, sacrificó una cantidad incalculable de ovejas y bueyes.

Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor a su sitio, al camarín del templo, al lugar “santísimo”, bajo las alas de los querubines. Los querubines extendían sus alas sobre el sitio del arca y cubrían el arca y los varales por encima. Los varales eran lo bastante largos como para que se viera el remate desde la nave, delante del camarín, pero no desde fuera. Así ha estado el arca hasta el día de hoy. Dentro del arca había solamente las dos tablas de la ley, que en ella había depositado Moisés en el monte Horeb, cuando el Señor hizo la alianza con los hijos de Israel, a su salida de Egipto.

Los trompeteros y los cantores entonaron al unísono himnos y acciones de gracias al Señor; y entonces en medio del fragor de trompetas, platillos, instrumentos musicales e himnos, que proclamaban la bondad eterna y la misericordia del Señor, una nube llenó el templo de modo que los sacerdotes no pudieron proseguir la ceremonia porque la gloria del Señor había llenado la casa de Dios.

Entonces Salomón dijo: “El Señor quiere habitar en una densa nube, y yo, Señor, te he construido una casa, un sitio donde vivas para siempre”.

Palabra de Dios.

63

Zacarías, a quien ustedes asesinaron en el templo, junto al altar.

Lectura del segundo libro de las Crónicas

24,18-22

En aquellos días, los jefes de Judá y el rey abandonaron el templo del Señor, Dios de sus padres, y dieron culto a los bosques sagrados y a los ídolos. Este pecado provocó la ira de Dios sobre Judá y Jerusalén. El Señor les envió profetas para que se arrepintieran, pero no hicieron caso a sus amonestaciones.

Entonces el espíritu de Dios inspiró a Zacarías, hijo del sacerdote Ye-hoyadá, para que se presentara ante el pueblo y le dijera: “Esto dice el Señor Dios: ‘¿Por qué quebrantan los preceptos de Dios? Van al fracaso. Han abandonado al Señor y él los abandonará a ustedes’ ”.

Pero el pueblo conspiró contra él y, por orden del rey, lo apedrearon en el atrio del templo. El rey Joás no tuvo en cuenta el bien que le había hecho Yehoyadá y mató a su hijo, Zacarías, quien exclamó al morir: “Que el Señor te juzgue y te pida cuentas”.

Palabra de Dios.

64

Leían el libro de la ley y explicaban su sentido.

Lectura del libro de Nehemías

8, 24.5-6. 8-10

En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea, formada por los hombres, las mujeres y todos los [que tenían uso de razón.

Era el día primero del mes séptimo, y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía, en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley.

Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén!”, e inclinándose, se postraron rostro en tierra. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo: “Este es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”.

Palabra de Dios.

65

Que el Señor del cielo los acompañe, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz.

Lectura del libro de Tobías

16-14

En aquellos días, Ragüel besó a Tobías y entre lágrimas le dijo: “¡Que Dios te bendiga, porque eres hijo de un padre verdaderamente bueno e irreprochable! ¡Qué gran desgracia que un hombre justo y que hacía tantas limosnas se haya quedado ciego!” Y llorando, estrechó entre sus brazos a Tobías, hijo de su hermano. También Edna, su esposa, y Sara, su hija, rompieron a llorar. Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero de su rebaño.

Después, se lavaron, se purificaron y se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le dijo a Rafael: I‘Azarlas,hermano, dile a Ragüel que me dé la mano de mi hermana Sara”. Ragüel alcanzó a escucharlo y le dijo a Tobías: “Come y bebe y descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú, hermano, para casarse con mi hija Sara y a nadie se la puedo yo dar sino a ti, porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo. Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes”.

Tobías replicó: “No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido”. Ragüel le contestó: “Está bien. Según la ley de Moisés a ti se te debe dar. El cielo mismo lo ha decretado. Cásate, pues, con tu hermana; desde ahora tú eres su hermano, y ella, tu hermana. Desde hoy y para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz”.

Ragüel mandó llamar a su hija Sara, ella vino, y tomándola de la mano, se la entregó a Tobías, diciéndole: “Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de Moisés. A ti se te da como esposa. Tómala y llévala con bien a la casa de tu padre. Y que el Señor del cielo les conceda a ustedes un buen viaje y les dé su paz”.

Entonces Ragüel llamó a la madre de Sara y le pidió que trajera papel para escribir el acta de matrimonio, en que constara que su hija había sido entregada por esposa a Tobías, de acuerdo con lo establecido en la ley de Moisés. La esposa de Ragüel trajo el papel. Y él escribió y firmó. Y después se sentaron a cenar.

Palabra de Dios.

66

Haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez.

Lectura del libro de Tobías

8, 4-8

La noche de su boda Tobías se levantó y le dijo a Sara: “¡Levántate, hermana! Supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja”. Se levantó Sara y comenzaron a suplicar al Señor que los protegiera, diciendo: “Bendito seas, Dios de.nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas tus creaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede todo el género humano. Tú dijiste: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacer a alguien como él, para que lo ayude’ ”.

“Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta hermana mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez”.

Y los dos dijeron: “Amén, amén”.

Palabra de Dios.

67

Es buena la oración con el ayuno y la limosna con la justicia.

Lectura del libro de Tobías

12,6-13

En aquellos días, el ángel Rafael les dijo a Tobit y a su hijo: “Bendigan a Dios y glorifíquenlo delante de todos los vivientes por los beneficios que les ha hecho y canten himnos de alabanza a su nombre. Proclamen dignamente las obras del Señor y no sean negligentes en reconocerlas. Es bueno guardar el secreto del rey, pero es todavía mejor proclamar y celebrar las obras del Señor. Hagan el bien,

y el mal no los alcanzará. Es buena la oración con el ayuno y la limosna con la justicia. Es mejor tener poco viviendo con rectitud, que tener mucho haciendo el mal. Es mejor dar limosnas que acumular tesoros. La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Quienes dan limosna tendrán larga vida; los pecadores y los malvados son enemigos de sí mismos. Voy a decirles toda la verdad, sin ocultarles nada. Les acabo de decir que es bueno guardar el secreto del rey y que es mejor todavía proclamar y celebrar las obras del Señor.

Sepan, pues, que cuando ustedes dos, Tobías y Sara, oraban, yo ofrecía sus oraciones al Señor de la gloria, como un memorial; y lo mismo hacía cuando tú, Tobit, enterrabas a los muertos. Y cuando te levantaste sin dudar y dejaste tu comida y fuiste a sepultar a aquel muerto, precisamente entonces yo fui enviado para ponerte a prueba”.

Palabra de Dios.

68

Judit era muy temerosa de Dios.

Lectura del libro de Judit

8, 2-8

Había un hombre llamado Manasés esposo de Judit, y de su misma tribu y parentela, el cual murió durante la cosecha de la cebada. Sufrió una insolación mientras vigilaba a sus trabajadores, que hacían gavillas. Cayó en cama y murió en Betulia, su ciudad, y lo enterraron en la sepultura familiar, en su finca, entre Dotán y Balamón.

Judit llevaba de viuda tres años y cuatro meses. Vivía en una habitación que se había hecho en la azotea de su casa. Hacía penitencia y se vestía de luto. Desde que enviudó, ayunaba diariamente, excepto los sábados y sus vísperas, el primero y el último día del mes y demás festividades de Israel.

Era muy bella y atractiva. Su marido, Manasés, le había dejado oro y plata, criados y criadas, rebaños y tierras, de lo cual vivía. Nadie podía hablar mal de ella, porque era muy temerosa de Dios.

Palabra de Dios.

69

Convierte nuestro llanto en alegría.

Lectura del libro de Ester

4 17b-17e. 17i-17l

En aquellos días, Mardoqueo oró al Señor y dijo:
“¡Bendito seas,
Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob!
¡Señor, Señor, rey omnipotente!,
todo está sometido a tu poder
y no hay quien pueda oponerse a tu voluntad,
si tú has decidido salvar a Israel.

Tú creaste el cielo y la tierra
y cuantas maravillas existen bajo el cielo.
Tú eres el Señor de todo y nadie se te puede oponer.

Y ahora, rey y Señor,
Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob,
ten compasión de tu pueblo,
porque nuestros enemigos quieren acabar con nosotros
y destruir así tu heredad.
No olvides a esta porción tuya,
que rescataste para ti de la tierra de Egipto.

Escucha mi oración
y no te olvides de tu pueblo;
convierte nuestro llanto en alegría,
para que podamos vivir para alabarte
y no les cierres la boca a los que te alaban!’.

Palabra de Dios.

70

No puedo honrar a ningún hombre por encima de la gloria de Dios.

Lectura del libro de Ester

4, 17b-17g. 171

En aquellos días, Mardoqueo oró al Señor y dijo:
“¡Bendito seas,
Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob!
¡Señor, Señor, rey omnipotente!,
todo está sometido a tu poder
y no hay quien pueda oponerse a tu voluntad,
si tú has decidido salvar a Israel.

Tú creaste el cielo y la tierra
y cuantas maravillas existen bajo el cielo.
Tú eres el Señor de todo y nadie se te puede oponer.

Tú, Señor, lo sabes todo;
tú sabes que no por arrogancia,
orgullo o altivez me he negado a postrarme
ante el soberbio Amán,
pues gustoso besaría yo sus pies,
si con esto pudiera salvar a Israel.

Pero no quise hacerlo
para no honrar a ningún hombre
por encima de la gloria de Dios;
jamás me postraré ante nadie,
sino solamente ante ti, Señor y Dios mío.

Escucha mi oración
y no te olvides de tu pueblo;
convierte nuestro llanto en alegría,
para que podamos vivir para alabarte
y no les cierres la boca a los que te alaban”.

Palabra de Dios.

71

Todos los que esperan en Dios jamás se verán defraudados.

Lectura del primer libro de los Macabeos

2, 49-52. 57-64

Cuando a Matatías le llegó la hora de morir, les dijo a sus hijos: “Hoy triunfan la insolencia y el descaro; son tiempos de confusión y de violencia. Hijos míos, sean fíeles a la ley y den la vida por la Alianza de nuestros padres. Recuerden las hazañas que realizaron nuestros padres en su tiempo y conseguirán una gloria incomparable y una fama perpetua.

Abraham demostró su fidelidad en la prueba y Dios lo consideró como justo. David obtuvo el trono de una monarquía perpetua, a causa de su piedad. Elias, por su ardiente celo por la ley, fue arrebatado al cielo. Ananías, Azarías y Misael, por su fe, se salvaron de la hoguera. Daniel por su fidelidad a Dios fue librado de las fauces de los leones.

Así pues, recorriendo las generaciones, comprenderán que todos los que esperan en Dios jamás se verán defraudados. No teman las amenazas del impío, pues toda su presunción acabará en estiércol y gusanos: hoy es exaltado y mañana desaparecerá; volverá al polvo y sus planes fracasarán.

Ustedes, hijos míos, tengan ánimo y manténganse firmes en el cumplimiento de la ley, porque por ello se cubrirán de gloria”.

Palabra de Dios.

72

Volvieron a consagrar el altar y el pueblo entero celebró una gran fiesta.

Lectura del primer libro de los Macabeos

4, 52-59

El día veinticinco del mes noveno (es decir diciembre) del año ciento cuarenta y ocho, Judas, con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, se levantaron al romper el día y ofrecieron sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido, un sacrificio conforme a la ley. El altar fue inaugurado con cánticos, cítaras, arpas y platillos, precisamente en el aniversario del día en que los paganos lo habían profanado. El pueblo entero se postró en tierra y adoró y bendijo al Señor, que los había conducido al triunfo.

Durante ocho días celebraron la consagración del altar y ofrecieron con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza. Adornaron la fachada del templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron los pórticos y las salas, y les pusieron puertas. La alegría del pueblo fue grandísima y el ultraje inferido por los paganos quedó borrado.

Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a partir del veinticinco de diciembre, se celebrara durante ocho días, con solemnes festejos, el aniversario de la consagración del altar.

Palabra de Dios.

73

Por respeto a ti, sufro con paciencia y con gusto.

Lectura del segundo libro de los Macabeos

6,18. 21. 24-31

Había un hombre llamado Eleazar, de edad avanzada y aspecto muy digno. Era uno de los principales maestros de la ley. Querían obligarlo a comer carne de puerco y para ello le abrían a la fuerza la boca.

Los que presidían aquel sacrificio pagano, en atención a la antigua amistad que los unía con Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que mandara traer carne permitida y que la comiera, simulando que comía la carne del sacrificio ordenada por el rey.

Eleazar les dijo: “No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado al paganismo. Y si por miedo a perder el poco tiempo de vida que me queda, finjo apartarme de la ley, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar y deshonrar mi vejez. Y aunque por el momento me librara del castigo de los hombres, ni vivo ni muerto me libraría de la mano del Omnipotente. En cambio, si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y dejaré a los jóvenes un gran ejemplo, para# que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley”.

Dicho esto, se fue enseguida hacia el suplicio. Los que lo conducían, considerando arrogantes Tas palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola.

Cuando Eleazar estaba a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros: “Tú, Señor, que todo lo cqnoces, bien sabes que pude librarme de la muerte; pero, por respeto a ti, sufro con paciencia y con gusto, crueles dolores en mi cuerpo y en mi alma”.

De esta manera, Eleazar terminó su vida y dejó no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de virtud y heroísmo.

Palabra de Dios.

74

Estamos dispuestos a morir, antes que quebrantar las leyes de nuestros padres.

Lectura del segundo libro de los Macabeos

7,1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos junto con su madre. ,EÍ rey, Antíoco Epifanes, los hizo azotar para obligarlos a comer carne de puerco, prohibida por la ley. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo: “¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres”.

(El rey se enfureció y lo mandó matar). Cuando el segundo de ellos estaba para morir, le dijo al rey: “Asesino, tú nos arrancas la vida presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna, puesto que morimos por fidelidad a sus leyes”.

Después comenzaron a burlarse del tercero. Presentó la lengua como se lo exigieron, extendió las manos con firmeza y declaró confiadamente: “De Dios recibí estos miembros y por amor a su ley los desprecio, y de él espero recobrarlos”. El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor con que aquel muchacho despreciaba los tormentos.

Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a torturas semejantes. Estando ya para expirar, dijo: “Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida”.

Palabra de Dios.

