Bendición
Corona de Adviento y Velas

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1 - Bendición de la Corona de Adviento

Sacerdote:

Al comenzar este nuevo Año Litúrgico, vamos a bendecir, como comunidad cristiana, esta CORONA con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la LUZ DEL MUNDO. Su color verde significa la vida, nuestra vida de la gracia, y la esperanza de ser mejores y unirnos más como comunidad.

Lector:

Por eso, al ir encendiendo, domingo tras domingo, los cirios de la corona, debemos significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de navidad: Jesucristo, nuestro señor, que viene para salvarnos.

Sacerdote:

Démosle gracias a Dios por esta CORONA, pero especialmente porque nos permite estar reunidos, como comunidad, para darle gracias y bendecirlo.

Lector:

Te damos gracias, señor, porque siempre estás con nosotros en el camino de la vida y porque nos ayudas a bendecirte y a tenerte presente cada día. te damos gracias por nuestra convivencia comunitaria y por esta corona de adviento que hoy queremos bendecir, o sea, que queremos ponerla en tu nombre para que sea el centro de nuestra oración y reflexión comunitaria.

Sacerdote:

Escucha, pues, padre bueno, nuestras súplicas: bendice (+) esta corona de adviento, y al bendecirla, bendícenos también a nosotros como comunidad, danos tu paz, tu amor y tu unidad. ayúdanos a vencer las tentaciones. no nos dejes caer en el pecado que nos aparta de ti. antes bien, ayúdanos a preparar la venida de tu hijo Jesucristo, luz del mundo, para que ilumine toda nuestra vida y nos guíe por el camino de la verdad y del bien, el que vive y reina contigo, en la unidad del espíritu santo, por los siglos de los siglos. amén.

(Se rocía la corona con agua bendita... y se enciende la primera vela...).

2 – Bendición de la vela

Primer domingo de adviento (1era vela)

Oración:

Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primera semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

Segundo domingo de adviento (2da vela)

Oración:

Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne…

Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

Tercer domingo de adviento (3era vela)

Oración:

En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

Cuarto domingo de adviento (4ta vela)

Oración:

La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe.
Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.





Otro Formulario

Bendición de la Corona y Velas

La "Corona de Adviento", que se ha instalado en la iglesia, se puede bendecir al comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del Acto penitencial.

Monición introductoria

Hermanos: Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y nos ha dado la verdadera vida.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona deben significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas o si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.

La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo
ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación
para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/ Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana de Adviento.

I DOMINGO DE ADVIENTO

V/ Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/ Que hizo el cielo y la tierra.

Monición:

Ahora Hermanos, encendemos la primera vela de esta corona de Adviento, unidos en una misma esperanza, pidamos al Señor que su salvación llegue a nosotros y al mundo entero.

Oremos:

La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
hemos preparado esta corona con ramos del bosque
y la hemos adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación
para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor,
que mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que,
por ser la luz del mundo, iluminará nuestras oscuridades.
El que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

II DOMINGO DE ADVIENTO

V/ Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/ Que hizo el cielo y la tierra.

Monición:

Ahora Hermanos, encendemos la segunda vela de esta corona de Adviento, unidos en una misma esperanza, pidamos al Señor que su salvación llegue a nosotros y al
mundo entero.

Oremos:

¡Ven Señor Jesús! ¡Ven pronto a salvarnos!
Para los que viven en tribulación...
Para los que no tienen esperanzas...
Para los que se quedaron sin aliento...
¡Ven Señor Jesús! ¡Ven pronto a salvarnos!

III DOMINGO DE ADVIENTO

V/ Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/ Que hizo el cielo y la tierra.

Monición:

Este es el tiempo propicio para anunciar la liberación de los pueblos y de los hombres, por eso al encender la tercera vela de esta corona de Adviento, anunciemos con ella la Buena Noticia: el Señor viene a salvarnos, ya es hora de abandonar el miedo, ya es hora de decir sí a Dios.

Oremos:

¡Ven pronto Señor que te esperamos!
Para aliviar el sufrimiento de los que tienen el corazón destrozado...
Para aliviar el hambre de los hambrientos de pan, de amor y de Dios...
Para aliviar el cansancio de los que no encuentran sentido a la vida...
¡Ven pronto Señor que te esperamos!

IV DOMINGO DE ADVIENTO

V/ Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/ Que hizo el cielo y la tierra.

Monición:

En este cuarto domingo de Adviento, encendemos la última vela de la corona. Pensamos en Santa Maria Virgen, ella como nadie esperó al Salvador.

Oremos:

Señor te sembraste en ella y en sus brazos encontraste la cuna más hermosa,
también nosotros queremos prepararnos para recibirte.
El Señor esta cerca, escuchamos su mensaje:
¡No temas! Yo tengo la alegría que buscas.
¡No temas! Yo vengo en tu ayuda.
¡No temas! Yo soy tu Dios.

La tierra se alegra en estos días,
y tu Iglesia se llena de alegría ante tu Hijo, el Señor,
que se acerca como luz esplendorosa,
para iluminar a los que estamos en la oscuridad
de la ignorancia, el dolor y el pecado.

Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor, que mientras crece cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que,
por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

I domingo Adviento 29/11/2020

I DOMINGO DE ADVIENTO Año B

1. MONICIONES

Monición de ENTRADA

Hoy nos toca celebrar dos eventos importantes: el inicio del nuevo año litúrgico y el comienzo de la preparación para la llegada del Señor. Como cristianos, tenemos la oportunidad de fijarnos unos objetivos encaminados a la conversión y la salvación, utilizando la fe, el amor y la oración, para ganar la vida eterna.

