3 abril 2016 - II Domingo de Pascua


II Domingo de Pascua
de la Misericordia
3 abril 2016

OTRAS MUCHAS SEÑALES


MONICIÓN DE ENTRADA

Reciban, queridos hermanos y hermanas nuestra más cordial bienvenida a la Eucaristía. Este Segundo Domingo de Pascua es un eco claro del Domingo de Resurrección. Jesús está vivo y se aparece a los discípulos. Jesús está vivo, asimismo, para nosotros. Y Él nos ofrece, de manera real, su Cuerpo y su Sangre en el altar. En ese milagro permanente y repetido siempre el “día primero de la semana” desde hace más de dos mil años. La alegría de la Pascua está entre nosotros y hemos de demostrarlo vivamente, en la fuerza de nuestros cantos, en el amor, cordialidad y solidaridad con nuestros hermanos. Recordamos, finalmente, que hoy, además, en este Domingo Segundo de Pascua, celebramos la fiesta de la Divina Misericordia, instituida por el siempre recordado San Juan Pablo II. La Iglesia universal vive, además, muchas novedades con el Papa Francisco en la Cátedra de Pedro y estamos viviendo con entrega el Año Jubilar de la Misericordia… Y mañana os esperamos en la liturgia de la Anunciación del Señor.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA:  La primera lectura es del Libro de los Hechos de los Apóstoles y nos presenta ya a los discípulos fuertes y convencidos, tras la llegada del Espíritu, en Pentecostés. Pedro y los demás continúan la obra de Jesús, curando enfermos y enseñando paz y amor. Y claro crecía el número de creyentes.

SEGUNDA LECTURA: Comenzamos hoy la lectura del Libro de la Apocalipsis que haremos durante los siguientes domingos. La especial profecía de Juan el evangelista nos habla de la gloria celeste de Jesús el Resucitado. Hay mucha enseñanza en ese libro y hemos de estar atentos para aprovecharla


EVANGELIO: El fragmento del evangelio de Juan, sobre la aparición a los discípulos y la conversión del Apóstol Tomás es el utilizado en los tres ciclos litúrgicos: A, B y C. Y es lógico porque reúne todos los elementos juntos que se dieron en la Resurrección. El evangelio de San Juan, escrito muchos años después que los otros tres evangelios sinópticos, encierra una enorme capacidad descriptiva y una gran hondura

LECTURAS

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles: 5, 12-16

En aquellos días, los apóstoles realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima. El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día, hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas a los enfermos y ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados.

Palabra de Dios

Salmo 117

R./  La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor:
“Su misericordia es eterna”.  R./

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.  R./

Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.  R./

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 1, 9-11. 12-13. 17-19

Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.
Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia”. Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.
Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero Él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: “No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que están sucediendo, como sobre las que sucederán después”.
Palabra de Dios

Aleluya, aleluya.

Tomás, tú crees, porque me has visto.
Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.

R/. Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio según san Juan: 20, 19-31

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”.
Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Palabra del Señor. 


ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Como santo Tomás, nuestra fe débil y necesitada de pruebas, se acerca a Cristo resucitado temblorosa aún. Reconociendo sus manos llagadas y su costado traspasado ponemos en ellas nuestras necesidades pidiendo al Padre que las acoja y nos aumente la fe para seguir el camino que nace de la Pascua. Hoy pedimos:
SEÑOR, LLÉNANOS DE TU MISERICORDIA
  • Por el Papa Francisco para que su pasión por la proclamar la misericordia de Dios llegue al corazón de todos los hombres. OREMOS
  • Por todos los gobernantes del mundo, para que la misericordia de Dios les ilumine en la toma de sus decisiones. OREMOS
  • Por todos los que aún no se han encontrado con el Señor resucitado, para que la luz que emana del sepulcro vacío les haga entender la salvación que Jesús nos trae. OREMOS
  • Por todos los que sufren el dolor en el cuerpo o en el espíritu, para que la misericordia de Dios se haga presente a través del cuidado de los que están más cerca. OREMOS
  • Por las familias, para que sea la misericordia el bálsamo que cure sus heridas y contratiempos del día a día. OREMOS
  • Por todos nosotros que hemos contemplado la Resurrección de Cristo, para que su luz nos ayude a ser luz para los demás. OREMOS
Celebrante: Padre, te pedimos que atiendas nuestras súplicas y mandes tu misericordia a todos los hombres especialmente a aquellos que viven alejados de ti. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.  
Amén

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!

Porque, sé que, los Apóstoles
débiles y santos, con virtudes y defectos,
nos han dejado esta Iglesia que es Madre y sierva
Santa y pecadora, grande y pequeña,
Rica y pobre, pero esplendorosa
por la alegría de tu Pascua Resucitadora

¡ALELUYA, CREO, CON TU IGLESIA, EN TI SEÑOR!
Amén.

AVISOS PARROQUIALES