75

Muy digna de admiración fue aquella madre que todo lo soportó con entereza\ porque tenía puesta su esperanza en el Señor.

Lectura del segundo libro de los Macabeos

7, 1. 20-23^2.7-29

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos iunto con su madre. El rey Antíoco Epifanes los hizo azotar para obligarlos a comer carne de puerco, prohibida por la ley.

Muy digna de admiración y de glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un solo día, lo soportó con entereza, porque tenían puesta su esperanza en el Señor. Llena de generosos sentimientos y uniendo un temple viril a la ternura femenina, animaba a cada uno de ellos en su lengua materna, diciéndoles:

“Yo no sé cómo han aparecido ustedes en mi seno; no he sido yo quien les ha dado el aliento y la vida, ni he unido yo los miembros que componen su cuerpo. Ha sido Dios, creador del mundo, el mismo que formó el género humano y creó cuanto existe. Por su misericordia, él les dará de nuevo el aliento y la vida, ya que por obedecer sus santas leyes, ustedes la sacrifican ahora”.

Y le dijo al menor de sus hijos: “Hijo mío, ten compasión de mí, que te llevé en mi seno nueve meses, te amamanté tres años y te he criado y educado hasta la edad que tienes. Te ruego, hijo mío, que mires el cielo y la tierra, y te fijes en todo lo que hay en ellos; así sabrás que Dios lo ha hecho todo de la nada y que en la misma forma ha hecho a los hombres. Así, pues, no le tengas miedo al verdugo, sigue el buen ejemplo de tus hermanos y acepta la muerte, para que, por la misericordia de Dios, te vuelva yo a encontrar con ellos”.

Palabra de Dios.

76

Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección.

Lectura del segundo libro de los Macabeos

12, 43-46

El n aquellos días, Judas Macabeo, jefe de Israel, hizo una colecta y recogió dos mil dracmas de plata, que envió a Jerusalén para que ofrecieran un sacrificio de expiación por los pecados de los que habían muerto en la batalla.

Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección, pues si no hubiera esperado la resurrección de sus compañeros, habría sido completamente inútil orar por los muertos. Pero él consideraba que, a los que habían muerto piadosamente, les estaba reservada una magnífica recompensa.

En efecto, orar ñor los difuntos para que se vean libres de sus pecados es jiña acción santa y conveniente.*

Palabra de Dios.

77

¿Para qué le dieron la luz de la vida a%n miserable?

Lectura del libro de Job

3,1-3.11-17. 20-23

Job abrió sus labios y maldijo el día de su nacimiento, diciendo:

“¡Maldito el día en que nací la noche en que se dijo:
‘Ha sido concebido un varón’!
¿Por qué no morí en el seno de mi madre?
¿Por qué no perecí al salir de sus entrañas
o no fui como un aborto que se entierra,
una creatura que no llegó a ver la luz?
¿Por qué me recibió un regazo
y unos pechos me amamantaron?

Ahora dormiría tranquilo y descansaría en paz,
con los reyes de la tierra, que se construy
en mausoleos, o con los nobles,
que amontonan oro y plata en sus palacios.
Allí ya no perturban los malvados
y forzosamente reposan los inquietos.

¿Para qué dieron la luz de la vida a un miserable,
a aquel que la pasa en amargura;
al que ansia la muerte, que no llega,
y la busca como un tesoro escondido;
al que se alegraría ante la tumba
y gozaría al recibir la sepultura;
al hombre que no encuentra su camino,
porque Dios le ha cerrado las salidas?”

Palabra de Dios.

78

Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo.

Lectura del libro de Job

7, 1-4. 6-11

En aquel día, Job tomó la palabra y dijo:
“La vida del hombre en la tierra es vida de soldado
y sus días, como días de un jornalero.
Como el esclavo suspira en vano por la sombra
y el jornalero se queda aguardando su salario,
así me han tocado en suerte meses de infortunio
y se me han asignado noches de dolor.

Al acostarme, pienso: ‘¿Cuándo será de día?’
La noche se alarga y me canso de dar vueltas
hasta que amanece.

Mis días corren más aprisa que una lanzadera
y se consumen sin esperanza.
Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo.
Mis ojos no volverán a ver la dicha.
Ya no me verán los ojos de los hombres
y cuando tú quieras poner en mí tus ojos, ya no existiré.

Como la nube se deshace y ya no vuelve,
el que baja a la tumba no retorna,
no volverá a su casa, no volverá a verlo su morada:
expresaré las angustias de mi espíritu
y gemiré con toda la amargura de mi alma”.

Palabra de Dios.

79

¿Qué es el hombre para que le des tanta importancia?

Lectura del libro de Job

7, 12-21

En aquel día, Job le dijo a Dios:
“¿Acaso soy el Mar o el monstruo marino
para que me tengas bajo guardia?
Cuando pienso que la cama me dará descanso
y el lecho aliviará mis sufrimientos,
entonces tú me espantas con sueños
y me aterrorizas con pesadillas.
Preferiría morir estrangulado,
la muerte, más que estos dolores.
Estoy deshecho; no voy a vivir eternamente;
déjame ya, sólo son un soplo mis días.

¿Qué es el hombre para que le des tanta importancia
y te intereses en él;
para que lo vigiles cada mañana
y lo pongas a prueba a cada momento?
¿Cuándo apartarás de mí tu vista
y me dejarás en paz siquiera un momento?

Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti,
centinela del hombre?
¿Por qué me has tomado como blanco de tus golpes
y me he convertido en carga para ti?
¿Por qué no me perdonas mi delito
y pasas por alto mi iniquidad?
Muy pronto yaceré en el polvo,
y cuando me busques ya no existiré”.

Palabra de Dios.

80

Yo sé bien que mi defensor está vivo.

Lectura del libro de Job

19, 1. 23-27

En aquellos días, Job tomó la palabra y dijo:
“Ojalá que mis palabras se escribieran;
ojalá que se grabaran en láminas de bronce
o con punzón de hierro se esculpieran
en la roca para siempre.

Yo sé bien que mi defensor está vivo
y que al final se levantará a favor del humillado;
de nuevo me revestiré de mi piel
y con mi carne veré a mi Dios;
yo mismo lo veré y no otro,
mis propios ojos lo contemplarán.
Esta es la firme esperanza que tengo”.

Palabra de Dios.

81

Yo sé bien que mi defensor está vivo.

Lectura del libro de Job

19, 23-27

Job tomó la palabra y dijo:
“Ojalá que mis palabras se escribieran;
ojalá que se grabaran en láminas de bronce
o con punzón de hierro
se esculpieran en la roca para siempre.

Yo sé bien que mi defensor está vivo
y que al final se levantará a favor del humillado;
de nuevo me revestiré de mi piel
y con mi carne veré a mi Dios;
yo mismo lo veré y no otro,
mis propios ojos lo contemplarán.
Esta es la firme esperanza que tengo”.

Palabra de Dios.

82

Nunca comí yo solo mi pan, sin compartirlo con el huérfano.

Lectura del libro de Job

31, 16-20. 24-25. 31-32

En aquellos días, Job dijo:
“Yo nunca negué al pobre lo que él necesitaba,
ni dejé que la viuda se consumiera en llanto.
Nunca comí yo solo mi pan,
sin compartirlo con el huérfano;
desde que yo era joven, lo cuidé como un padre,
y desde niño, protegí a la viuda.
Nunca dejé que el pobre y el necesitado
anduvieran sin ropa con que cubrirse;
siempre se fueron agradecidos,
abrigados con la zalea de mis ovejas.

Jamás puse mi confianza en el oro
ni consideré que los metales preciosos
fueran mi seguridad.
Jamás me he complacido con mis grandes riquezas,
con la fortuna amasada por mis manos.

Jamás los hombres que acampaban conmigo
tuvieron que decir: ‘Nos ha faltado carne para saciarnos’.
Nunca el forastero tuvo que dormir a la intemperie
porque siempre le abrí mi puerta al caminante”.

Palabra de Dios.

83

Presta atención a la prudencia.

Lectura del libro de los Proverbios

2,1-9

Hijo mío, si escuchas mis palabras
y no olvidas mis consejos;
si prestas oído a la sabiduría
y atención a la prudencia;
si invocas a la inteligencia
y le haces caso a la sensatez;
si procuras todo esto como procuras el dinero
y lo buscas como un tesoro,
entonces comprenderás lo que significa el temor del Señor
y alcanzarás el conocimiento de Dios.

Porque el Señor es quien da la sabiduría
y de su boca proceden el saber y la inteligencia.
El atesora los aciertos para los hombres justos
y es un escudo para los hombres de conducta intachable;
él protege a los que cumplen con su deber
y cuida en su camino al hombre bueno.

^Teniendo presente esto comprenderás lo que es justo y debido,
y todas las cosas que son convenientes y buenas.

Palabra de Dios.

84

Yo te he enseñado el camino de la sabiduría.

Lectura del libro de los Proverbios

4,7-13

Hijo mío, que tu primera adquisición sea la sabiduría;
con todos tus bienes consigue la prudencia.
Conquístalas y te harán noble, abrázalas
y te llenarán de gloria;
te pondrán en tu cabeza una hermosa diadema
y te ceñirán una corona refulgente.

Hijo mío, escucha y no olvides mis palabras
y se multiplicarán los años de tu vida:
yo te he enseñado el camino de la sabiduría
y te he conducido por los senderos de la justicia;
cuando camines, no serán torpes tus pasos,
y cuando corras, no tropezarás.

Afórrate a lo que se te ha enseñado y no lo sueltes;
reténlo, porque es tu vida.

Palabra de Dios.

85

María, trono de la Sabiduría.

Lectura del libro de los Proverbios

8, 22-31

Esto dice la sabiduría de Dios:
“El Señor me poseía desde el principio,
antes que sus obras más antiguas.
Quedé establecida desde la eternidad,
desde el principio, antes de que la tierra existiera.
Antes de que existieran los abismos
y antes de que brotaran los manantiales de las aguas,
fui concebida.
Antes de que las montañas y las colinas quedaran asentadas, nací yo.
Cuando aún no había hecho el Señor la tierra
ni los campos ni el primer polvo del universo,
cuando él afianzaba los cielos, ahí estaba yo.
Cuando ceñía con el horizonte la faz del abismo,
cuando colgaba las nubes en lo alto,
cuando hacía brotar las fuentes del océano,
cuando fijó al mar sus límites
y mandó a las aguas que no los traspasaran,
yo estaba junto a él como arquitecto de sus obras,
yo era su encanto cotidiano;
todo el tiempo me recreaba en su presencia,
jugando con el orbe de la tierra
y mis delicias eran estar con los hijos de los hombres”.

Palabra de Dios.

86

Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que les he preparado.

Lectura del libro de los Proverbios

9, 1-6

La sabiduría se ha edificado una casa,
ha preparado un banquete,
ha mezclado el vino
y puesto la mesa.
Ha enviado a sus criados para que,
desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto:
“Si alguno es sencillo, que venga acá”.

Y a los faltos de juicio les dice:
“Vengan a comer de mi pan
y a beber del vino que he preparado.
Dejen su ignorancia y vivirán;
avancen por el camino de la prudencia”.

Palabra de Dios.

87

La mujer que teme al Señor merece alabanza.

Lectura del libro de los Proverbios

81,10-13. 19-20. 30-31

Dichoso el hombre que encuentra una mujer hacendosa:
muy superior a las perlas es su valor.

Su marido confía en ella
y, con su ayuda, él se enriquecerá;
todos los días de su vida
le procurará bienes y no males.

Adquiere lana y lino
y los trabaja con sus hábiles manos.

Sabe manejar la rueca y con sus dedos mueve el huso;
abre sus manos al pobre y las tiende al desvalido.

Son engañosos los encantos, y vana la hermosura;
merece alabanza la mujer que teme al Señor.

Es digna de gozar del fruto de sus trabajos
y de ser alabada por todos.

Palabra de Dios.

88

El amor es fuerte como la muerte.

Lectura del libro del Cantar de los Cantares

2,8-10. 14. 16; 8, 6-7

Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.

Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado.

Mi amado me habla así:
“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”.
Mi amado es para mí y yo para mi amado.

Grábame como un sello en tu brazo,
como un sello en tu corazón,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor
ni anegarlo los ríos.

Palabra de Dios.

89

Levántate, amada mía, y ven.

Lectura del libro del Cantar de los Cantares

2, 8-14

Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado.

Mi amado me habla así:
“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Mira que el invierno ya pasó;
han terminado las lluvias y se han ido.

Las flores brotan ya sobre la tierra;
ha llegado la estación de los cantos;
el arrullo de las tórtolas se escucha en el campo;
ya apuntan los frutos en la higuera
y las viñas en flor exhalan su fragancia.

Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”.

Palabra de Dios.

90

Encontré al amor de mi alma.

Lectura del libro del Cantar de los Cantares

3,1-4

Esto dice la esposa:
“En mi lecho, por las noches,
a mi amado yo buscaba.
Lo busqué, pero fue en vano.
Me levantaré. Por las plazas
y barrios de la ciudad buscaré
al amor de mi alma.

Lo busqué, pero fue en vano.
Y me encontraron los guardias
de la ciudad, y les dije:
‘¿Qué no vieron a aquel que ama mi alma?’
Y apenas se fueron,
encontré al amor de mi alma”.

Palabra de Dios.

91

El amor es fuerte como la muerte.

Lectura del libro del Cantar de los Cantares

8, 6-7

Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor
ni anegarlo los ríos.

Si alguien quisiera comprar el amor
con todas las riquezas de su casa,
sólo conseguiría desprecio.

Palabra de Dios.

92

Condenemos al justo a una muerte ignominiosa.

Lectura del libro de la Sabiduría

2, 1. 12-22

Los malvados dijeron entre sí, discurriendo equivocadamente:
“Tendamos una trampa al justo,
porque nos molesta y se opone a lo que hacemos;
nos echa en cara nuestras violaciones a la ley,
nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados.
Presume de que conoce a Dios
y se proclama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a convertirse en un vivo reproche
de nuestro modo de pensar
y su sola presencia es insufrible,
porque lleva una vida distinta de los demás
y su conducta es extraña.
Nos considera como monedas falsas
y se aparta de nuestro modo de vivir como de las inmundicias.
Tiene por dichosa la suerte final de los justos
y se gloría de tener por padre a Dios.

Veamos si es cierto lo que dice,
vamos a ver qué le pasa en su muerte.
Si el justo es hijo de Dios,
él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos.

