6 marzo 2016 IV DOMINGO DE CUARESMA


IV Domingo de Cuaresma
6 marzo 2016

EL MANÁ Y LAS BELLOTAS




MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Vamos a celebrar el Cuarto Domingo de Cuaresma, que la Iglesia siempre ha llamado “laetare” y significa regocijarse. Desde esa alegría, recibid –insistimos—nuestra más jubilosa bienvenida. La muestra de la alegría, del regocijo que vamos a proclamar, aparece el texto de la antífona de entrada y es un golpe de gozo en medio de la cuaresma. Incluso las austeras normas litúrgicas cuaresmales se limitan con el uso de las flores o de la música instrumental. Antes, incluso, el sacerdote portaba una casulla de color rosa. Hoy sigue autorizado pero de usa menos. Se trata de señalar, además, que el domingo será siempre un motivo de alegría porque celebramos la resurrección del Señor. Jesús nos va a narrar, hoy, la bellísima parábola del Hijo Prodigo que también termina con regocijo, con una fiesta. Y es símbolo de la fiesta que hay en cielo cuando un pecador se convierte. Iniciemos hoy, pues, “laetare”, o sea, con la máxima alegría nuestra celebración.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

PRIMERA LECTURA: La primera lectura de hoy, del Libro de Josué nos narra como el pueblo elegido celebrará la Pascua al entrar en la tierra prometida. Ya no tuvieron maná y comieron de los frutos de la tierra. Se iniciaba la etapa histórica de consolidación del pueblo de Dios.

Pablo de Tarso expresa magistralmente en esta segunda lectura, sacada de la Segunda Carta a los fieles de Corinto, la doctrina de la reconciliación con Dios. Y es el Padre amoroso quien por medio de Cristo se reconcilia con su pueblo sin tener en cuenta traiciones y pecados antiguos.

EVANGELIO: Se narra en el Evangelio de Lucas que escuchamos hoy la parábola del hijo pródigo. Unas de las narraciones más maravillosas de los textos evangélicos que narra la bondad del Padre y la alegría enorme de Dios ante la conversión de un hijo alejado, que vuelve.

LECTURAS

Lectura del libro de Josué: 5, 9. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: “Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto”. Los israelitas acamparon en Guilgal, donde celebraron la Pascua, al atardecer del día catorce del mes, en la llanura desértica de Jericó. El día siguiente a la Pascua, comieron del fruto de la tierra, panes ázimos y granos de trigo tostados. A partir de aquel día, cesó el maná. Los israelitas ya no volvieron a tener maná, y desde aquel año comieron de los frutos que producía la tierra de Canaán.
Palabra de Dios

Salmo 102

R./ El Señor es compasivo y misericordioso.


Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo  R/.

Proclamemos la grandeza del Señor
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores.  R/.

Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias. R/.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5, 17-21

Hermanos: El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo. Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a Él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y san-tos.
Palabra de Dios

Honor y gloria a ti, Señor Jesús

Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Honor y gloria a ti, Señor Jesús


† Lectura del santo Evangelio según san Lucas: 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escuchar-lo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: `Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera. Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levan-taré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’. Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’. Pero el padre les dijo a sus criados: ‘ ¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete. El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: `Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar. Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘ ¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’. El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’”.
Palabra del Señor. 
Palabra del Señor


ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Hoy el Padre nos muestra su corazón misericordioso y nos invita a practicar la misericordia, fruto de la redención, así nuestra plegaria hoy es:
SEÑOR, HAZNOS VIVIR EN TU MISERICORDIA.

  • Por el Papa Francisco, para que en este Año de la Misericordia encienda en los corazones de todos los católicos el amor misericordioso y nosotros lo lle-vemos a un mundo necesitado de él. OREMOS
  • Por todos los que rigen las naciones, para que procuren a cada cual lo necesario parar subsistir y lleven a sus gentes a tiempos de paz y prosperidad. OREMOS
  • Por todos aquellos hijos tuyos que viven alejados de Ti y de tu Iglesia, para que en este tiempo de reconciliación y misericordia se acerquen a ti buscando el perdón y obteniendo tu justificación. OREMOS
  • Por todos los que viven angustiados por su situación laboral, personal, de salud o inestabilidad emocional, para que encuentren personas misericordiosas que les muestren el rostro de Dios y superen en Cristo sus dificultades. OREMOS
  • Por los matrimonios que viven en situaciones difíciles, para que volviendo al hogar del Padre encuentren en la realidad del sacramento que les fundamenta la fuerza necesaria para vivir de sus frutos. OREMOS
  • Por las familias cristianas para que sepan afrontar con garantías, desde el Señor, los contratiempos que puedan surgir en sus quehaceres cotidianos. OREMOS
  • Por todos nosotros, que participamos del banquete de Cristo, para que seamos trasmisores de la misericordia del Padre a todos los ambientes donde nos encontremos. OREMOS

Celebrante: Padre, nos acercamos a Ti confesando nuestras culpas, te pedimos que restaures nuestro corazón y nos hagas vivir de acuerdo a tu misericordia.Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
 

Amén


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


QUE VUELVA, SEÑOR

A tu casa, que es donde mejor se vive
A mi casa, que es tu casa, Señor
A tus brazos, que sé me echan en falta
A tus caminos, para que no me pierda
A tu presencia, para que goce
de la fiesta que me tienes preparada

Amén.

AVISOS PARROQUIALES