10 abril 2016 - III Domingo de Pascua


III Domingo de Pascua
10 abril 2016

TÚ SABES QUE TE QUIERO


MONICIÓN DE ENTRADA

Reciban nuestra más cálida bienvenida a la Eucaristía de este III Domingo de Pascua. Y les saludamos con toda la alegría que esta Pascua nos transmite. Jesús ha resucitado y ello es prueba de que el mundo está redimido, aunque a veces no lo parezca. La alegría de la Pascua, la promesa de un futuro de gloria, paz y amor, debe llenar nuestras vidas. Nuestra fe nos dice que es así. Jesús se aparece a sus discípulos en Galilea, le reconocen y Pedro, tras su arrepentimiento, recibe el encargo de afianzar a la Iglesia. Y eso mismo, siguen haciendo sus sucesores. Así el Papa Francisco ha abierto un tiempo de esperanza y humildad. Y ello en estos tiempos de zozobra y de ataques a la Iglesia. Para afianzar es bueno recordar, y contemplar con los ojos del alma, la escena de Jesús y Pedro a la orilla del Mar de Galilea. Qué la celebración de la Pascua nos motive para iniciar la Eucaristía con gozo y alegría entonando el canto de entrada…

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA:  : La primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos hace preguntarnos qué lugar damos al Señor en nuestra vida y si somos capaces de anteponer las exigencias del evangelio a todo lo demás. Así lo hicieron los apóstoles ante las autoridades religiosas, porque siempre hay que obedecer a Dios antes de los hombres.

SEGUNDA LECTURA: Seguimos con la lectura del Libro del Apocalipsis donde se nos dice que: “Digno es Cristo de recibir la sabiduría, el honor, la gloria, el poder y la alabanza”; y eso nos da el conocimiento de que podremos sentir, siempre, a Jesús a nuestro lado.


EVANGELIO: Preparémonos a escuchar el relato del Evangelista Juan sobre la aparición de Jesús Resucitado junto al mar de Tiberíades. Es una escena muy bien narrada, con sentido cinematográfico. Pongámonos junto a los apóstoles en el momento preciso que reconocen a Jesús que les prepara el desayuno en la orilla. Y luego escuchemos la conversación - muy dramática - entre Jesús y Pedro. Ojalá podamos sentirnos como si allí estuviéramos.

LECTURAS

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles: 5, 27-32. 40-41

En aquellos días, el sumo sacerdote reprendió a los apóstoles y les dijo: “Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”.
Pedro y los otros apóstoles replicaron: “Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho Jefe y Salvador, para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen”. Los miembros del sanedrín mandaron azotar a los apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos se retiraron del sanedrín, felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús.

Palabra de Dios

Salmo 29

R./  Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.

Te alabaré, Señor,
pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.  R./

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.  R./

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.  R./

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 5, 11-14

Yo, Juan, tuve una visión, en la cual oí alrededor del trono de los vivientes y los ancianos, la voz de millones y millones de ángeles, que cantaban con voz potente:
“Digno es el Cordero, que fue inmolado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza”. Oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra y en el mar —todo cuanto existe—, que decían: “Al que está sentado en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. Y los cuatro vivientes respondían: “Amén”.
Los veinticuatro ancianos se postraron en tierra y adoraron al que vive por los siglos de los siglos
Palabra de Dios

Aleluya, aleluya.

Resucitó Cristo, que creó todas las cosas
y se compadeció de todos los hombres.

R/. Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio según san Juan: 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada. Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?”. Ellos contestaron: “No”. Entonces Él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados. Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”.
Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros. Tan pronto como saltaron a tierra vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red.
Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.
Palabra del Señor. 


ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Nos ponemos en presencia de Jesús resucitado para pedirle que escuche todas esas necesidades que hacen nuestra vida sombría y pesarosa; para poder salir al mundo, llenos de alegría, a comunicar que la vida tiene sentido.
SEÑOR, AYÚDANOS A RESUCITAR
  • Por la Iglesia, portadora del mensaje de salvación; para que lleve, a toda la comunidad de creyentes, esa fe auténtica que nos haga disipar tanta incertidumbre. OREMOS
  • Por el Papa Francisco y demás pastores de la Iglesia; para que muestren a los hombres que la resurrección no es una utopía, sino la autenticidad de una nueva vida hecha realidad por Jesús. OREMOS
  • Por todos los que están tristes, porque carecen de lo fundamental; para que un hecho tan trascendente como la resurrección devuelva a sus almas la confianza de que para Dios no hay imposibles. OREMOS
  • Por los pueblos, las naciones, por todo el mundo; para que entiendan que solamente en la reconciliación, el perdón y el amor puede llegar la resurrección que tanto necesitamos. OREMOS
  • Por las familias; para que la alegría y la esperanza presidan tantos hogares en los que se ha instalado la desesperanza, el querer tener más, llegar más alto, dominarse unos a otros, haciéndoles vivir una vida insoportable. OREMOS
  • Por todos los que estamos aquí cuyas peticiones calladas Dios conoce; para que seamos fermento de gozo, libertad, salvación, amor... en esta sociedad que huye del compromiso y la exigencia. OREMOS
Celebrante: Señor, concédenos la gracia de la resurrección para que llegue la verdadera alegría y la verdadera confianza a todos nosotros.Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.  
Amén

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Mantendré firme mi amor y fe en Ti
para, luego, ser ardiente antorcha
que irradie luz y paz allá donde me encuentre
Mantendré firme mi esperanza en Ti
para que, el hombre que busca y no encuentra,
sepa que en Ti encontrará siempre una respuesta
¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!
Te amaré hasta el final y, amándote como Tú mereces,
sembraré de fraternidad y de perdón mis caminos
de alegría y de belleza los corazones de los que te anhelan
de regocijo y de seguridad
los rostros cansados de tantos caminos retorcidos
Amén.

AVISOS PARROQUIALES

  • Durante el tiempo de la Pascua abrimos más espacios para el sacramento de la reconciliación.
    en Jesús Nazareno:
    • Los miércoles por la tarde - una hora después de la misa - hasta las 6.30 pm
    • Los jueves por la mañana de 10.00 am a 12.00 am
    en La Purisima:
    • Los martes por la tarde - una hora después de la misa - hasta las 7.30 pm
    • Los viernes por la mañana de 10.00 am a 12.00 am

  • El próximo viernes 15 de abril en La Purísima a las 6.30pm se reúne el Consejo Pastoral Parroquial