Sometámoslo a la humillación y a la tortura
para conocer su temple y su valor.
Condenémoslo a muerte ignominiosa,
porque dice que hay quien mire por él”.

Así discurren los malvados, pero se engañan;
su malicia los ciega.
No conocen los ocultos designios de Dios,
no esperan el premio de la virtud,
ni creen en la recompensa de una vida intachable.

Palabra de Dios.

93

Los aceptó como un holocausto agradable.

Lectura del libro de la Sabiduría

3,1-9

Las almas de los justos están en las manos de Dios
y no los alcanzará ningún tormento.
Los insensatos pensaban que los justos habían muerto,
que su salida de este mundo era una desgracia
y su salida de entre nosotros, una completa destrucción.
Pero los justos están en paz.

La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo,
pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad.
Después de breves sufrimientos
recibirán una abundante recompensa,
pues Dios los puso a prueba
y los halló dignos de sí.
Los probó como oro en el crisol
y los aceptó como un holocausto agradable.

En el día del juicio brillarán los justos
como chispas que se propagan en un cañaveral.
Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos,
y el Señor reinará eternamente sobre ellos.

Los que confían en el Señor comprenderán la verdad
y los que son ñeles a su amor permanecerán a su lado,
porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.

Palabra de Dios.

O bien: Forma breve:

Lectura del libro de la Sabiduría

3,1-6. 9

Las almas de los justos están en las manos de Dios
y no los alcanzará ningún tormento.
Los insensatos pensaban que los justos habían muerto,
que su salida de este mundo era una desgracia
y su salida de entre nosotros, una completa destrucción.
Pero los justos están en paz.

La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo,
pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad.
Después de breves sufrimientos
recibirán una abundante recompensa,
pues Dios los puso a prueba
y los halló dignos de sí.
Los probó como oro en el crisol
y los aceptó como un holocausto agradable.

Los que confían en el Señor comprenderán la verdad
y los que son ñeles a su amor permanecerán a su lado,
porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.

Palabra de Dios.

94

La edad avanzada se mide por una vida intachable.

Lectura del libro de la Sabiduría

4, 7-15

El justo, aunque muera prematuramente, hallará descanso;
porque la edad venerable no consiste en tener larga vida
ni se mide por el número de años.

Las verdaderas canas del hombre son la prudencia
y la edad avanzada se mide por una vida intachable.

Cumplió la voluntad de Dios, y Dios lo amó.
Vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó;
se lo llevó para que la malicia no pervirtiera su conciencia,
para que no se dejara seducir por el engaño,
pues la fascinación del mal oscurece el bien
y el vértigo de las pasiones pervierte a las almas inocentes.

Llegó a la perfección en poco tiempo
y con eso alcanzó la plenitud de una larga vida.
Su vida le fue agradable a Dios,
por lo cual el Señor se apresuró a sacarlo de entre la maldad.
La gente ve, pero no comprende ni se da cuenta
de que Dios ama a los justos
y se compadece de sus elegidos.

Palabra de Dios.

95

Amé la sabiduría más que la salud y la belleza.

Lectura del libro de la Sabiduría

7, 7-10. 15-16

Supliqué y se me concedió la prudencia;
invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría.

La preferí a los cétros y los tronos,
y en comparación con ella tuve en nada la riqueza.
No se puede comparar con la piedra más preciosa,
porque todo el oro junto a ella es un poco de arena
y la plata es como lodo en su presencia.
La tuve en más que la salud y la belleza;
la preferí a la luz
porque su resplandor nunca se apaga.

Que me conceda Dios saber expresarme
y pensar como conviene a este don,
pues Dios es el autor de la sabiduría,
él es quien les marca su camino a los sabios.

Porque nosotros, con todas nuestras palabras,
y toda clase de sabiduría, de habilidad y de talento
estamos en manos de Dios.

Palabra de Dios.

96

¿ Quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría?

Lectura del libro de la Sabiduría

9, 9-11. 13-18

Señor, contigo está la sabiduría, que conoce tus obras;
a tu lado estaba, cuando hiciste el mundo;
ella sabe lo que te agrada,
lo que es conforme a tus mandamientos.

Envíala desde tu cielo santo,
mándala desde tu trono glorioso,
para que esté a mi lado y trabaje conmigo,
enseñándome lo que te agrada.

Ella, que todo lo sabe y lo comprende,
me guiará prudentemente en mis empresas
y me protegerá con su prestigio.

¿Quién es el hombre que puede conocer
los designios de Dios?
¿Quién es el que puede saber lo que el Señor tiene dispuesto?
Los pensamientos de los mortales son inseguros
y sus razonamientos pueden equivocarse,
porque un cuerpo corruptible hace pesada el alma
y el barro de que estamos hechos entorpece el entendimiento.

Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra
y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance.
¿Quién podrá descubrir lo que hay en el cielo?
¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das la sabiduría,
enviando tu santo espíritu desde lo alto?

Sólo con esa sabiduría
lograron los hombres enderezar sus caminos
y conocer lo que te agrada.
Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor.

Palabra de Dios.

97

Crean en el Señor y ámenlo.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

2, 7-13

Los que temen al Señor, esperen en su misericordia;
no se alejen de él y no caerán.
Los que temen al Señor, confíen en él,
porque no los dejará sin recompensa.
Los que temen al Señor, esperen sus beneficios,
su misericordia y la felicidad eterna.
Los que temen al Señor, ámenlo,
y se iluminará su corazón.

Miren a sus antepasados y comprenderán.
¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?
¿Quién perseveró en su santo temor y fue abandonado?
¿Quién lo invocó y fue desatendido?
El Señor es clemente y misericordioso,
perdona los pecados y salva en el tiempo de la tribulación,
y es protector de todos los que lo buscan con sinceridad.

Palabra de Dios.

98

Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

3, 19-26

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te amarán más que al hombre dadivoso.
Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas
y hallaras gracia ante el Señor;
hay muchos grandes y gloriosos,
pero a los humildes les revela sus secretos,
porque sólo él es poderoso
y sólo los humildes le dan gloria.

No intentes comprender aquello que te supera,
ni trates de explorar lo que está fuera de tu alcance.
Reñexiona en todo lo que Dios te ha mandado,
que no necesitas indagar lo oculto y misterioso.
No te fatigues en conocer cosas inútiles,
pues lo que ya te han enseñado
es más de lo que puedes entender.
A muchos extravió su opinión personal
y las falsas apariencias llegaron a extraviarlos.

Palabra de Dios.

99

Lo llenará con un espíritu de inteligencia.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

15, 1-6

El que teme al Señor hará siempre el bien
y quien es fiel a la ley obtendrá sabiduría.

Ella le saldrá al encuentro como una madre
y lo recibirá como una esposa recién casada.

JjO nutrirá con el pan de la sensatez
y le dará a beber el agua de la prudencia.

Si se apoya en ella, no vacilará;
si confía en ella, no quedará defraudado.

La sabiduría lo hará destacar entre sus compañeros
y le dará elocuencia en la asamblea.

Lo llenará con un espíritu de inteligencia,
lo revestirá con una túnica de gloria.

Lo colmará de gozo y alegría
y le dará en herencia un nombre perdurable.

Palabra de Dios.

100

María, trono de la Sabiduría.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

24, 1-2. 5-f. 12-16. 26-30

La sabiduría hace su propio elogio
y se gloría en medio de su pueblo;
abre su boca en la asamblea del Altísimo,
y ante todos los ejércitos celestiales se glorifica diciendo:

“Yo salí de la boca del Altísimo
y soy la primogénita de todas sus creaturas.
Encendí en el cielo una luz que no se apaga
y cubrí de niebla toda la tierra.
Yo puse mi tienda en las alturas
y mi trono sobre una columna de nubes.

Entonces, el creador del universo, el que me formó,
me dio una orden,
él estableció mi morada y me dijo:
‘Pon tu tienda en Jacob, que sea Israel tu heredad;
echa raíces en medio de mis elegidos’.

En el principio, antes de los siglos,
me formó y existiré para siempre.
En su santa tienda ejercí las funciones sagradas ante él;
por eso fijó mi morada en Sión
—en la ciudad santa me hizo reposar—
y en Jerusalén la sede de mi poder.
En un pueblo glorioso eché raíces,
en la porción del Señor, en su heredad.

Vengan a mí todos los que me aman,
y sáciense de mis frutos,
porque mis palabras son más dulces que la miel
y mi heredad, mejor que los panales.

Todas las generaciones me recordarán para siempre.
Los que me comen seguirán teniendo hambre de mí,
los que me beben seguirán teniendo sed de mí,
los que me escuchan no tendrán de qué avergonzarse
y los que se dejan guiar por mí no pecarán”.

Palabra de Dios.

101

Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en bien arreglada.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

26, 1-4. 16-21

Dichoso el marido de una mujer buena:
se doblarán los años de su vida.
La mujer hacendosa es la alegría de su marido,
y él vivirá su vida en paz.
La mujer buena es un tesoro:
lo encuentran los que temen al Señor;
sean ricos o pobres, estarán contentos
y siempre vivirán con alegría.

La mujer servicial alegra a su marido;
la que es cuidadosa le causa bienestar.

La mujer discreta es un don del Señor;
y la bien educada no tiene precio.
La mujer modesta duplica su encanto
y la que es dueña de sí supera toda alabanza.

Como el sol que brilla en el cielo del Señor,
así es la mujer bella en su casa bien arreglada.

Palabra de Dios.

102

Pone todo su corazón en madrugar para estar con el Señor.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

39, 1. 6-8

El que se entrega a meditar la ley del Altísimo
indaga la sabiduría de los antiguos
y se dedica a estudiar las profecías;
pone todo su corazón en madrugar
para estar con el Señor, su creador;
ora delante del Altísimo
¡f suplica humildemente el perdón de sus pecados;
y si el Señor lo dispone, se llenará de sabiduría.

Palabra de Dios.

103

Si el Señor lo dispone llenará de sabiduría al que medita la ley del Altís\

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

39, 8-14

Si el Señor lo dispone,
llenará de sabiduría al que medita la ley del Altísimo,
de su boca lloverán sabias palabras
y alabará al Señor en su oración.

Dirigirá su voluntad e inteligencia
a conocer los secretos divinos.
Comunicará generosamente su doctrina
y pondrá todo su orgullo en la ley de la Alianza del Señor.

Muchos alabarán su inteligencia, que jamás será olvidada;
nunca dejarán de recordarlo, y su fama vivirá para siempre.
Los pueblos hablarán de su sabiduría
y la comunidad lo llenará de alabanzas.

Palabra de Dios.

104

El nombre de nuestros padres durará eternamente.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

44, 1. 10-15

Hagamos el elogio de aquellos hombres ilustres,
que fueron nuestros padres.
Ellos fueron misericordiosos
y sus obras no se han olvidado.
Se perpetúan en sus descendientes
y éstos son la rica herencia que han dejado.
Sus hijos siguen fieles a la alianza
y Sus nietos también, gracias a ellos.
Su gloria jamás se extinguirá.

Sus cuerpos fueron sepultados en paz
y su nombre durará eternamente.
Que proclamen los pueblos su sabiduría
y los alabe dignamente la asamblea.

Palabra de Dios.

105

El Señor ha hecho maravillas en toda la tierra.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

50, 24-26

Bendigan al Señor, Dios de Israel,
porque ha hecho maravillas en toda la tierra.
El nos dio la vida desde el seno materno
y nos ha tratado con misericordia.

Que el Señor nos conceda un corazón alegre,
que él haga reinar la paz en Israel ahora y para siempre.
Que el Señor nos haga confiar en su misericordia,
pues él nos salvará en nuestros días.

Palabra de Dios.

106

Me defendiste con tu gran misericordia.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

51,1-12

Quiero darte gracias, Señor y Rey,
y alabarte, Dios, mi salvador.
Voy a dar a conocer tu nombre,
porque has sido mi»ayuda y protección
y*me has salvado de la muerte;
me has puesto a salvo de las lenguas insidiosas
y de los labios que dicen mentiras contra mí.

Estuviste conmigo frente a mis adversarios;
me defendiste con tu gran misericordia
de aquellos que estaban listos para devorarme,
del poder de los que me perseguían a muerte,
de todos los peligros que me rodeaban.

Me salvaste de las llamas voraces que me cercaban,
de en medio de un fuego que no había yo encendido,
me libraste de las profundas entrañas del abismo,
de los labios maldicentes y mentirosos,
de las flechas de una lengua traidora.

Estuve a punto de morir y casi al borde del abismo;
me asediaban por todas partes y no había quien me ayudara,
buscaba un protector y no lo había.

Entonces, Señor, me acordé de tu misericordia
y de tu bondad, que son eternas;
que tú salvas a los que en ti confían
y los libras del poder de los malvados.

Palabra de Dios.

107

Siempre alabaré al Señor.

Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide)

51, 11-17

Me acordé, Señbr, de tu misericordia
y de tu bondad, que son eternas;
que tú salvas a los que en ti confían
y los libras del poder de los malvados.
Desde la tierra levanté mi voz
y supliqué ser librado de la muerte.

Invoqué al Señor:
“Tú eres mi Padre, mi poderoso salvador;
no me abandones en el día de la tribulación
ni me dejes sin ayuda ante Iqs déspotas.
Alabaré tu nombre sin cesar
y entonaré himnos de acción de gracias”.

El Señor escuchó mi voz
y prestó oídos a mi ruego;

me libró de todo mal
y me salvó en el día de la angustia.
Por eso te doy gracias y te alabo, Señor,
y bendeciré tu nombre para siempre.

Palabra de Dios.

108

Confluirán todas las naciones al monte del Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías

2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jervisalén:
En días futuros, el monte de la casa del Señor
será elevado en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas
y hacia él confluirán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán:
“Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob,
para que él nos instruya en sus caminos
y podamos marchar por sus sendas.
Porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén, la palabra del Señor”.

El será el árbitro de las naciones
y el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados
y de las lanzas, podaderas;
ya no alzará la espada pueblo contra pueblo,
ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha!
Caminemos a la luz del Señor.

Palabra de Dios.

109

¿A quién enviaré? ¿ Quién irá de parte mía?

Lectura del libro del profeta Isaías

6, 1-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno: con un par se cubrían el rostro; con otro, se cubrían los pies, y con el otro, volaban. Y se gritaban el uno al otro:

“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos;
su gloria llena toda la tierra”.

Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé:

“¡Ay de mí, estoy perdido,
porque soy un hombre de'labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
porque he visto con mis, ojos al rey y Señor de los ejércitos!”

Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que había.tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:

“Mira: Esto ha tocado tus labios.
Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.

Palabra de Dios.

110

¿A quién enviare? ¿ Quién irá de parte mía?

Lectura del libro del profeta Isaías

6,1-2. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno que se gritaban el uno al otro:

“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos;
su gloria llena toda la tierra”.

Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé:

“¡Ay de mí, estoy perdido,
porque soy un hombre de'labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
porque he visto con mis, ojos al rey y Señor de los ejércitos!”

Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que había.tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:

“Mira: Esto ha tocado tus labios.
Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.

Palabra de Dios.

111

¿A quién enviaré? ¿ Quién irá de parte mía?

Lectura del libro del profeta Isaías

6, 1. 6-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Y entonces voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que había tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:

“Mira: Esto ha tocado tus labios.
Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.

Palabra de Dios.

112

He aquí que la virgen concebirá.

Lectura del libro del profeta Isaías

7,10-14

En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”.

Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”.

Palabra de Dios.

113

Un hijo se nos ha dado.

Lectura del libro del profeta Isaías

9- 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;
sobre los que vivían en tierra de sombras,
una luz resplandeció.

Engrandeciste a tu pueblo
e hiciste grande su alegría.
Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque tú quebrantaste su pesado yugo,
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano,
como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será:
“Consejero Admirable”, “Dios Poderoso”,
“Padre Sempiterno”, “Príncipe de la Paz”;
para extender el principado con una paz sin límites
sobre el trono de David y sobre su reino;
para establecerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El celo del Señor lo realizará.

Palabra de Dios.

114

El espíritu del Señor se posará sobre él.

Lectura del libro del profeta Isaías

11, 1-4

En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará el espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de piedad y temor de Dios.

No juzgará por apariencias,
ni sentenciará de oídas;
defenderá con justicia al desamparado
y con equidad dará sentencia al pobre.

Palabra de Dios.

115

Destruirá la muerte para siempre.

Lectura del libro del profeta Isaías

25, 6-10

En aquel día, el Señor del universo
preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos
para todos los pueblos;
un banquete con vinos exquisitos
y manjares sustanciosos.
El arrancará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros
y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo.
Así lo ha dicho el Señor.

En aquel día se dirá:
“Aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara.
Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae,
porque la mano del Señor reposará en este monte”.

Palabra de Dios.

116

El Señor destruirá la muerte para siempre.

Lectura del libro del profeta Isaías

25, 6. 7-9

En aquel día, el Señor del universo
preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos
para todos los pueblos.

El arrancará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros
y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo.
Así lo ha dicho el Señor.

En aquel día se dirá:
“Aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara;
alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae”.

Palabra de Dios.

117

El Señor destruirá la muerte para siempre.

Lectura del libro del profeta Isaías

25, 6. 7-8

En aquel día, el Señor del universo
preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos
para todos los pueblos.

El arrancará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Palabra de Dios.

118

El fruto de la justicia será la paz.

Lectura del libro del profeta Isaías

32, 15-18

En aquellos días,
cuando sople sobre nosotros
el viento que viene de las alturas,
el desierto se convertirá en un vergel
y el vergel, en un bosque.
En el desierto vivirá la justicia
y en el vergel, el derecho.
El fruto de la justicia será la paz
y el derecho traerá calma y tranquilidad perpetuas.
Mi pueblo disfrutará de los beneficios de la paz
y vivirá en moradas tranquilas
y en mansiones seguras.

Palabra de Dios.

119

Fortalezcan las manos cansadas.

Lectura del libro del profeta Isaías

35,1-10

Esto dice el Señor:
“Regocíjate, yermo sediento.
Que se alegre el desierto y se cubra de flores,
que florezca como un campo de lirios,
que se alegre y dé gritos de júbilo,
porque le será dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Ellos verán la gloria del Señor,
el esplendor de nuestro Dios.
Fortalezcan las manos cansadas,
afiancen las rodillas vacilantes.
Digan a los de corazón apocado:

‘¡Animo! No teman.
He aquí que su Dios,
vengador y justiciero,
viene ya para salvarlos’.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos
y los oídos de los sordos se abrirán.
Saltará como un venado el cojo
y la lengua del mudo cantará.

Brotarán aguas en el desierto
y porrerán torrentes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque
y la tierra sedienta, en manantial.
En la guarida donde moran los chacales,
verdearán la caña y el papiro.

Habrá allí una calzada ancha,
que se llamará ‘Camino Santo’;
los impuros no la transitarán,
ni los necios vagarán por ella.

No habrá por ahí leones
ni se acercarán las fieras.
Por ella caminarán los redimidos.
Volverán a casa los rescatados por el Señor,
vendrán a Sión con cánticos de júbilo,
coronados de perpetua alegría;
serán su escolta el gozo y la dicha,
porque la pena y la aflicción habrán terminado”.

Palabra de Dios.

120

Tú eres mi siervo, yo te he elegido y no te he rechazado.

Lectura del libro del profeta Isaías

41, 8-10. 13-14

Esto dice el Señor Dios:
“Israel, siervo mío; Jacob, mi elegido;
estirpe de Abraham, mi amigo,
yo te recogí de los últimos rincones del mundo
y te llamé desde las tierras más lejanas,
y te dije: ‘Tú eres mi siervo,
yo te he elegido y no te he rechazado’.

No temas, porque yo estoy contigo;
no te angusties, porque yo soy tu Dios:
te fortalezco, te auxilio,
te sostengo con mi diestra justiciera.

Yo te tengo asido por la diestra
y yo mismo soy el que te ayuda.
No temas, gusanito de Jacob,
descendiente de Israel,
que soy yo, dice el Señor,
yo el que te ayuda;
tu redentor es el Dios de Israel”.

Palabra de Dios.

121

Yo he puesto mi espíritu en mi siervo.

Lectura del libro del profeta Isaías

42,1-3

Esto dice el Señor:
“Miren a mi siervo, a quien sostengo;
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu,
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
No gritará ni clamará,
no hará oír su voz en las plazas,
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Proclamará la justicia con firmeza”.

Palabra de Dios.

122

Yo soy del Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías

44,1-5

Escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido:
Esto dice el Señor, el que te hizo,
el que te formó en el seno materno,
el que es tu ayuda:

“No temas, Jacob, mi siervo amado,
a quien yo elegí.

Voy a derramar agua sobre la tierra sedienta,
arroyos en el desierto;
voy a derramar mi espíritu sobre tus hijos
y mi bendición, sobre tus descendientes.

Crecerán como hierba junto a la fuente,
como sauces, junto al arroyo.
Uno dirá: ‘Yo soy del Señor’;
otro se pondrá por nombre ‘Jacob’;
uno se tatuará en el brazo: ‘Yo soy del Señor’
y se pondrá por apellido ‘Israel’ ”.

Palabra de Dios.

123

Voy a derramar mi espíritu sobre tus hijos.

Lectura del libro del profeta Isaías

44,1-3

Escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido:
Esto dice el Señor, el que te hizo,
el que te formó en el seno materno,
el que es tu ayuda:

“No temas, Jacob, mi siervo amado,
a quien yo elegí.

Voy a derramar agua sobre la tierra sedienta,
arroyos en el desierto;
voy a derramar mi espíritu sobre tus hijos
y mi bendición, sobre tus descendientes”.

Palabra de Dios.

124

Te convertiré en luz de las naciones.

Lectura del libro del profeta Isaías

49,1-6

Escúchenme, islas;
pueblos lejanos, atiéndanme.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;
cuando aún estaba yo en el seno materno,
él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa,
me escondió en la sombra de su mano,
me hizo flecha puntiaguda,
me guardó en su aljaba y me dijo:
“Tú eres mi siervo, Israel;
en ti manifestaré mi gloria”.
¿Entonces yo pensé: “En vano me he cansado,
inútilmente he gastado mis fuerzas;
en realidad mi causa estaba en manos del Señor,
mi recompensa la tenía mi Dios”.

Ahora habla el Señor,
el que me formó desde el seno materno,
para que fuera su servidor,
para hacer que Jacob volviera a él
y congregar a Israel en torno suyo
—tanto así me honró el Señor
y mi Dios fue mi fuerza—
Ahora, pues, dice el Señor:
“Es poco que seas mi siervo
sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y reunir a los sobrevivientes de Israel;
te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue
hasta los últimos rincones de la tierra”.

Palabra de Dios.

125

Aunque hubiera una madre que se olvidara de su hijo, yo nunca me olvida ré de ti.

Lectura del libro del profeta Isaías

49, 13-15

Griten de alegría, cielos; regocíjate, tierra;
rompan, montañas a cantar,
porque el Señor consuela a su pueblo
y tiene misericordia de los desamparados.

“Sión había dicho: ‘El Señor me ha abandonado,
el Señor me tiene en el olvido’.
¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura
hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas?
Aunque hubiera una madre que se olvidara,
yo nunca me olvidaré de ti”,
dice el Señor todopoderoso.

Palabra de Dios.

126

No he apartado mi rostro de los insultos y salivazos.

Lectura del libro del profeta Isaías

50, 4-9

En aquel entonces dijo Isaías:
“El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia,
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro a los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia,
¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente.
El Señor es mi ayuda,
¿quién se atreverá a condenarme?”

Palabra de Dios.

127

La tierra entera verá la salvación que viene de nuestro Dios.

Lectura del libro del profeta Isaías

52, 7-10

¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes
al mensajero que anuncia la paz,
al mensajero que trae la buena nueva,
que pregona la salvación,
que dice a Sión: “Tu Dios es rey”!

Escucha: Tus centinelas alzan la voz
y todos a una gritan alborozados,
porque ven con sus propios ojos al Señor,
que retorna a Sión.

Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén,
porque el Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén.
Descubre el Señor su santo brazo
a la vista de todas las naciones.
Verá la tierra entera
la salvación que viene de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

128

El soportó nuestros sufrimientos.

Lectura del libro del profeta Isaías

52, 13—53, 12

He aquí que mi siervo prosperará
será engrandecido y exaltado,
será puesto en alto.
Muchos se horrorizaron al verlo,
porque estaba desfigurado su semblante,
que no tenía ya aspecto de hombre;
pero muchos pueblos se llenaron de asombro.
Ante él los reyes cerrarán la boca,
porque verán lo que nunca se les había contado
y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.

¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado?
¿A quién se le revelará el poder del Señor?
Creció en su presencia como planta débil,
como una raíz en el desierto.
No tenía gracia ni belleza.
No vimos en él ningún aspecto atrayente;
despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento;
como uno del cual se aparta la mirada,
despreciado y desestimado.

El soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso,
herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
El soportó el castigo que nos trae la paz.
Por sus llagas hemos sido curados.

Todos andábamos errantes como ovejas,
cada uno siguendo su camino,
y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca,
como un cordero llevado a degollar;
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.

Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron.
¿Quién se preocupó de su suerte?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo,
le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte,
aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá a sus descendientes, prolongará sus años
y por medio de él prosperarán los designios del Señor.
Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará;
con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos,
cargando con los crímenes de ellos.

Por eso le daré una parte entre los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos,
ya que indefenso se entregó a la muerte
y fue contado entre los malhechores,
¿ cuando tomó sobre sí las culpas de todos
e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

129

El Siervo del Señor cargó con nuestros sufrimientos.

Lectura del libro del profeta Isaías

53,1-5. 10-11

¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado?
¿A quién se le revelará el poder del Señor?

Creció en su presencia como planta débil,
como una raíz en el desierto.
No tenía gracia ni belleza.
No vimos en él ningún aspecto atrayente;
despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento;
como uno del cual se aparta la mirada,
despreciado y desestimado.

El soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso,
herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
El soportó el castigo que nos trae la paz.
Por sus llagas hemos sido curados.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá a sus descendientes, prolongará sus años
y por medio de él prosperarán los designios del Señor.
Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará;
con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos,
cargando con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios.

130

Busquen al Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías

55, 1-3. 6-9

Esto dice el Señor:
“Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua;
y los que no tienen dinero,
vengan, tomen trigo y coman;
tomen vino y leche sin pagar.
¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan
y el salario, en lo que no alimenta?

Escúchenme atentos y comerán bien,
saborearán platillos sustanciosos.
Préstenme atención, vengan a mí,
escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua,
cumpliré las promesas que hice a David.

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal, sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad;
a nuestro Dios, que está siempre dispuesto al perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
sus caminos no son mis caminos, dice el Señor.
¿Porque así como aventajan los cielos a la tierra,
así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos”.

Palabra de Dios.

131

Da semilla para sembrar y pan para comer.

Lectura del libro del profeta Isaías

55,6-13

Busquen al Señor, mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal, sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad;
a nuestro Dios, que está siempre dispuesto al perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
sus caminos no son mis caminos, dice el Señor.
Porque así como aventajan los cielos a la tierra,
así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos.

Como bajan del cielo la lluvia y la nieve
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar
y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá su misión.

Saldrán ustedes con alegría y los llevarán seguros:
a su paso los montes y las colinas cantarán
y aplaudirán los árboles silvestres.
En vez de espinos crecerán cipreses
y en lugar de ortigas, arrayanes.
Todo esto le dará gloria a Dios
y será un monumento que jamás se acabará.

Palabra de Dios.

132

Que regrese al Señor, porque él es rico en perdón.

Lectura del libro del profeta Isaías

55, 6-9

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal, sus planes; que regrese al Señor,
y él tendrá piedad; a nuestro Dios,
que está siempre dispuesto al perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
sus caminos no son mis caminos, dice el Señor.

Porque así como aventajan los cielos a la tierra,
así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos.

Palabra de Dios.

133

La lluvia hace germinar la tierra.

Lectura del libro del profeta Isaías

55,10-11

Esto dice el Señor:
“Como bajan del cielo la lluvia y la nieve
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar
y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá su misión”.

Palabra de Dios.

134

Mi casa será casa de oración para todos los pueblos.

Lectura del libro del profeta Isaías

56, l. é-l

Esto dice el Señor:
“Velen por los derechos de los demás,
practiquen la justicia,
porque mi salvación está a punto de llegar
y mi justicia a punto de manifestarse.