Por otro lado en el adviento nos preparamos para el encuentro con nuestro Señor en actitud vigilante y reconociendo las faltas que nos separan de la gracia de Dios. De pie para recibir al celebrante con mucha alegría.

Monición PRIMERA Lectura

El profeta Isaías nos presenta a un pueblo, Israel, que reconoce sus pecados y asume su culpa por haber fallado a la promesa que hizo con Dios. Con mucha fuerza oran por la misericordia divina, para que el Señor vuelva a ellos y puedan nuevamente gozar de la gracia divina que les prometió a su regreso al final de los tiempos. Escuchemos con mucha atención.

Monición SEGUNDA Lectura

San Pablo nos saluda hoy de una manera muy particular. Desea que la paz y la gracia del Padre y el Hijo estén con nosotros. Esto sería suficiente para gozar de un hermoso día, pero el apóstol, llega más lejos y nos exhorta a dar testimonio de Cristo para mantenernos firme en la espera de su llegada. La invitación es para todos y Dios cumple su Palabra. Escuchemos

Monición EVANGELIO

San Marcos, el evangelista de este nuevo año litúrgico, nos presenta la exhortación de Jesús a sus discípulos a mantenerse vigilantes porque no sabemos el día ni la hora de su regreso. Pero esta vigilancia no puede ser pasiva, nos requiere estar a la expectativa, en actitud de oración y trabajo incesante anunciando el reino de Dios. Que el mensaje de este evangelio te estimule a asumir una actitud de vigilancia para lograr la salvación. De pie para la aclamación al Evangelio.

2. MISA

Antífona de entrada

Sal 24, 1-3

A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza. Que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí mis enemigos. Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a Él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

Ojalá, Señor, rasgaras los cielos y bajaras.

Lectura del libro del profeta Isaías

63, 16-17. 19; 64, 2-7

Tú, Señor, eres nuestro padre y nuestro redentor; ése es tu nombre desde siempre. ¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus que son tu heredad. Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.

Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia. Jamás se oyó decir, ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti, hiciera tales cosas en favor de los que esperan en él. Tú sales al encuentro del que practica alegremente la justicia y no pierde de vista tus mandamientos.

Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes. Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso; todos estábamos marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento. Nadie invocaba tu nombre, nadie se levantaba para refugiarse en ti, porque nos ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas.

Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero; todos somos hechura de tus manos.

Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 79

R/. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Escúchanos, pastor de Israel;
tú, que estás rodeado de querubines,
manifiéstate, despierta tu poder
y ven a salvarnos. R/.

Señor, Dios de los ejércitos,
vuelve tus ojos, mira tú viña y visítala;
protege la cepa plantada por tu mano,
el renuevo que tú mismo cultivaste. R/.

Que tu diestra defienda al que elegiste,
al hombre que has fortalecido.
Ya no nos alejaremos de ti;
consérvanos la vida
y alabaremos tu poder. R/.

SEGUNDA LECTURA

Esperamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

1, 3-9

Hermanos: Les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.

Continuamente agradezco a mi Dios los dones divinos que les ha concedido a ustedes por medio de Cristo Jesús, ya que por él los ha enriquecido con abundancia en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento; porque el testimonio que damos de Cristo ha sido confirmado en ustedes a tal grado, que no carecen de ningún don, ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento. Dios es quien los ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.

Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Sal 84, 8

R/. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
R/. Aleluya.

EVANGELIO

Velen, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

13, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”.

Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo

ORACIÓN DE LOS FIELES

Cel.: Elevamos nuestras oraciones al Señor, que por medio de Jesucristo nos llama a participar de la vida, y le decimos:

R/. AYÚDANOS A ESTAR VIGILANTES

1.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, los diáconos, para que nos ayuden a despertar a los grandes valores de la vida, que vamos dejando en el camino por falta de compromiso. OREMOS

2.- Para que no seamos máquinas en nuestro trabajo, sino que tratemos de engrandecerlo y ofrecerlo a los demás. OREMOS

3.- Por todos los que viven dormidos sin ver su realidad personal, para que tomen conciencia de que un día tendrán que responder de ella. OREMOS

4.- Por los que no tienen los bienes necesarios, tanto económicos, morales y espirituales; para que encuentren personas vigilantes que se den cuenta de su situación y les ayuden a resolverla. OREMOS

5.- Por las familias que se encuentran ancladas en el consumismo, la pereza, la inercia, dejándose arrastrar por lo que no sacia. OREMOS

6.- Por todas las regiones del mundo que han perdido la esperanza, ante tanta guerra, y tanto odio; para que encuentren a Dios y a los hermanos que les ayuden a liberarse de la opresión de la violencia. OREMOS

7.- Por los que estamos aquí reunidos, para que creamos de verdad que no hay nadie que haga más por nosotros que el Señor. OREMOS

Cel.: Sabemos que Tú, Dios Padre, eres la fuerza que viene a salvarnos, por eso te pedimos que escuches nuestras oraciones.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro, acepta los dones que recibimos de ti y ahora te presentamos; que esta ofrenda realizada en el tiempo presente, sea para nosotros anticipo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I

Las dos venidas de Cristo

V. El Señor esté con ustedes

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro.

Él vino por primera vez
en la humildad de nuestra carne,
para realizar el plan de redención
trazado desde antiguo,
y nos abrió el camino de la salvación;
para que, cuando venga por segunda vez
en el esplendor de su grandeza,
podamos recibir los bienes prometidos
que ahora aguardamos en vigilante espera.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles,
y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión

Sal 84, 13

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que fructifique en nosotros la celebración de los santos misterios con los que tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos, mientras peregrinamos en medio de las realidades transitorias de esta vida. Por Jesucristo, Nuestro Señor.

Puede impartirse la bendición solemne.