26 de noviembre de 2017 - Cristo Rey


XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario
Jesucristo, Rey del Universo
26 de noviembre de 2017


MONICIÓN DE ENTRADA
Reciban nuestra más cordial bienvenida Eucaristía de hoy, que es la última del Tiempo Ordinario. Con ella se termina, también, el año litúrgico, dentro del Ciclo A, para dar paso al Adviento y al inicio del Ciclo B, cuyo primer domingo celebraremos el próximo, día 3 de diciembre. Hoy conmemora la Iglesia la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Este Rey que festejamos no es, para nada, lo que suelen ser los reyes y líderes en nuestro mundo… Es un rey sencillo y pacífico Y por ello –sin duda— resulta extraño para nosotros escuchar el mensaje de un rey que no admite que le rindan honores, y que pretende que sus seguidores le imiten en humildad y servicio a los hermanos, sobre todo a los más desfavorecidos, esos hermanos que enferman y pasan hambre. Rey sencillo y amoroso, que nos pide que olvidemos el brillo del prestigio o el poder del dinero.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA: Cuando leemos hoy, tanto la Profecía de Ezequiel –nuestra primera lectura— como el Evangelio, enseguida nos viene a la cabeza el juicio final, sin embargo lo que quieren advertirnos es que el "gran día" es hoy. Que el momento en que tenemos que afrontar nuestra responsabilidad es ahora. Hemos de prepararnos para el tiempo nuevo y por eso es oportuno meditar sobre todo lo que hemos hecho en el tiempo viejo.

SEGUNDA LECTURA: San Pablo, en la primera carta a los fieles de Corinto, “profetiza” con el final de los tiempos, pero en el plano de la relación inefable entre el Padre y el Hijo. Además nos dice que el último enemigo de Cristo es la muerte y que esta también será derrotada. Cristo, el nuevo Adán, nos llevará a todos a la felicidad eterna.

EVANGELIO: El evangelio de San Mateo de hoy es de una solemnidad y gravedad excepcionales. Jesús nos va a juzgar nuestro amor, que dirigido a los hermanos es como hacérselo a Él. Pero Jesús, más que querer llevarnos al final de los tiempos, nos instala en el presente para que tomemos una decisión. Cristo viene a dar sentido a las acciones de los hombres. No viene a destruir sino a recuperar lo positivo, a dar valor a lo que realizamos. Todo lo que hagamos, hasta los gestos más triviales, se convierten en opción decisiva, en historia de salvación o de condenación. Por tanto lo esencial no es lo que veamos en los demás, sino lo que hemos hecho por ellos.

LECTURAS
Del libro del profeta Ezequiel: 34, 11-12. 15-17
Esto dice el Señor Dios: "Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y oscuridad.
Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré con justicia.
En cuanto a ti, rebaño mío, he aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos".
Palabra de Dios

Salmo Responsorial
Salmo 22
R./  EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTARÁ.

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas. R/.

Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañarán todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término. R/.


De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 15, 20-26. 28
Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.
En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.
Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte. Al final, cuando todo se le haya sometido, Cristo mismo se someterá al Padre, y así Dios será todo en todas las cosas.
Palabra de Dios


Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!
R/. Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo: 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme'. Los justos le contestarán entonces: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?'. Y el rey les dirá: 'Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron'.
Entonces dirá también a los de la izquierda: 'Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron'. Entonces ellos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?'. Y él les replicará: 'Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo'. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna".
Palabra del Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Elevemos al Padre nuestra plegaria por intercesión de su Hijo Rey de la creación y Salvador nuestro diciendo:

VENGA A NOSOTROS TU REINO, SEÑOR

  • Por el Papa Francisco, para que el Señor le sostenga en su predicación, le ilumine en sus decisiones y le acompañe en todas sus acciones. OREMOS
  • Por todos los pueblos del mundo para que reconociendo a Cristo como Rey sigan su enseñanza de amor misericordioso para con el prójimo. OREMOS
  • Por todos los que sufren, los que pasan hambre o sed, son forasteros, están enfermos o privados de libertad, para que encuentren almas misericordiosas que los atiendan como Cristo nos pide. OREMOS
  • Por todos los que trabajan en el Reino de Dios, para que el Señor les de fuerza para continuar su labor misericordiosa hasta el fin de los tiempos. OREMOS
  • Por las familias, para que sean verdaderos focos de Amor y esperanza para el mundo que los necesita. OREMOS
  • Por nosotros para que perseverando en la Eucaristía tengamos la fuerza necesaria para cumplir la voluntad del Padre. OREMOS

Celebrante: Padre, atiende con generosidad estas necesidades que te presentamos y todas aquellas que tú bien sabes anhelamos. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

¡ TÚ, SEÑOR, ERES… EL CENTRO!

En el centro de la rueda, Tú Señor, eres el eje
En el centro de la historia, Tú Señor, eres la página central
En el centro de la humanidad, Tú Señor, eres el corazón
En el centro de la Iglesia, Tú Señor, eres su cabeza
En el centro de la vida cristiana, Tú Señor, eres su motor
En el centro de la caridad, Tú Señor, eres su empuje
En el centro del amor, Tú Señor, eres la razón para regalarlo
Amén.