A los extranjeros que se han adherido al Señor
para servirlo, amarlo y darle culto,
a los que guardan el sábado sin profanarlo
y se mantienen fíeles a mi alianza,
los conduciré a mi monte santo
y los llenaré de alegría en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar,
porque mi casa será casa de oración
para todos los pueblos”.

Palabra de Dios.

135

Paz al que está lejos, paz al que está cerca.

Lectura del libro del profeta Isaías

57, 15-19

Esto dice el Señor sublime y excelso,
el que vive para siempre
y cuyo nombre es santo:

“No obstante la altura y santidad de mi trono,
estoy con los humillados y abatidos,
para reanimar a los humillados
y alentar a los abatidos.
No litigaré más contra mi pueblo
ni estaré siempre enojado,
porque entonces sucumbiría ante mí
el aliento de vida que yo he creado.

La codicia de mi pueblo me hizo enojar
y entonces yo lo herí;
me indigné y me escondí de ellos.
Pero se alejaron dejándose llevar por sus caprichos.
He visto su mala conducta,
y sin embargo, yo los sanaré
y los conduciré al buen camino;
yo los consolaré, a ellos y a los que lloran por ellos.
Y pondré en sus labios este canto:
Paz al que está lejos, paz al que está cerca,
dice el Señor. Yo mismo voy a curarlos’ ”.

Palabra de Dios.

136

Comparte tu pan con el hambriento.

Lectura del libro del profeta Isaías

58, 6-11

Esto dice el Señor:
“El ayuno que yo quiero de ti es éste:
que rompas las cadenas injustas
y levantes los yugos opresores;
que liberes a los oprimidos
y rompas todos los yugos;
que compartas tu pan con el hambriento
y abras tu casa al pobre sin techo;
que vistas al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.

Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
lo llamarás y te dirá: ‘Aquí estoy’.

Cuando renuncies a oprimir a los demás
y destierres de ti el gesto amenazador
y la palabra ofensiva;
cuando compartas tu pan con el hambriento
y sacies la necesidad del humillado,
brillará tu luz en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía.

El Señor te dará reposo permanente;
en el desierto saciará tu hambre y dará vigor a tu cuerpo;
serás como un huerto bien regado,
como un manantial cuyas aguas no se agotan”.

Palabra de Dios.

137

Caminarán los pueblos a tu luz.

Lectura del libro del profeta Isaías

60, 1-6

Levántate y resplandece, Jerusalén,
porque ha llegado tu luz
y la gloria del Señor alborea sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra
y espesa niebla envuelve a los pueblos;
pero sobre ti resplandece el Señor
y en ti se manifiesta su gloria.
Caminarán los pueblos a tu luz
y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor:
todos se reúnen y vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces verás esto radiante de alegría;
tu corazón se alegrará, y se ensanchará,
cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar
y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos y dromedarios,
procedentes de Madián y de Efá.
Vendrán todos los de Sabá
trayendo incienso y oro
y proclamando las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

138

El Señor me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres. (Cfr Lc 4, 18).

Lectura del libro del profeta Isaías

61,1-3

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido
y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres,
a curar a los de corazón quebrantado,
a proclamar el perdón a los cautivos,
y la libertad a los prisioneros;
a pregonar el año de gracia del Señor,
el día de la venganza de nuestro Dios.

El Señor me ha enviado a consolar a los afligidos,
los afligidos de Sión,
a cambiar su ceniza en diadema,
sus lágrimas en aceite perfumado de alegría
y su abatimiento, en cánticos.

Palabra de Dios.

139

El Señor me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres y a llenarlos con perfume de alegría.

Lectura del libro del profeta Isaías

61, 1-3. 6. 8-9

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido
y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres
a curar a los de corazón quebrantado,
a proclamar el perdón a los cautivos,
y la libertad a los prisioneros;
a pregonar el año de gracia del Señor,
el día de la venganza de nuestro Dios.

El Señor me ha enviado a consolar a los afligidos,
los afligidos de Sión,
a cambiar su ceniza en diadema,
sus lágrimas en aceite perfumado de alegría
y su abatimiento, en cánticos.
Ustedes serán llamados “sacerdotes del Señor”;
“ministros de nuestro Dios” se les llamará.

Esto dice el Señor:
“Yo les daré su recompensa fielmente
y haré con ellos un pacto perpetuo.
Su estirpe será célebre entre las naciones,
y sus vástagos, entre los pueblos.
Cuantos los vean reconocerán
que son la estirpe que bendijo el Señor”.

Palabra de Dios.

140

Me alegro en el Señor con toda mi alma.

Lectura del libro del profeta Isaías

61, 9-11

La estirpe de los justos será célebre entre las naciones,
y sus vástagos, entre los pueblos.
Cuantos los vean reconocerán
que son la estirpe que bendijo el Señor.

Me alegro en el Señor con toda el alma
y me lleno de júbilo en mi Dios,
porque me revistió con vestiduras de salvación
y me cubrió con un manto de justicia,
como el novio que se pone la corona,
como la novia que se adorna con sus joyas.

Así como la tierra echa sus brotes
y el jardín hace germinar lo sembrado en él,
así el Señor hará brotar la justicia
y la alabanza ante todas las naciones.

Palabra de Dios.

141

Voy a recordar los muchos beneficios que ha concedido el Señor a su pueblo de Israel.

Lectura del libro del profeta Isaías

63, 7-9

Voy a recordar la misericordia del Señor
y a cantar sus alabanzas,
por todo lo que ha hecho por nosotros,
y por los muchos beneñcios a la casa de Israel;
que nos ha concedido por su inmensa compasión y misericordia.

El Señor dijo:
“Ellos son ciertamente mi pueblo,
mis hijos, que no me van a traicionar”.
El Señor mismo fue su salvador en todas sus desgracias;
no les envió ni un ángel ni un mensajero,
sino que él en persona los salvó.
Los.rescató, lleno de amor y de clemencia,
los tomó y los llevó en sus brazos,
como lo ha hecho siempre.

Palabra de Dios.

142

Yo haré correr la paz sobre ella como un río.

Lectura del libro del profeta Isaías

66,10-14

Alégrense con Jerusalén, gocen con ella todos los que la aman, alégrense de su alegría todos los que por ella llevaron luto, para que se alimenten de sus pechos, se llenen de sus consuelos y se deleiten con la abundancia de su gloria.

Porque dice el Señor: “Yo haré correr la paz sobre ella como un río y la gloria de las naciones como un torrente desbordado. Como niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus rodillas; como un hijo a quien su madre consuela, así los consolaré yo. En Jerusalén serán ustedes consolados.

Al ver esto se alegrará su corazón y sus huesos florecerán como prado. Y los siervos del Señor conocerán su poder”.

Palabra de Dios.

143

Irás a donde yo te envíe.

Lectura del libro del profeta Jeremías

1, 4-9

En tiempo de Josías, el Señor me dirigió estas palabras:
“Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco;
desde antes de que nacieras,
te consagré como profeta para las naciones”.

Yo le contesté: “Pero, Señor mío,
yo no sé expresarme,
porque apenas soy un muchacho”.

El Señor me dijo:
“No digas que eres un muchacho,
pues irás a donde yo te envíe
y dirás lo que yo te mande.
No tengas miedo,
porque yo estoy contigo para protegerte”,
palabra del Señor.

El Señor extendió entonces su brazo,
con su mano me tocó la boca y me dijo:
“Desde hoy pongo mis palabras en tu boca”.

Palabra de Dios.

144

Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco.

Lectura del libro del profeta Jeremías

1, 4-10

En tiempo de Josías, el Señor me dirigió estas palabras:
“Desde antes de formarte en el seno materno,
te conozco desde antes de que nacieras,
te consagré profeta para las naciones”.

Yo le contesté: “Pero, Señor mío,
yo no sé expresarme,
porque apenas soy un muchacho”.

El Señor me dijo:
“No digas que eres un muchacho,
pues irás a donde yo te envíe
y dirás lo que yo te mande.
No tengas miedo,
porque yo estoy contigo para protegerte”,
palabra del Señor.

El Señor extendió entonces su brazo,
con su mano me tocó la boca y me dijo:
“Desde hoy pongo mis palabras en tu boca
y te doy autoridad sobre pueblos y reyes,
para que arranques y derribes,
para que destruyas y deshagas,
para que edifiques y plantes!’.

Palabra de Dios.

145

Diles todo lo que yo te mando. No temas delante de ellos.

Lectura del libro del profeta Jeremías

1, 17-19

En aquellos días, el Señor me dirigió estas palabras:
“Cíñete y prepárate;
ponte en pie y diles lo que yo te mando.
No temas, no titubees delante de ellos,
para que yo no te quebrante.

Mira: hoy te hhgo ciudad fortificada,
columna de hierro y muralla de bronce,
frente a toda esta tierra,
así se trate de los reyes de Judá, como de sus jefes,
de sus sacerdotes o de la gente del campo.
Te harán la guerra, pero no podrán contigo,
porque yo estoy a tu lado para salvarte”.

Palabra de Dios.

146

Había un fuegd ardiente encerrado en mi corazón.

Lectura del libro del profeta Jeremías

20, 7-9.

Me sedujiste, Señor, y me dejé ^pducir;
fuiste más fuerte que yo y mefvenciste.
He sido el hazmerreír de todos;
día tras día se burlqn de mí.
Desde que comencé a hablar,
he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción.
Por anunciar la palabra del Señor,
me he convertido en objeto de oprobio
y de burla todo el día.
He llegado a decirme: “Ya no me acordaré del Señor
ni hablaré más en su nombre”.
Pero había en mí como un fuego ardiente,
encerrado en mis huesos;
yo me esforzaba por contenerlo y no podía.

Palabra de Dios.

147

Yo te amo con amor eterno.

Lectura del libro del profeta Jeremías

3l, 1-4

“En aquel tiempo, dice el Señor,
yo seré el Dios de todas las tribus de Israel
y ellos serán mi pueblo.

El pueblo de Israel, que se libró de la espada,
halló misericordia en el desierto
y camina hacia el descanso;
el Señor se le apareció de lejos”.

Esto dice el Señor:
“Yo te amo con amor eterno,
por eso siempre me apiado de ti.
Volveré, pues, a construirte
y serás reconstruida, capital de Israel.
Volverás a tocar tus panderos
y saldrás a bailar entre músicos y coros”.

Palabra de Dios.

148

Una nueva alianza.

Lectura del libro del profeta Jeremías

31, 31-37

“Se acerca el tiempo, dice el Señor,
en que haré con la casa de Israel
y la casa de Judá una alianza nueva.

No será como la alianza que hice con los padres de ustedes,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.
Ellos rompieron mi alianza
y yo tuve que hacer un escarmiento con ellos.

Esta será la alianza nueva
que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente
y voy a grabarla en sus corazones.
Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano,
diciéndole: ‘Conoce al Señor’,
porque todos me van a conocer,
desde el más pequeño hasta el mayor de todos,
cuando yo les perdone sus culpas
y olvide para siempre sus pecados”.

Esto dice el Señor,
qué nos da el sol para iluminar el día
y la luna y las estrellas para iluminar la noche,
que encrespa el mar y hace rugir las olas,
cuyo*nombre es Señor de los ejércitos:
“Si estas leyes naturales dejaran de cumplirse,
dice el, Señor,
entonces también la descendencia de Israel,
dejaría de ser una nación ante mí para siempre”.

Esto dice el Señor:
“Si se pudiera medir la bóveda del cielo,
y se pudieran conocer los cimientos de la tierra,
entonces yo rechazaría a todos los hijos de Israel,
por todas las maldades que hicieron”.

Palabra de Dios.

149

Voy ol grabar mi ley en sus corazones.

Lectura del libro del profeta Jeremías

31, 31-34

“Se acerca el tiempo, dice el Señor,
en que haré con la casa de Israel
y la casa de Judá una alianza nueva.
No será como la alianza que hice con los padres de ustedes,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.
Ellos rompieron mi alianza
y yo tuve que hacer un escarmiento con ellos.

Esta será la alianza nueva
que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente
y voy a grabarla en sus corazones.
Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano,
diciéndole: ‘Conoce al Señor’,
porque todos me van a conocer,
desde el más pequeño hasta el mayor de todos,
cuando yo les perdone sus culpas
y olvide para siempre sus pecados”.

Palabra de Dios.

150

Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.

Lectura del libro del profeta Jeremías

31, 31-32. 33-34

“Se acerca el tiempo, dice el Señor,
en que haré con la casa de Israel
y la casa de Judá una alianza nueva.
No será como la alianza que hice con los padres de ustedes,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.

Esta será la alianza nueva
que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente
y voy a grabarla en sus corazones.
Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano,
diciéndole: ‘Conoce al Señor’,
porque todos me van a conocer,
desde el más pequeño hasta el mayor de todos.

Palabra de Dios.

151

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones

3, 17-26

Me han arrancado la paz
y ya no me acuerdo de la dicha.
Pienso que se me acabaron ya las fuerzas
y la esperanza en el Señor.

Fíjate, Señor, en mi pesar,
en esta amarga hiel que me envenena.
Apenas pienso en ello,
me invade el abatimiento.
Pero, apenas me acuerdo de ti,
me lleno de esperanza.

La misericordia del Señor nunca termina
y nunca se acaba su compasión;
al contrario, cada mañana se renuevan.
¡Qué grande es el Señor!

Yo me digo:
“El Señor es la parte que me ha tocado en herencia”
y en el Señor pongo mi esperanza.

El Señor es bueno con aquellos que en él esperan,
con aquellos que lo buscan.

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

152

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 22-26

La misericordia del Señor nunca termina
y nunca se acaba su compasión;
al contrario, cada mañana se renuevan.
¡Qué grande es el Señor!

Yo me digo:
“El Señor es la parte que me ha tocado en herencia”
y en el Señor pongo mi esperanza.

El Señor es bueno con aquellos que en él esperan,
con aquellos que lo buscan.

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

153

Te he puesto como centinela del pueblo de Israel.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

3,16-21

El Señor me habló y me dijo a mí, Ezequiel: “Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela del pueblo de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, se la anunciarás, de mi parte.

Si yo le digo al malvado que es reo de muerte, y tú no se lo advierte» para que cambie su mala conducta y conserve la vida, entonces el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré cuentas de su vida. Pero si tú se lo adviertes y no se arrepiente de su maldad y de su mala conducta, entonces él morirá por su culpa y tú salvarás tu vida.

