Domingo XVIII del Tiempo Ordinario
La Transfiguración del Señor
6 de agosto de 2017


MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos a esta primera Eucaristía de agosto. La riqueza de la Palabra de Dios vuelve a sacudirnos este domingo como lo hizo con los Apóstoles que subieron al Monte Tabor. La fiesta de la Transfiguración es como una pausa dentro de la serie del Tiempo Ordinario. Y su coincidencia con el domingo da mayor brillantez a una fiesta que comenzó a celebrar la Iglesia nada menos que en el Siglo VI, cuando se hizo la dedicación de la primera basílica erigida en ese monte de Palestina. Participemos con toda nuestra alegría en la manifestación de la Gloria de Dios en el Señor Jesús. Hoy, la Transfiguración debe producirnos el mismo efecto que saborearon Pedro, Santiago y Juan: un convencimiento fehaciente de la divinidad de Jesús.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA: La primera lectura sacada de la Profecía de Daniel ya describe la gloria visible de Dios. Es un anticipo literario --y de estilo-- del Libro del Apocalipsis. Y produce sensación de cercanía con lo trascendente de Dios, con la grandeza del Señor.

SEGUNDA LECTURA: El San Pedro que escribía su Segunda Carta era ya mucho mayor que aquel que nos presenta el Evangelio de la Transfiguración. Y en la Carta él quiso dar testimonio claro de aquel extraordinario hecho. A Pedro dicho episodio le sirvió para saber sin dudas que Jesús era Dios. A nosotros nos tiene que llevar al mismo lugar.

EVANGELIO: El Evangelio de San Marcos narra con brevedad y precisión la escena del Monte Tabor y la alegría indescriptible de Pedro por la Transfiguración. Quería quedar allí para siempre. Hemos escuchado ya su reflexión madura de aquel suceso tal como nos ha narrado su Carta. Nunca pudo olvidar la visión de un momento de la Gloria de Dios. Y eso es lo que pretendía Jesús con todos sus discípulos. Especialmente con Pedro, Santiago y Juan que le acompañaban.

LECTURAS
Del libro del profeta Daniel: 7, 9-10. 13-14
Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: Vi que colocaban unos tronos y un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve, y sus cabellos, blancos como lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas encendidas. Un río de fuego brotaba delante de él. Miles y miles lo servían, millones y millones estaban a sus órdenes. Comenzó el juicio y se abrieron los libros.
Yo seguí contemplando en mi visión nocturna y vi a alguien semejante aun hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido.
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 96,1-2. 5-6. 9
R./  REINA EL SEÑOR, ALÉGRESE LA TIERRA.

Reina el Señor, alégrese la tierra;
cante de regocijo el mundo entero.
Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor
que se asienta en la justicia y el derecho. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el Señor de toda la tierra.
Los cielos pregonan su justicia,
su inmensa gloria ven todos los pueblos. R/.

Tú, Señor altísimo,
estás muy por encima de la tierra
y mucho más en alto
que los dioses. R/.


De la segunda carta del apóstol san Pedro: 1, 16-19
Hermanos: Cuando les anunciamos la venida gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos en toda su grandeza. En efecto, Dios lo llenó de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resonó sobre él, diciendo: "Éste es mi Hijo amado, en quien yo me complazco". Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo, mientras estábamos con el Señor en el monte santo.
Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que con toda razón ustedes consideran como una lámpara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana amanezca en los corazones de ustedes.
Palabra de Dios


Aleluya, aleluya.
Éste es mi Hijo muy amado, dice el Señor,
en quien tengo puestas todas mis complacencias; escúchenlo.
R/. Aleluya.

† Del santo Evangelio según san Mateo: 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: "Levántense y no teman".
Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos".
Palabra del Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Por medio de Jesucristo transfigurado, elevamos al Padre nuestra oración pidiendo por las necesidades de Iglesia y de los hombres diciendo:

SEÑOR, TRANSFORMA NUESTRA VIDA.

  • Por el Papa, los obispos y sacerdotes para que siguiendo el ejemplo de Jesús sepan mostrar la Gloria de Dios a todos los hombres. OREMOS
  • Por todos los pueblos de la tierra, para que la luz de Cristo trasfigurado, guíe sus corazones y acompañe sus pasos. OREMOS
  • Por todos aquellos que pasan necesidad o sufren alguna enfermedad o contratiempo, para que, mirando a Cristo, superen sus problemas y su vida quede trasformada. OREMOS
  • Por todos aquellos que viven lejos de Dios, para que, experimentando a dicha de la Gloria de Cristo, se acerquen al seno de la Iglesia. OREMOS
  • Por todas las familias cristianas, para que, vivan en torno a la luz de Cristo, y ésta les ilumine en su devenir diario. OREMOS
  • Por todos los que hoy hemos contemplado la Gloria de Cristo, en el monte Tabor, para que seamos fieles trasmisores de la verdad revelada. OREMOS

Celebrante: Padre, haz que, los que hoy hemos contemplado la Transfiguración de tu Hijo, seamos capaces de comprender el Amor que Él nos trajo y los vivamos entre todos. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

LA TRANSFIGURACIÓN
Domingo Ferrari


Era el Señor un amigo en la marcha cotidiana.
Era el Señor un maestro
cuya palabra alumbraba los sucesos del camino. Y en la lucha me alentaba.

Era el Señor fortaleza a la hora del desmayo.
Sufría con mis tristezas, iluminaba mis pasos.
Su presencia era mi fuerza.
Y su amor cálido abrazo.

Y de tanto ser amigos y contar con su presencia
olvidé Su ser divino y el milagro de Su esencia.
Descuidé el culto debido.
Y descuidé la obediencia.

Entonces me llevó al monte de la Transfiguración
Y contemplé, luminoso, la imagen de mi Señor.
Y estaba con Elías su profeta, Moisés su legislador.

Y supe que el compañero de la vida cotidiana
es el Dios solo y eterno
por Quien todo se creara.
El Hijo en quien Dios se hace Prójimo cada mañana.

Y comprendí en aquel monte
que toda Su humanidad
era porque quiso, pobre, entre los pobres andar.
Y ser Él la buena nueva de perdón y santidad.

Y que el culto es ese monte
si sabemos escuchar al leer la profecía,
y la ley, Voz celestial diciéndonos que es el Hijo
quien cumple Su voluntad.

Y si al bajar de ese monte del culto dominical
Su santo poder se esconde
en el diario caminar, le toca a todo creyente
Su encarnación proclamar.
Amén.