XXXII (32) Domingo Ordinario B

XXXII (32º) Domingo Ordinario B
8 noviembre 2015

El óbolo de la viuda


MONICIÓN DE ENTRADA

Reciban nuestra más fraternal bienvenida a la Eucaristía del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario. Hoy el Señor Jesús habla de generosidad extrema: una viuda pobre que echa todo lo que tiene en el cepillo del templo. Son pocos los que dan todo lo que tienen. Y aunque, sin embargo, la dura crisis que vivimos ha creado mayor generosidad entre la gente, muy pocos llegan a ese nivel de entregar todo. Las enormes dificultades que sufren los hermanos que tenemos más cerca, han creado una mayor conciencia solidaria entre nosotros.  Ojalá los cristianos hayamos comprendido –y de una vez por todas– que nuestro egoísmo es una verdadera traición a Jesús y a su Palabra. Aprendamos, no obstante, de la viuda del templo -y de la madre de Sarepta- que el deseo de ayudar a los demás debe derribar todas las barreras del egoísmo. Es lo que el Señor nos pide hoy.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1. En el libro de los Reyes –que es nuestra primera lectura de hoy—se narra la historia del profeta Elías y la viuda pobre y que apenas tenía alimento para ella y para su hijo. Pero confió en el hombre de Dios y su alcuza se convirtió en milagrosa. De ella salía toda la harina y todo el aceite necesarios para hacer pan para siempre. Lo poco que tenía se lo dio al profeta y tuvo su premio.

2. Se continúa, en la segunda lectura, la proclamación de los textos de la Carta a los Hebreos, en la que se hace un extraordinario canto a la condición de Cristo como Sumo sacerdote, como víctima única y como altar divino para el perdón de los pecados. Es nuestro salvador y nuestro intercesor ante Dios Padre.

E. El Evangelio de Marcos de hoy nos narra la historia maravillosa de la limosna de la viuda pobre. Y este relato enlaza con el de Elías de la primera lectura. Son los pobres más generosos que los ricos, dan todo lo que tienen y luego reciben el gran premio de Dios: el reconocimiento expreso de esa generosidad desde la óptica perfecta de Dios.

LECTURAS

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 10-16

En aquellos días, Elías se puso en camino hacia Sarepta, y al llegar a la puerta de la ciudad encontró allí una viuda que recogía leña.
La llamó y le dijo: Por favor. Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba. Mientras iba a buscarla le grito: Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan. Respondió ella: Te juro, por el Señor tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en cán-taro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos los come-remos y luego moriremos. Respondió Elías: No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor. Dios de Israel: La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra. Ella se fue, hizo lo que había dichos Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías. Palabra de Dios

SALMO 145

R./ Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona para los hambrientos
y libera al cautivo. R/.

Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma el forastero a su cuidado. R/.

A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente, reina tu Dios,
oh Sión, reina por los siglos. R/.


Lectura de la Carta a los Hebreos 9,24-28

Hermanos: Cristo no entró en el santuario de la antigua alianza, construido por mano de hombres y que sólo era figura del verdadero, sino en el-cielo mismo, para estar ahora en la presencia de Dios, intercediendo por noso-tros. En la antigua alianza, el sumo sacerdote entraba cada año en el san-tuario para ofrecer una sangre que no era la suya; pero Cristo no tuvo que ofrecerse una y otra vez a sí mismo en sacrificio, porque en tal caso ha-bría tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. De hecho, él se manifestó una sola vez, en el momento culminante de la his-toria, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.
Así como está determinado que los hombres mueran una sola vez y que después de la muerte venga el juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por se-gunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para salvación de aque-llos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza. Palabra de Dios

Aleluya Aleluya.

Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Aleluya.


†Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas hacien-do ostentación de largos rezos. Estos recibirán un castigo muy riguroso».
En una ocasión, Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, 
mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos monedas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos Jesús les dijo: 
«Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir». Palabra del Señor  

ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Padre nos propones, a través de tu Iglesia, los ejemplos de aquellas dos viudas que dan todo lo que tienen, y que son ejemplo para nuestra débil fe incapaz de responder generosamente a tu mensaje. Por eso te pedimos: Auméntanos la fe, señor.

  • Por el Papa Francisco: para que guiado por una fe inquebrantable lleve a la Iglesia de nuestro tiempo a la Luz y la Verdad que nos viene de Dios. OREMOS
  • Por los gobernantes y dirigentes de nuestra nación: para que atiendan preferentemente a aquellos más desfavorecidos. OREMOS
  • Por los que se sienten solos, abatidos, tristes, abandonados: para que les llegue pronto el amor por medio de su prójimo. OREMOS
  • Por los que están enfermos, por sus familiares y cuidadores: para que, como dice el Salmo, se sientan sostenidos por el Señor. OREMOS
  • Por los ancianos: para que nunca carezcan de lo mínimo para vivir, tanto material como afectivo. OREMOS
  • Por todos los que participamos de esta eucaristía: para que el Señor nos fortalezca y sepamos dar hasta lo necesario. OREMOS

Celebrante: Padre, atiende estas peticiones y alcánzanos la fe 
para comprender tu mensaje. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

COMO LA VIUDA, SEÑOR
Caminaré sin arrogancia
ni seguridad en mí mismo
Caminaré sin miedo a encontrarte
Caminaré dispuesto a facilitarte
lo que más necesites.

Como a la viuda, señor.
Mírame y condúceme,
hazme desprendido y sencillo.
Dame la valentía de darte
lo que más me cueste.
Inspírame el gesto y la palabra oportuna
y, si quieres, Señor,
arranca de mí incluso aquello que,
por comodidad o egoísmo,
busco y amarro para poder vivir.
Amén.

AVISOS PARROQUIALES

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