Y si el justo se aparta de su vida justa y comete maldades, yo le pondré un tropiezo y morirá. Porque no se lo advertiste va a morir por su pecado y no se tendrán en cuenta las buenas obras que hizo, pero a ti te pediré cuentas de su vida. Y, por el contrario, si tú le adviertes al justo para que no peque y él no peca, ciertamente conservará su vida, porque se lo advertiste, y tú también salvarás tu vida”.

Palabra de Dios.

154

Conviértanse y arrepiéntanse de sus delitos.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

18, 21-23. 30-32

Esto dice el Señor: “Si el pecador se arrepiente de los pecados cometidos, guarda mis preceptos y practica la rectitud y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá; no me acordaré de los delitos que cometió; vivirá a causa de la justicia que practicó. ¿Acaso quiero yo la muerte del pecador, dice el Señor, y no más bien que enmiende su conducta y viva?

Pues bien, pueblo de Israel, yo juzgaré a cada uno de ustedes según su proceder, dice el Señor Dios. Arrepiéntanse de todos sus pecados, apártense de ellos y no morirán. Arrepiéntanse de todas las infidelidades que han cometido, estrenen un corazón nuevo y un espíritu nuevo y así no morirán, pues yo no quiero que nadie muera, dice el Señor Dios. Arrepiéntanse y vivirán”.

Palabra de Dios.

155

Como un pastor vela por su rebaño, así yo velaré por mis ovejas.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

34,11-16

Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.

Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.

Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios.

Buscaré a la bveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré en la justicia”.

Palabra de Dios.

156

Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

36,24-28

Esto dice el Señor: “Los sacaré de entre las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías.

Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis preceptos, y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”.

Palabra de Dios.

157

Nunca más volverán a ser dos naciones.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

37, 15-19. 21-22. 26-28

El Señor me dijo a mí, Ezequiel: “Hijo de hombre, toma una tabla y escribe en ella ‘ Judá’ y los israelitas que están con él; toma otra tabla y escribe en ella ‘Efraín’ y todo el pueblo de Israel que está con él. Empálmalas una con otra, de modo que formen una sola tabla y queden unidas en tu mano. Y cuando tus compatriotas te pidan que les expliques lo que quiere decir esto, respóndeles: ‘Esto dice el Señor: Voy a tomar la tabla de Efraín y a empalmarla con la tabla de Judá, de modo que formen una sola tabla y queden unidas en mi mano.

Voy a recoger de las naciones a donde emigraron, a todos los israelitas; de todas partes los congregaré para llevarlos a su tierra. Haré de ellos un solo pueblo en mi tierra, eií los montes de Israel; habrá un solo rey para todos ellos y nunca más volverán a ser dos naciones ni a dividirse en dos reinos.

Voy a hacer con ellos una alianza eterna de paz. Los asentaré, los haré crecer y pondré mi santuario entre ellos para siempre. En medio de ellos estará mi templo: yo voy a ser su Dios y ellos van a ser mi pueblo.

Las naciones sabrán que yo soy el Señor que santifica a Israel, cuando vean mi santuario en medio de ellos para siempre’ ”.

Palabra de Dios.

158

La gloria del Señor llenó el templo.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

43, 1-2. 4-7

En aquellos días, un ángel me llevó a la puerta del templo, que da hacia ,el oriente, y vi que la gloria del Señor venía del oriente. Se oía’un ruido como el estruendo de un río caudaloso y la tierra resplandecía .con pl fulgor de la gloria de Dios.

La gloria del Señor penetró en el templo por la puerta que da al oriente. El espíritu me levantó y me llevó al atrio interior y vi que la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces oique alguien me hablaba desde el templo, y el hombre que estaba junto a mí me dijo: “Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el lugar donde pongo las plantas de mis pies. Aquí habitaré para siempre con los hijos de Israel”.

Palabra de Dios.

159

Vi salir agua del templo: era, un agua que daba vida a todos los que la tocaban.

Lectura del libro del profetá Ezequiel

47, 1-9,12

En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. í*or debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho. Aquel hombre salió hacia el oriente, y con la cuerda que tenía en la mano, midió quinientos metros y me hizo atravesar por el agua, que me daba a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo pasar; el agua me daba a las rodillas. Midió quinientos más y me hizo cruzar; el agua me daba a la cintura. Era ya un torrente que yo no podía vadear, pues habían crecido las aguas y no se tocaba el fondo. Entonces me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”

Después me hizo volver a la orilla del torrente, y al mirar hacia atrás, vi una gran cantidad de árboles en una y otra orilla. Aquel hombre me dijo: “Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por dondequiera que el tormenté pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina”. Palabra de Dios.

160

Vi que salía agua del templo y todos los que tocaron esa agua quedaron sanos y salvos.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

47,1-2. 8-9. 12

En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho.

Aquel hombre me dijo: “Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por dondequiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina”.

Palabra de Dios.

161

No nos abandones nunca, por el honor de tu nombre.

Lectura del libro del profeta Daniel

3, 25. 34-43

En aquel tiempo, Azarías oró al Señor, diciendo:
“Señor, Dios nuestro, no nos abandones nunca;
por el honor de tu nombre no rompas tu alianza;
no apartes de nosotros tu misericordia,
por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Jacob, tu santo,
a quienes prometiste multiplicar su descendencia,
como las estrellas del cielo y las arenas de la playa.

Pero ahora, Señor, nos vemos empequeñecidos
frente a los demás pueblos
y estamos humillados por toda la tierra,
a causa de nuestros pecados.
Ahora no tenemos príncipe ni jefe ni profeta;
ni holocausto ni sacrificio ni ofrenda ni incienso;
ni lugar donde ofrecerte las primicias y alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón adolorido
y nuestro espíritu humillado,
como un sacrificio de carneros y toros,
como un millar de corderos cebados.
Que ése sea hoy nuestro sacrificio
y que sea perfecto en tu presencia,
porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Ahora te seguiremos de todo corazón;
te respetamos y queremos encontrarte;
no nos dejes defraudados.
Trátanos según tu clemencia
y tu abundante misericordia.
Sálvanos con tus prodigios
y da gloria a tu nombre”.

Palabra de Dios.

162

Su vestido era blanco como la nieve.

Lectura del libro del profeta Daniel

7, 9-10. 13-14

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
Vi que colocaban unos tronos
y un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como la nieve,
y sus cabellos, blancos como lana.
Su trono, llamas de fuego,
con ruedas encendidas.
Un río de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles lo servían,
millones y millones estaban a sus órdenes.
Comenzó el juicio y se abrieron los libros.

Yo seguí contemplando en mi visión nocturna
y vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
Y todos los pueblos y naciones
de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.

Palabra de Dios.

163

Muchos de los que duermen en el polvo, despertarán.

Lectura del libro del profeta Daniel

12,1-3

En aquel tiempo, se levantará Miguel, el gran príncipe que defiende a tu pueblo.

Será aquél un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo. Entonces se salvará tu pueblo; todos aquellos que están escritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo, despertarán: unos para la vida eterna, otros para el eterno castigo.

Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que enseñan a muchos la justicia, resplandecerán como estrellas por toda la eternidad.

Palabra de Dios.

164

Yo te desposaré conmigo para siempre.

Lectura del libro del profeta Oseas

2,16. 17. 21-22

Esto dice el Señor:
“Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto
y le hablaré al corazón.
Ella me responderá allá,
como cuando era joven,
como el día en que salió de Egipto.

Israel, yo te desposaré conmigo para siempre.
Nos uniremos en la justicia y la rectitud,
en el amor constante y la ternura;
yo te desposaré en la fidelidad
y entonces tú conocerás al Señor”.

Palabra de Dios.

165

Yo te desposaré conmigo para siempre.

Lectura del libro del profeta Oseas

2, 16. 21-22

Esto dice el Señor:
“Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto
y le hablaré al corazón.

Israel, yo te desposaré conmigo para siempre.
Nos uniremos en la justicia y la rectitud,
en el amor constante y la ternura;
yo te desposaré en la fidelidad
y entonces tú conocerás al Señor”.

Palabra de Dios.

166

Yo los atraía hacia mí con las cadenas del amor.

Lectura del libro del profeta Oseas

11, ¡9 3-4. 8-9

“Cuando Israel era niño, yo lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo, dice el Señor.
Yo fui quien enseñó a andar a Efraín;
yo, quien lo llevaba en brazos;
pero no comprendieron que yo cuidaba de ellos.
Yo los atraía hacia mí con los lazos del cariño,
con las cadenas del amor.
Yo fui para ellos como un padre
que estrecha a su creatura
y se inclina hacia ella para darle de comer.

Mi corazón se conmueve dentro de mí
y se inflama toda mi compasión.
No cederé al ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
pues yo soy Dios y no hombre,
santo en medio de ti
y no enemigo a la puerta”.

Palabra de Dios.

167

Enluten su corazón y no sus vestidos.

Lectura del libro del profeta Joel

2, 12-18

Esto dice el Señor:
“Todavía es tiempo.
Vuélvanse a mí de todo corazón,
con ayunos, con lágrimas y llanto;
enluten su corazón y no sus vestidos.

Vuélvanse al Señor Dios nuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en clemencia,
y se conmueve ante la desgracia.

Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros
y nos deje una bendición,
que haga posibles las ofrendas y libaciones
al Señor, nuestro Dios.

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno,
convoquen la asamblea, reúnan al pueblo,
santifiquen la reunión, junten a los ancianos,
convoquen a los niños, aun a los niños de pecho.
Que el recién casado deje su alcoba
y su tálamo la recién casada.

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, diciendo:
‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo.
No entregues tu heredad a la burla de las naciones.
Que no digan los paganos: ¿Dónde está el Dios de Israel?’

Y el Señor se llenó de celo por su tierra
y tuvo piedad de su pueblo.

Palabra de Dios.

168

Las trojes se llenarán de trigo.

Lectura del libro del profeta Joel

2, 21-24. 26-27

Esto dice el Señor:
“No temas, tierra; alégrate y regocíjate,
porque el Señor ha hecho grandes cosas contigo.
No teman, animales del campo,
porque reverdecerán los pastizales del llano.
Los árboles producirán sus frutos,
y habrá higos y uvas en abundancia.

Alégrense hijos de Israel,
y festejen al Señor, su Dios,
que les da conforme a su promesa

la lluvia tempranera, y también la tardía, como antaño.
Las trojes se llenarán de trigo
y los lagares rebosarán de aceite y vino.

Comerán hasta saciarse
y alabarán al Señor, su Dios,
que hizo prodigios en bien de ustedes.
Y mi pueblo no quedará defraudado jamás.

Entonces sabrán que yo estoy en medio de Israel,
que yo soy el Señor, su Dios, y que no hay otro.
Y mi pueblo no quedará defraudado jamás”.

Palabra de Dios.

169

Derramaré mi espíritu sobre mis siervos y siervos.

Lectura del libro del profeta Joel

1 23. 26-3, 1-3

Esto dice el Señor:
“Alégrense, hijos de Israel,
y festejen al Señor, su Dios.
Comerán hasta saciarse
y alabarán al Señor, su Dios,
que hizo prodigios en bien de ustedes.
Y mi pueblo no quedará defraudado jamás.

Entonces sabrán que yo estoy en medio de Israel,
que yo soy el Señor, su Dios, y que no hay otro.
Y mi pueblo no quedará defraudado jamás.

Derramaré mi espíritu sobre todos;
profetizarán sus hijos y sus hijas,
sus ancianos soñarán sueños
y sus jóvenes verán visiones.
También sobre mis siervos y mis siervas
derramaré mi espíritu en aquellos días”.

Palabra de Dios.

170

Derramaré mi espíritu sobre mis siervos y siervas.

Lectura del libro del profeta Joel

3, 1-5

Esto dice el Señor Dios:

Derramaré mi espíritu sobre todos;
profetizarán sus hijos y sus hijas,
sus ancianos soñarán sueños
y sus jóvenes verán visiones.
También sobre mis siervos y mis siervas
derramaré mi espíritu en aquellos días”.

Haré prodigios en el cielo y en la tierra:
sangre, fuego, columnas de humo.
El sol se oscurecerá,
la luna se pondrá color de sangre,
antes de que llegue el día grande y terrible del Señor.

Cuando invoquen el nombre del Señor se salvarán,
porque en el monte Sión y en Jerusalén quedará un grupo,
como lo ha prometido el Señor
a los sobrevivientes que ha elegido”.

Palabra de Dios.

171

Busquen el bien y vivirán.

Lectura del libro del profeta Amos

5, 4. 14-15. 21-24

Esto dice el Señor a la casa de Israel:
“Búsquenme y vivirán.
Busquen el bien, no el mal, y vivirán,
y así estará con ustedes, como ustedes mismos dicen,
el Señor, Dios de los ejércitos.
Aborrezcan el mal y amen el bien,
implanten la justicia en los tribunales;
quizá entonces el Señor, Dios de los ejércitos,
tenga piedad de los sobrevivientes de José.

Yo desprecio y detesto las fiestas de ustedes,
no me agradan sus solemnidades.
Aunque me ofrezcan holocaustos,
no aceptaré sus ofrendas
ni miraré con agrado sus sacrificios de novillos gordos.
Alejen de mí el ruido de sus canciones;
no quiero escuchar la música de sus arpas.
Que fluya la justicia como el agua
y la bondad como un torrente inagotable”.

Palabra de Dios.

172

Loá habitantes de Nínive se arrepintieron de su mala conducta.

Lectura del libro del profeta Jonás

1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: “Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar”.

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.; Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se,levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: “Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos”.

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Palabra de Dios.

173

¿No voy yo a tener lástima de Nínive?

Lectura del libro del profeta Jonás

3, 10-4, 11

Cuando Dios vio las obras de los habitantes de Nínive y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Jonás se disgustó mucho de que Dios no hubiera castigado a los habitantes de Nínive, e irritado, oró al Señor en estos términos: “Señor, esto es lo que yo me temía cuando estaba en mi tierra, y por eso me di prisa en huir a Tarsis. Bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo, lleno de paciencia y de misericordia, siempre dispuesto a perdonar. Ahora, Señor, quítame la vida, pues prefiero morir a vivir”. Pero el Señor le respondió: “¿Crees que hay motivo para que te enojes?”

