13 de agosto de 2017 - Domingo XIX del Tiempo Ordinario


Domingo XIX del Tiempo Ordinario
13 de agosto de 2017



MONICIÓN DE ENTRADA
Sean todos bienvenidos a la Eucaristía. La liturgia de hoy nos va a mostrar el continuo llamamiento de Dios a todos nosotros. Y ante ello no debemos tener miedo. Dios llama con un susurro, no con rayos y centellas. Jesús camina suavemente sobre las aguas… Pero, Pedro tuvo miedo. La confianza en el Señor nos ayudará en nuestra vida y en el apoyo a los hermanos. Hoy esta Eucaristía se nos presenta como un apoyo total de Dios a sus hijos, aunque estén alejados y en dificultades. Iniciemos, pues, nuestra celebración con la alegría que nos produce el conocimiento de que somos hijos de Dios…

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA: Elías espera a Dios y este se le presenta como un susurro, sin prueba alguna de su poder. Es el gran secreto de Dios que nos narró Jesucristo que se acerca como Padre bueno a sus criaturas. Ese es el relato del Libro Primero de los Reyes, en la primera lectura.

SEGUNDA LECTURA: En la segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Romanos, describe el apóstol de los gentiles, el misterio inquietante de la infidelidad de los judíos a Jesús. Nada, ni nadie, parece que pudo evitarlo. Pero subyace en el relato de Pablo un mensaje de esperanza para el pueblo del que nació Jesús de Nazaret.

EVANGELIO: La barca de Pedro es la Iglesia. Los miedos de Pedro son las tribulaciones lógicas de esa Iglesia de Cristo. Pero, tras la tempestad llega la calma y tras el momento duro en que Pedro parece que se hunde en las aguas llega la calma de la mano del Señor Jesús. El Evangelio de Mateo nos narra este hecho Escuchemos con atención.

LECTURAS
Del primer libro de los Reyes: 19, 9. 11-13
Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: "Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar".
Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 84, 9ab-10. 11-12.13-14

R./  MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA.

Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra. R/.

La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron;
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo. R/.

Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas. R/.


De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 9, 1-5
Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.
Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios


Aleluya, aleluya.
Confío en el Señor,
mi alma espera y confía en su palabra.
R/. Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo: 14, 22-33
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".
Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".
Palabra del Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Oremos con profunda fe a nuestro Dios, que está siempre presente en su pueblo. Él nos dirige su palabra con tono de paz. Digámosle repetidamente:

R/ Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.
  • Señor, tú no estás en el rayo y en el trueno de la ira y la venganza. Escucha el grito de tu Iglesia, dondequiera que esté perseguida y privada de libertad. OREMOS
  • Señor, tú no estás en el tornado de los que infligen daño a sus opositores; cambia sus corazones y sé compasivo con ellos y con sus víctimas. OREMOS
  • Señor, tú no estás en el terremoto de los que siembran temor y provocan guerras. Da paz y justicia a sus víctimas y también a los que les hieren. OREMOS
  • Señor, tú no estás en el fuego de los que juzgan y condenan a sus hermanos. Muestra tu amabilidad a sus víctimas, y convierte los corazones de los que hieren a otros. OREMOS
  • Señor, tú estás en la suave y agradable brisa de la gente que trata de servirte bien, y que lleva alegría a sus familias y comunidades. Permanece muy cercano a ellos y dales fortaleza. OREMOS
Celebrante: Padre, ponemos nuestra esperanza en ti, nos fiamos de tu palabra. Quédate siempre con nosotros, y que tu Hijo Jesús sea nuestro compañero en la vida, ahora y por los siglos de los siglos.
Amén


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

¡TENGO MIEDO, SEÑOR!
De que, en las dificultades,
no respondas como yo quisiera
Que, en las tormentas,
no me rescates a tiempo
Que, en la lluvia torrencial,
no acudas en mi socorro.
Por eso, porque tengo miedo, Señor,
mírame de frente, de costado y de lado
para que, en mis temores,
Tú seas el Señor
El Señor que venga en mi rescate.
Amén.