23 de abril de 2017 - II Domingo de Pascua

II Domingo de Pascua
23 de abril de 2017

Fiesta de la Divina Misericordia


MONICIÓN DE ENTRADA
Les deseamos, hermanos y hermanas, nuestra más cordial bienvenida a la Eucaristía dominical. En este Segundo Domingo de Pascua, contemplamos la escena del Apóstol Tomás, de incrédulo a gran creyente; quien, además, pronunció una de las más bellas jaculatorias de la realidad cristiana: “Señor Mío y Dios Mío”, al ver a Jesús en el Cenáculo. Y celebramos también hoy la fiesta de la Divina Misericordia instituida hace años por San Juan Pablo II. Queremos vivir este Domingo Segundo Pascua con el recuerdo de la emoción vivida hace una semana en las horas brillantes de la Resurrección de Jesús.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA: En la primera lectura, sacada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, oiremos como lo tenían todo en común y rezaban juntos continuamente. Hay en el espíritu del cristiano actual una nostalgia de esa vida en unión de los primeros cristianos y que hoy, todavía, profesan las ordenes religiosas.

SEGUNDA LECTURA: La primera Carta del Apóstol Pedro, que es nuestra segunda lectura de hoy, guarda un gran parecido con los primeros discursos de San Pedro reflejados en los Hechos de los Apóstoles. Guarda, pues, una muy especial coherencia con los mensajes de los textos litúrgicos de hoy.

EVANGELIO: Se llama a este Domingo, el de Tomás, por la especial escena sobre su fe. Pero además son las apariciones del Señor Jesús en Domingo, lo que produciría la institución del primer día de la semana como Día del Señor, sustituyendo a la veneración por el sábado que profesaba la religión judía. Y como hemos oído en la monición de entrada, nos llega el mensaje de la fe de Tomás y de su arrepentimiento por no creer. Y, así, desde entonces en la cristiandad resuena su “¡Dios mío y Señor Mío!” como una de las oraciones más bellas que podemos recitar en presencia del Señor Jesús Resucitado.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles: 2, 42-47
En los primeros días de la Iglesia, todos los que habían sido bautizados eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén.
Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que habían de salvarse.
Palabra de Dios

Salmo 117
R./  La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna".
Diga la casa de Aarón: "Su misericordia es eterna".
Digan los que temen al Señor: "Su misericordia es eterna". R/.

Querían a empujones derribarme,
pero Dios me ayudó.
El Señor es mi fuerza y mi alegría,
en el Señor está mi salvación R/.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo. R/.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro: 1, 3-9
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo. Porque ustedes tienen fe en Dios, él los protege con su poder, para que alcancen la salvación que les tiene preparada y que él revelará al final de los tiempos.
Por esta razón, alégrense, aun cuando ahora tengan que sufrir un poco por adversidades de todas clases, a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, el día de la manifestación de Cristo. Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro se acrisola por el fuego. A Cristo Jesús no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.
Palabra de Dios


Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto;
dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R/. Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio según san Juan: 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Palabra del Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: La luz de la Resurrección sigue llegando con claridad desde el sepulcro vacío. Nuestra respuesta no se debe hacer esperar. Acojamos la misericordia que Dios ha derramado sobre nosotros y elevemos nuestras oraciones diciendo:

PADRE MISERICORDIOSO, ATIENDE NUESTRA SÚPLICA.

  • Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que no cesen de proclamar a los cuatro vientos la Salvación que nos ha ganado Cristo con su muerte y resurrección. OREMOS
  • Por nuestra nación para que pueda encotrar la paz en la justicia. OREMOS
  • Por todos los que aún no han recibido la noticia de la resurrección de Cristo, o no son conscientes de ello, para que descubran junto a Santo Tomás la luz de la verdad. OREMOS
  • Por los enfermos, los necesitados, los que viven lejos de su patria, para que sientan el calor y la compañía de una mano cercana. OREMOS
  • Por todos los que en esta Pascua se acercarán por primera vez al sacramento de la Eucaristía, para que perseverando en esta acción descubran el sentido trascendental de su vida. OREMOS
  • Por todos nosotros que hemos celebrado la Resurrección de Cristo, para que seamos portadores de esta buena nueva a nuestros hermanos. OREMOS

Celebrante: Padre, haz que la luz de la Resurrección de tu Hijo llegue a todos los hombres del mundo por la acción de tu Iglesia. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

¡POR TU PAZ, SEÑOR!

Porque en Ti confío
Porque en Ti espero
Y, de tu misericordia,
agradezco tus desvelos
Y, de tu misericordia,
espero tus caricias
Y, de tu misericordia,
añoro tu abrazo
Y, de tu misericordia,
deseo la paz verdadera
la paz que Tú sólo das
la paz que, sin Ti,
no la puede alcanzar el mundo
Amén.