Jonás salió de Nínive y acampó al oriente de la ciudad. Allí construyó una enramada y se sentó a su sombra, para ver qué pasaba con Nínive. Entonces, el Señor Dios hizo nacer una hiedra, que creció tan tupida, que le daba sombra y lo resguardaba del ardor del sol. Jonás se puso muy contento por la hiedra.

Pero al día siguiente, al amanecer, el Señor envió un gusano, el cual dañó la hiedra, que se secó. Y cuando el sol ya quemaba, el Señor envió un viento caliente y abrasador; el sol le daba a Jonás en la cabeza y lo hacía desfallecer. Entonces Jonás deseó morir y dijo: “Prefiero morir a vivir”.

Entonces el Señor le dijo a Jonás: “¿Crees que hay motivo para que te enojes así por la hiedra?” Contestó él: “Sí, y tanto, que quisiera morirme”. Le respondió el Señor: “Tú estás triste por una hiedra que no cultivaste con tu trabajo, que nace una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad, en donde viven más de ciento veinte mil seres humanos que no son responsables y gran cantidad de ganado?

Palabra de Dios.

174

Ya no se adiestrarán para la guerra.

Lectura del libro del profeta Miqueas

4, 1-4

En días futuros, el monte de la casa del Señor
estará firme en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él correrán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán:
“Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob,
para que él nos instruya en sus caminos
y podamos marchar por sus senderos,
porque de Sión saldrá la ley,
y de Jerusalén, la palabra del Señor”.

El será árbitro entre naciones poderosas
y el juez de numerosos pueblos.
De las espadas forjarán arados,
y de las lanzas, azadones.
Ningún pueblo levantará la espada contra otro
y ya no se adiestrarán para la guerra.

Cada uno descansará bajo su vid y su higuera,
sin ningún sobresalto,
porque lo ha dicho el Señor de los ejércitos.

Palabra de Dios.

175

Hasta que dé a luz la que ha de dar a luz.

Lectura del libro del profeta Miqueas

5, 1-4

Esto dice el Señor:
“De ti, Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel,
cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados,
a los días más antiguos.

Por eso, el Señor abandonará a Israel,
mientras no dé a luz la que ha de dar a luz.
Entonces el resto de sus hermanos
se unirá a los hijos de Israel.
El se levantará para pastorear a su pueblo
con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios.
Ellos habitarán tranquilos,
porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra
y él mismo será la paz”.

Palabra de Dios.

176

Te daré a conocer lo que el Señor quiere de ti.

Lectura del libro del profeta Miqueas

6, 6-8

¿Qué cosa digna le ofreceré al Señor,
postrado ante el Dios del cielo?
¿Le ofreceré en holocausto becerros de un año?
¿Aceptará el Señor un millar de carneros
o diez mil ríos de aceite?
¿En expiación por mis culpas le ofreceré a mi primogénito,
al fruto de mis entrañas, por mi pecado?

Hombre, ya te he explicado lo que es bueno,
lo que el Señor desea de ti:
que practiques la justicia y ames la lealtad
y que seas humilde con tu Dios.

Palabra de Dios.

177

Dejaré, en medio de ti, un pueblo pobre y humilde.

Lectura del libro del profeta Sofonías

2, 3; 3, 12-13

Busquen al Señor,
ustedes, los humildes de la tierra,
los que cumplen los mandamientos de Dios.
Busquen la justicia, busquen la humildad.
Quizá puedan así quedar a cubierto
el día de la ira del Señor.

“Aquel día, dice el Señor,
yo dejaré en medio de ti, pueblo mío,
un puñado de gente pobre y humilde.

Este resto de Israel
confiará en el nombre del Señor.
No cometerá maldades ni dirá mentiras;
no se hallará en su boca una lengua embustera.
Permanecerán tranquilos
y descansarán sin que nadie los moleste”.

Palabra de Dios.

178

El Señor será el rey de Israel dentro de ti.

Lectura del libro del profeta Sofonías

3, 14-18

Canta, hija de Sión,
da gritos de júbilo, Israel,
gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti,
ha expulsado a todos tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel en medio de ti
y ya no temerás ningún mal.

Aquel día dirán a Jerusalén:
“No temas, Sión,
que no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador,
está en medio de ti.
El se goza y se complace en ti;
él te ama y se llenará de júbilo por tu causa,
como en los días de fiesta.
Apartaré de ti la desgracia
y el oprobio que pesa sobre ti”.

Palabra de Dios.

179

El Señor será el rey de Israel dentro de ti.

Lectura del libro del profeta Sofonías

3, 14-18

Canta, hija de Sión,
da gritos de júbilo, Israel,
gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti,
ha expulsado a todos tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel en medio de ti
y ya no temerás ningún mal.

Aquel día dirán a Jerusalén:
“No temas, Sión,
que no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador,
está en medio de ti.
El se goza y se complace en ti;
él te ama y se llenará de júbilo por tu causa,
como en los días de fiesta”.

Palabra de Dios.

180

Israel, el Señor será tu rey.

Lectura del libro del profeta Sofonías

3, 14-15

Canta, hija de Sión,
da gritos de júbilo, Israel,
gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti,
ha expulsado a todos tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel en medio de ti
y ya no temerás ningún mal.

Palabra de Dios.

181

Entonces yo los reuniré.

Lectura del libro del profeta Sofonías

3, 16-20

“No temas, Sión,
que no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador,
está en medio de ti.
El se goza y se complace en ti;
él te ama y se llenará de júbilo por tu causa,
como en los días de fiesta.

Apartaré de ti la desgracia
y el oprobio que pesa sobre ti.
Ese día yo mismo exterminaré a los que te oprimen,
cuidaré de las ovejas que cojean
y reuniré a las que están dispersas.
Te daré fama y honor
en los países en donde ahora te desprecian.

Ese día haré venir a tus hijos
y cuando los haya reunido,
les daré fama y honor
ante todos los pueblos del mundo,
cuando ante tus propios ojos,
haga volver a los cautivos”.

Palabra de Dios.

182

Regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti.

Lectura del libro del profeta Zacarías

2, 14-17

“Canta de gozo y regocíjate, Jerusalén,
pues vengo a vivir en medio de ti, dice el Señor.
Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día;
ellas también serán mi pueblo
y yo habitaré en medio de ti
y sabrás que el Señor de los ejércitos
me ha enviado a ti.
El Señor tomará nuevamente a Judá
como su propiedad personal en la tierra santa
y Jerusalén volverá a ser la ciudad elegida’’.

¡Que todos guarden silencio ante el Señor,
pues él se levanta ya de su santa morada!

Palabra de Dios.

183

Vendrán numerosos pueblos a buscar al Señor en Jerusalén.

Lectura del libro del profeta Zacarías

8, 20-23

Esto dice el Señor de los ejércitos: “Vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades. Y los habitantes de una ciudad irán a ver a los de la otra y les dirán: ‘Vayamos a orar ante el Señor y a implorar la ayuda del Señor de los ejércitos’. ‘Yo también voy’. Y vendrán numerosos pueblos y naciones poderosas a orar ante el Señor Dios en Jerusalén y a implorar su protección”.

Esto dice el Señor de los ejércitos: “En aquellos días, diez hombres de cada lengua extranjera tomarán por el borde del manto a un judío y le dirán: ‘Queremos ir contigo, pues hemos oído decir que Dios está con ustedes’ ”.

Palabra de Dios.

184

Romperá el arco del guerrero.

Lectura del libro del profeta Zacarías

9, 9-10

Esto dice el Señor:
“Alégrate sobremanera, hija de Sión;
da gritos de júbilo, hija de Jerusalén;
mira a tu rey que viene a ti,
justo y victorioso,
humilde y montado en un burrito.

El hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra
y de Jerusalén, los caballos de combate.
Romperá el arco del guerrero
y anunciará la paz a las naciones.
Su poder se extenderá de mar a mar
y desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra”.

Palabra de Dios.

185

Mirarán al que atravesaron con la lanza.

Lectura del libro del profeta Zacarías

12, 10-11; 13, 6-7

Esto dice el Señor: “Derramaré sobre la descendencia de David y sobre los habitantes de Jerusalén, un espíritu de piedad y de compasión y ellos volverán sus ojos hacia mí, a quien traspasaron con la lanza. Harán duelo, como se hace duelo por el hijo único y llorarán por él amargamente, como se llora por la muerte del primogénito.

En ese día será grande el llanto en Jerusalén, como el llanto en la aldea de Hadad-Rimón, en el valle de Meguido.

Entonces si alguien le pregunta: ¿Qué significan esas heridas que tienes en tus manos?’ Les responderá: ‘Son las heridas que me hicieron en la casa de aquellos que me amaban’.

¡Levántate, espada, contra mi pastor y contra mi ayudante, dice el Señor de los ejércitos! Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas, y después castigaré también a los más pequeños”

Palabra de Dios.

186

Entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan.

Lectura del libro del profeta Malaquías

3, 1-4

Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. El preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos.

¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos”.

Palabra de Dios.

Lecturas
del Nuevo Testamento

187

Ella ha concebido por obra del Espiritu Santo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

1, 1-16 18-23

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

1, 18-23

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Palabra del Señor.

188

José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

1, 16. 18-24

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor.

189

Le pondrás el nombre de Jesús.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

1. 18-25

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús.

Palabra del Señor.

190

Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

2, 13-15. 19-23

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno.

Palabra del Señor.

191

Herodes mandó matar a todos los niños mejores de dos años en la comarca de Belén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

2, 13-18:

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado.

Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos.

Palabra del Señor.

192

Ellos inmediatamente, dejando las redes, lo siguieron.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

4, 18-22

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Palabra del Señor.

193

Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo:

“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

Palabra del Señor.

194

Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a enseñar a sus discípulos, hablándoles así:

“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

Palabra del Señor.

195

Ustedes son la luz del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos.

No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos” .

Palabra del Señor.

196

Ustedes son la luz del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

Palabra del Señor.

197

Ustedes son la luz del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos.

No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos” .

Palabra del Señor.

198

Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 20-24

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda” .

Palabra del Señor.

199

Ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 23-24

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda”

Palabra del Señor.

200

Yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

5, 38-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.

Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Palabra del Señor.

201

Señor, enseñanos a orar.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

6, 9-13.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, digan:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Palabra del Señor.

202

No se preocupen por el mañana.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

6, 31-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No se inquieten pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas” .

Palabra del Señor.

203

Todo el que pide, recibe.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre. ¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan” .

Palabra del Señor.

204

Jesús les enseñaba como quien tiene autoridad.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘ ¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’. Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente” .

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Palabra del Señor.

205

Edificó su casa sobre roca.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

7, 21. 24-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘ ¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

7, 21. 24-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘ ¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

Palabra del Señor.

206

Una casa edificada sobre roca y la otra, sobre arena.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

7, 21. 24-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘ ¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’. Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.

Palabra del Señor.

207

Señor, si quieres, puedes curarme.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

8, 1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante Él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.

Palabra del Señor.

208

Él hizo suyas nuestras debilidades.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. Él le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: `¡Ve!, él va; al otro: “Ven!”, y viene; a mi criado: `¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”.

Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

8, 5-13

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. Él le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: `¡Ve!, él va; al otro: “Ven!”, y viene; a mi criado: `¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”.

Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se curó el criado.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

8, 14-17

En aquel tiempo, al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

Palabra del Señor.

209

El hizo suyas nuestras debilitades.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

8, 14-17

En aquel tiempo, al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

Palabra del Señor.

210

Glorificaron a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde Él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”.

Al oír esto, algunos escribas pensaron: “Este hombre está blasfemando”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, —le dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

Palabra del Señor.

211

Sigueme. El se levantó y lo seguió.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

9, 9-13

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Palabra del Señor.

212

La cosecha es mucha y los trabajadores pocos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

9, 32-38

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Palabra del Señor.

213

Jesús envió a sus doce apóstoles con instrucciones.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

9, 35-10, 1.

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Palabra del Señor.

214

Jesús elige a sus doce apóstoles y los envía.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

9, 36-38; 10, 1-8

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús.

Palabra del Señor.

215

Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

10, 7-13

En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: “Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: ‘Que haya paz en esta casa’. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará”.

Palabra del Señor.

216

Los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

10, 17-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará”.

Palabra del Señor.

217

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

10, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre”.

El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor.

Palabra del Señor.

218

No tengan miedo a los que matan el cuerpo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

10, 26-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

Palabra del Señor.

219

No tengan miedo a los que matan el cuerpo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

10, 28-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

Palabra del Señor.

220

No he venido a traer la paz, sino la guerra.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

10, 34-39

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Palabra del Señor.

221

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

Palabra del Señor.

222

Señalando a sus discípulos, dijo: Éstos son mi madre y mis hermanos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

12,46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”.

Pero Él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Palabra del Señor.

223

Una vez salió un sembrador a sembrar.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

13, 1-9

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que Él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

Palabra del Señor.

224

A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

13, 16-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discipulos: “Dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Palabra del Señor.

225

Va, vende cuanto tiene y compra aquel campo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

13, 44-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra”.

Palabra del Señor.

226

Cosas nuevas y cosas antigua.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

13,47-52

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

Palabra del Señor.

227

¿No es éste el hijo del carpinter.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

13, 54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a -la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: “Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa”. Y no hizo muchos milagros ahí por la incredulidad de ellos.

Palabra del Señor.

228

Comieron todos hasta saciarse.

Lectura del santo. Evangelio según san Mateo

14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos }ue habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran mos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor.

229

Mándame ir a ti caminando sobre el agua.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.

230

Jesús cura a muchos enfermos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

15, 29-31

En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.

Palabra del Señor.

231

Tú eres Pedro y a ti te daré las llaves del Reino de los cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

16, 13-19

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elias; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Palabra del Señor.

232

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

16, 13-18

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elias; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella” .

Palabra del Señor.

233

El que pierda su vida por mí, la encontrará.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

Í6, 24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, lá encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿ Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras”.

Palabra del Señor.

234

Su rostro se puso resplandeciente como el sol.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el "hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elias, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elias”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

Palabra del Señor.

235

Sus ángeles en el cielo ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

18, 1-5. 10

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: Quién es más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que Sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo”.

Palabra del Señor.

236

Si no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

18, 1-5

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí”.

Palabra del Señor.

237 Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les ^seguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues dónde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

Palabra del Señor.

238

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

18, 19-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

Entonces Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Palabra del Señor.

239

Por el Reino de los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerle una trampa: “¿Le está permitido al hombre livorciarse de su esposa por cualquier motivo?”

Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa7 De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

Pero ellos replicaron: “Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación cuando se divorcia de ella?”

Jesús les contestó: “Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que viva en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio”.

Entonces le dijeron sus discípulos: “Si esa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”.

Pero Jesús les dijo: “No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo jtquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que desde su nacimiento son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo”.

Palabra del Señor.

240

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

19, 3-6

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerle una trampa: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”

Jesús le respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa*? De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

Palabra del Señor.

241

Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y sígueme.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

19, 16-26

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un joven y le preguntó: “Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?” Le respondió Jesús: “¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios. Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos”. El replicó: “¿Cuáles?”

Jesús le dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.

Le dijo entonces el joven: “Todo eso lo he cumplido desde mi niñez, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”. Al oír estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era muy rico.

Entonces, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”.

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces ¿quién podrá salvarse?” Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”.

Palabra del Señor.

242

Ustedes, los que han dejado todo y me han seguido, recibirán el ciento por uno.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

19, 27-29

En aquel tiempo, Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?” Jesús le dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna”.

Palabra del Señor.

243

Beberán mi cáliz.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebe-deo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. El le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos sé sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, qUe sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo-así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

Palabra del Señor.

244

El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea su esclavo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

20, 25-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

Palabra del Señor.

245

Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Palabra del Señor.

246

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

22, 34-40

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó, para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?” .

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mexite. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.

Palabra del Señor.

247

Este es el más grande y el primero de los mandamientos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

22' 35-40

En aquel tiempo, un fariseo que era doctor de la ley, le preguntó a Jesús, para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Esté es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Ama. rás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fu^. dan toda la ley y los profetas”.

Palabra del Señor.

248

Que el mayor de ustedes sea el servidor de ustedes.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

23, 8-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Palabra del Señor.

249

Por mi causa los odiará todo el mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

24, 4-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de que nadie los engañe, porque muchos usurparán mi nombre, diciendo: ‘Yo soy el Mesías’, y engañarán a mucha gente. No se alarmen cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerras; todo eso tiene que suceder, pero todavía no será el fin. Porque se levantará en armas una nación contra otra y un reino contra otro. En muchas partes habrá hambre y terremotos. Y esto no es más que el comienzo de los grandes dolores.

Entonces ustedes serán entregados al sufrimiento y a la muerte; por mi causa los odiará todo el mundo. En aquellos días, muchos desertarán, se traicionarán y odiarán unos a otros. Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a mucha gente. Y crecerá tanto la maldad, que en muchos el amor se apagará; pero el que permanezca firme hasta el final, ése se salvará”.

Palabra del Señor.

250

¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

25, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.

Por eso, estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

Palabra del Señor.

251

Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, entra a tomar parte en la alegría de tu señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

25, 14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco millones; a otro dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

El que recibió cinco millones fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un millón hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.

Se acercó el que había recibido cinco millones y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco millones me dejaste, aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.

Se acercó luego el que había recibido dos millones y le dijo: ‘Señor, dos millones me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.

Finalmente se acercó el que había recibido un millón y le dijo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu millón bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’.

El señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo recibiera yo con intereses? Quítenle el millón y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’ ”.

Palabra del Señor.

O bien: Forma brev.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

25, 14-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco millones; a otro dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

El que recibió cinco millones fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un millón hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus sevidores.

Se acercó el que había recibido cinco millones y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco millones me dejaste, aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.

Se acercó luego el que había recibido dos millones y lé dijo: ‘Señor, dos millones me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel eñ cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’ ”.

Palabra del Señor.

252

Cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento, y me dieron de comer; sediento, y me dieron de beber; era forastero, y me hospedaron; estuve desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; encarcelado, y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero, y te hospedamos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado, y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento, y no me dieron de comer; sediento, y no me dieron de beber; era forastero, y no me hospedaron; estuve desnudo, y no me vistieron; enfermo y encarcelado, y no me visitaron’.

Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado, y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

25, 3lr40

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento, y me dieron de comer; sediento, y me dieron de beber; era forastero, y me hospedaron; estuve desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; encarcelado, y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero, y te hospedamos; o desnudo, y te^yestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado, y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo Ies aseguro que, cuando lo hicieron con el más, insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Palabra del Señor.

253

Cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

25; 31-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ove jas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento, y me dieron de comer; sediento, y me dieron de beber; era forastero, y me hospedaron; estuve desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; encarcelado, y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero, y te hospedamos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado, y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Palabra del Señor.

254

Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

26, 47-56

Todavía estaba hablando Jesús con sus discípulos, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal: “Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo”. Al instante se acercó a Jesús y le dijo: “¡Buenas noches, Maestro!” Y lo besó. Jesús le dijo: “Amigo, ¿es esto a lo que has venido?” Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron.

Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús: “Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá.

¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?” Enseguida dijo Jesús a aquella chusma: “¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas”. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Palabra del Señor.

255

Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

27, 33-50

Cuando los soldados llegaron a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la Causa de su condena: ‘Este es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su •confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ ”. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: “Eli, Eli, ¿lemá sabactaní?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Está llamando a Elias”.

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: “Déjalo. Vamos a ver si viene Elias a salvarlo”. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

Palabra del Señor.

256

Vayan y enseñen a todas las naciones.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Palabra del Señor.

257

Enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

28, 18-20

En aquel tiempo, Jesús sé acercó a sus once discípulos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo”.

Palabra del Señor.

258

Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

1, 1-8. 14-15

Este es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito:

He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti,
a preparar tu camino.
Voz del que clama en el desierto:
“Preparen el camino del Señor,
enderecen sus senderos”.

En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Palabra del Señor.

259

Jesús fue bautizado por Juan en el Jordán.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

1, 9-11

Por aquellos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”.

Palabra del Señor.

260

Los haré pescadores de hombres.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús le dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante, vio a Santigo y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

Palabra del Señor.

261

Recorrió toda Galilea predicando en las sinagogas.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

1, 35-39

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dije ron: “Todos te andan buscando”. El les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

Palabra del Señor.

262

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban ahí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla ése así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”

Palabra del Señor.

263

El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

3, 31-35

En aquél tiempo, la madre y los parientes de Jesús llegaron a la casa donde se encontraba él, se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan’

El les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Palabra del Señor.

264

Salió el sembrador a sembrar.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

4, 1-10. 13-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

“Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo, y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Jesús les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra.

‘Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes Se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

‘Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen Táíces, son inconstantes y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

‘Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, ‘los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

4, 1-9

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

“Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo, y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Palabra del Señor.

265

Salió el sembrador a sembrar.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

4, 1-9

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

“Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron.

Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo, y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Palabra del Señor.

266

El hombre siembra su campo y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

4,26-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Palabra del Señor.

267

¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” El se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”

Palabra del Señor.

268

Cuéntales lo misericordioso que ha sido Dios contigo.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

5, 18-20

En aquel tiempo, mientras Jesús se embarcaba, el endemoniado le suplicaba que lo admitiera en su compañía, pero él no se lo permitió y le dijo: “Vete a tu casa a vivir con tu familia y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor contigo”. Y aquel hombre se alejó de ahí y se puso a proclamar por la región de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos los que lo oían se admiraban.

Palabra del Señor.

269

Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella sé la* entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Palabra del Señor.

270

Vengan conmigo para que descansen.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús*y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Palabra del Señor.

271

Denles ustedes de comer.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

6,34-44

En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: “Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer”. El les replicó: “Denles ustedes de comer”. Ellos le dijeron: “¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” El les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Cuando lo averiguaron, le dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.

Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.

Comieron todos hasta saciarse, y con la sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.

Palabra del Señor.

272

Es necesario que el Hijo del hombre padezca mucho.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

8, 31-34

En aquel tiempo, Jesús se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escritas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

Después llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijoi “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”.

Palabra del Señor.

273

Este es mi Hijo amado.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto:y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elias y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elias”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”.

En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

Palabra del Señor.

274

El que reciba a uno de estos niños, a mí me recibe.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

9, 33-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante.

Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.

Palabra del Señor.

275

Ya no son dos, sino una sola cosa.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 6-9

En aquel tiempo, Jesús les respondió a los fariseos: “Desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Palabra del Señor.

276

Dejen que los niños se acerquen a mi.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 13-16

En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.

Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

277

Vende todo lo que tienes y sígueme.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestón 4‘¿ Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: ^Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo,: “Es imposible para lo¡=¡ hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”,

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.

Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Palabra del Señor.

278

Vende todo lo que tienes y sígueme.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, más no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Palabra del Señor.

279

Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 24-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.

Palabra del Señor.

280

Recibirán el ciento por uno en esta vida, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 28-30 i i;

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús; “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte” .

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.

Palabra del Señor.

281

Jesús, hijo de David, ten compasión de mi.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Animo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”.

Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.

Palabra del Señor.

282

Agarraron al hijo, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo:

“Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.

A su tiempo, les envió a los viñadores a un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada. Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles a otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.

Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros. ¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?”

Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de allí.

Palabra del Señor.

283

Escucha, Israel: amarás al Señor, tu Dios, con tocio tu corazón.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

O bien: Forma brev.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

12, 28-31

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda til mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No liay ningún mandamiento mayor que éstos”.

Palabra del Señor.

284

Tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de se la dio y todos bebieron.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

14, 12-16. 22-26

El primer día de la fiesta de los panes Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?” El les dijo a dos de ellos: “Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: ‘El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?’ El les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena”. Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen: esto es mi cuerpo”. Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vine nuevo en el Reino de Dios”.

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olive

Palabra del Señor.

285

Tengo el alma llena de una tristeza mortal.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

14, 32-41

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: “Siéntense aquí mientras hago oración”. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan; empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: “Tengo el alma llena de una tristeza mortal. Quédense aquí, velando”. Se adelantó un poco, se postró en tierra y pedía que, si era posible, se alejara de él aquella hora. Decía: “Padre, tú lo puedes todo: aparta de mí este cáliz. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”.

Volvió a donde estaban los discípulos, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: “Simón, ¿estás dormido? ¿No has podido velar ni una hora? Velen y oren, para que no caigan en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil”. De nuevo se retiró y se puso a orar, repitiendo las mismas palabras. Volvió y otra vez los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño; por eso no sabían qué contestarle. El les dijo: “Ya pueden dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores”.

Palabra del Señor.

286

Todos lo declararon reo de muerte.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

14, 55-65

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban una acusación contra Jesús para condenarlo a muerte y no la encontraban. Pues, aunque muchos presentaban falsas acusaciones contra él, los testimonios no concordaban. Hubo unos que se pusieron de pie y dijeron: “Nosotros lo hemos oído decir: ‘Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro, no edificado por hombres’ Pero ni aun en esto concordaba su testimonio.

Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y le preguntó a Jesús: “¿No tienes nada que responder a todas esas acusaciones?” Pero él no le respondió nada. El sumo sacerdote le volvió a preguntar: “¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?” Jesús contestó: “Sí lo soy. Y un día verán cómo el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y cómo viene entre las nubes del cielo”. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras exclamando: “¿Qué falta hacen ya más testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?” Y todos lo declararon reo de muerte.

Algunos se pusieron a escupirle y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: “Adivina quién fue”. Y los criados también le daban de bofetadas.

Palabra del Señor.

287

¿Qué quieren que haga con el rey de los judíos? —¡Crucifícalo.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

15, 1-15

Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Este le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” El respondió: “Sí lo soy”. Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: “¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan”. Jesús ya no le constestó nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo: “¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?” Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: “¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?” Ellos gritaron: “¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “Pues ¿qué mal ha hecho?” Ellos gritaron más fuerte: “¡Crucifícalo!” Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Palabra del Señor.

288

Lo vistieron con un manto color púrpura y le pusieron una corona ele espinas.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

15,16-20

En aquel tiempo, los soldados llevaron a Jesús al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: “¡Viva el rey de los judíos!” Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Palabra del Señor.

289

Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

15, 33-46

Afi llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: “Eloí, Eloí, ¿ lemá sabactaní?” (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Miren, está llamando a Elias”. Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: “Vamos a ver si viene Elias a bajarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: “De veras este hombre era Hijo de Dios”.

Había también ahí unas mujeres que estaban mirando todo desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María (la madre de Santiago el menor y de José) y Salomé, que cuando Jesús estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y además de ellas, otras muchas que habían venido con él a Jerusalén.

Al anochecer, como era el día de la preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro distinguido del sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios. Se presentó con valor ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto, y llamando al oficial, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el oficial, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cadáver, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro excavado en una roca y tapó con una piedra la entrada del sepulcro.

Palabra del Señor.

290

Dios mío] Dios mío, ¿por qué me has abandonado? - Buscan a Jesús de zaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

15, 33-39; 16, 1-6

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: “Eloí, Eloí, i lemá sabactaní?” (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Miren, está llamando a Elias”. Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: “Vamos a ver si viene Elias a bajarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: “De veras este hombre era Hijo de Dios”.

Transcurrido el sábado, María Magdalena, María (la madre de Santiago) y Salomé, compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús. Muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, se dirigieron al sepulcro. Por el camino se decían unas a otras: “¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?” Al llegar, vieron que la piedra ya estaba quitada, a pesar de ser muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven, vestido con una túnica blanca, sentado en el lado derecho, y se llenaron de miedo. Pero él les dijo: “No se espanten. Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado. Miren el sitio donde lo habían puesto”.

Palabra del Señor.

O bien: Forma breve.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

15, 33-39

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: “Eloí, Eloí, ¿ lemá sabactaní?” (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Miren, está llamando a Elias”. Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: “Vamos a ver si viene Elias a bajarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: “De veras este hombre era Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.

291

Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

Palabra del Señor.

292

El que crea y se bautice se salvará.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

16, 15-16. 19-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

Palabra del Señor.

293

Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

16, 15-18

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

Palabra del Señor.

294

Tu mujer te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

1, 5-17

Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.

Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar-ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.

Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elias, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”.

Palabra del Señor.

295

Vas a concebir y a dar a luz un hijo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.

296

¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

1, 39-56

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura sajtp en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte dél Señor”.

Entonces dijo María:

“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.

A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia,
para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor.

297

Mi alma glorifica al Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

1, 39-55

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:

“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.

A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia,
para siempre”.

Palabra del Señor.

298

Dichosa tú, porque has creído.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

1, 39-47

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor vejiga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:
“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador”.

Palabra del Señor.

299

Juan es su nombre.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se-llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. El pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

Palabra del Señor.